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Carta de Wisconsin

El arte de caminar: en el núcleo del desarrollo de las culturas humanas

Rebecca Solnit conecta el declive del paseo en Estados Unidos a la falta de espacio y tiempo meditativo en el que poder hacerlo

Cultura - Libros

Una de las cosas que más suelen llamar la atención a quienes visitan Estados Unidos es la imponente arquitectura de las grandes ciudades del país norteamericano. Desde los rascacielos de ciudades como Nueva York o Chicago hasta los larguísimos puentes que conectan kilómetros, barrios y ciudades sobre el agua como el Golden Gate o el Puente de Brooklyn, el diseño vertical y horizontal de las metrópolis norteamericanas fue y sigue siendo motivo de fascinación literaria y cinematográfica más allá de sus fronteras. Pasan desapercibidas sin embargo las pequeñas ciudades y su encanto, que amplifican desde su realidad suburbana una aparentemente irremediable inaccesibilidad a servicios básicos endémica a todo el país, con pequeñas excepciones.

A lo largo de estas cartas he escrito acerca de otro tipo de arquitecturas presentes en Norteamérica, específicamente aquellas presentes en espacios naturales como los famosos Parques Nacionales, a la par domesticados y remotos; pero no le he dedicado el espacio necesario a la urbe como lugar que modifica nuestras conductas, específicamente la del acto revolucionario que supone pasear en Estados Unidos.

En” Wanderlust: A History of Walking”, Rebecca Solnit reflexiona sobre el cotidiano y quizás, para muchos, insignificante gesto que es desplazarse de un lugar a otro sin la asistencia de un coche. En su libro, Solnit analiza con precisión lo que supone el acto de caminar, sus significados culturales, personales, así como sus conexiones con los espacios que habitamos y que nos habitan, para dar una imagen del paseo como elemento nuclear al desarrollo de las culturas humanas. Pero Solnit escribe desde su propio lugar en el espacio: como autora estadounidense que puede caminar sin ningún tipo de asistencia, y esta mirada tan propia, aunque carece de atención a la diversidad funcional, arroja luz sobre los significados que tienen los diferentes modos de desplazarse por uno mismo a una escala global.

"Las máquinas han ganado velocidad, y la vida les ha seguido el rimo". Este ritmo al que se refiere Solnit no es otro que el de la cultura de la eficiencia y la rapidez

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Solnit nos dice: “El declive del acto de caminar está conectado a la falta de espacio en el que poder hacerlo, pero también está conectado con la falta de tiempo, la desaparición de ese espacio meditativo y sin estructura en el que han transpirado tantos cortejos, reflexiones, sueños y contemplaciones. Las máquinas han ganado velocidad, y la vida les ha seguido el rimo.” Este ritmo al que se refiere Solnit no es otro que el de la cultura de la eficiencia y la rapidez, cualidades que triangulan la cultura laboral estadounidense y que encuentran su correlato en la ausencia de infraestructuras urbanísticas sólidas, como tener un sistema de transporte público fluido y seguro.

Aunque todo lugar mediado por la presencia humana es un lugar de contrastes, esta cualidad se le suele atribuir a Estados Unidos como una forma de encapsular las contradicciones que hacen a este país, supuestamente, único. Sin ánimo de entrar a debatir la exclusividad de esta específica singularidad del país, el hecho de que una de las características que más llaman la atención de Estados Unidos sea el diseño de sus ciudades, su disposición, tamaño, ordenación y, con ello, la casi imperativa hipermotorización de sus ciudadanos, dice mucho de la filosofía de vida a la que nos empujan los espacios en que habitamos, pero también nos dice algo sobre nosotros mismos: desplazarse sin coche, pasear, deambular, es una actividad que damos por sentado y que, sin embargo, constituye un privilegio en tanto que nos proporciona la lentitud necesaria para existir, sí, lentamente. Pasear, desplazar el propio cuerpo de un punto a otro sin un refugio automóvil, como señala Solnit, nos proporciona un dibujo, un mapa de los lugares elegidos, una constelación de relatos por transeúnte que esbozan, no sólo una historia del paisaje urbano, sino también, de nuestra propia tradición nómada como seres que transitan.

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