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Formas de la soledad: las indagaciones de la escritora portuguesa Maria Judite de Carvalho

“Tanta gente, Mariana" es una colección de relatos notable y desolada

Leyendo “Tanta gente, Mariana”, de la escritora portuguesa Maria Judite de Carvalho, resulta casi obligado acordarse de aquella sentencia que Marlow, el narrador de “El corazón de las tinieblas”, comparte al final de su relato del periplo africano: «Vivimos como soñamos: solos». Una soledad que no emana tanto de lo físico, pues incluso al poseído Kurtz le rodeó siempre gente, sino de la incomunicación con nuestros compañeros de viaje, de la falta de adherencia con esa gente que permanece sorda a nuestra llamada, indiferente a nuestra necesidad, ciega a nuestra esperanza.

“Tanta gente, Mariana” se publicó en 1959, pero la ferocidad del relato que da título al volumen lo hace absoluta, formidablemente contemporáneo. No abundan indagaciones de la soledad redactadas con semejante talento. Pocas veces la literatura alcanza a cifrar, con tanta vehemencia y a la vez con tanta frialdad, una pérdida: la del sentido de la propia vida, consumida entre gestos mecánicos y ahogada por costumbres sociales que apenas sirven para velar un vacío estatuario, la mascarada de un absurdo.

No abundan indagaciones de la soledad redactadas con semejante talento. Pocas veces la literatura alcanza a cifrar, con tanta vehemencia y a la vez con tanta frialdad, una pérdida: la del sentido de la propia vida

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Las sesenta páginas que Carvalho urde para radiografiar la existencia de la moribunda Mariana, sus derrotas y sus certidumbres, la exacta medida de su abandono, se graban en el ánimo del lector con una intensidad dolorosa. No exageramos al decir que el recuerdo de Iván Ílich acude mientras se recorre este testimonio. Sólo que la tercera persona de la narración de Tolstói encarna aquí en una poderosísima primera persona con la que Mariana acerca al lector su drama. El mérito de Carvalho es lograr que ese yo a veces cínico, en ocasiones cruel, nos entregue al tiempo la pulcra, diáfana mirada de un narrador omnisciente que contemplara la muerte ajena con la asepsia de un forense ante la mesa de disección. La frase final del relato, en la que Mariana, acompañada de su casera, siente que se prepara para asistir a su funeral, es el perfecto epítome de esa conquista.

Es evidente que a Carvalho le interroga con insistencia el fracaso en los usos del lenguaje, la ruina de los proyectos, la privacidad del desastre. Aunque el resto de relatos de la colección no alcanza la excelencia del primero, en todos vibra esa música del exilio en vida, del destierro en el hogar. Hombres que prefieren el merodeo del deseo a la conquista de la realidad, mujeres que renuncian al amor o a las que la violencia robó la cordura, oficinistas de vigilias infinitas y de gestos sin alivio que acuden a su cita con la vida de puntillas. En el retablo de estas existencias sin lujo, aquietadas en la calma de la intrascendencia y del tedio, y a pesar de que en ellas no faltan lugar ni ocasión para lo excepcional y sus sacudidas (accidentes, violaciones, locura), Carvalho rescata lo singular de cada dolor. Como Mariana anuncia con rigor: «Dondequiera que mire, me topo sólo conmigo misma». Y aunque en la derrota no hay dignidad, al menos la literatura la nombra.

Notable, desolado libro.

Tanta gente, Mariana

Maria Judite de Carvalho Errata naturae 18 euros  

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