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Música

Relevo generacional en la música clásica

Una nueva hornada de directores de orquesta toma el mando de formaciones de primera línea

Alondra de la Parra. | Secretaría de Cultura Ciudad de México

La renovación está llegando con fuerza al ámbito de la música clásica. La desaparición o el retiro de dos generaciones de maestros que han marcado la pauta de las últimas décadas está dando paso a una nueva hornada de directores y -al fin- de directoras que están revolucionando las orquestas de prestigio.

Las vías de acceso a los circuitos son muchas, pero aún los concursos continúan siendo una plataforma sensacional para acceder a trabajar con las agrupaciones e ir “haciendo” repertorio. La vitalidad que vive el mundo clásico -pese al freno que la pandemia ha supuesto en el crecimiento de los proyectos y los intercambios- se dejar ver en el trabajo que los jóvenes maestros están proponiendo y que está modificando su relación con los músicos.

Poco a poco se va abandonando un sistema tremendamente jerárquico en el que el maestro imponía su criterio, sin apenas diálogo con los miembros de la orquesta. Hay ejemplos abundantes de esto y, en líneas generales, esta supremacía se ha mantenido inmutable hasta no hace tanto tiempo. Se están consolidando relaciones más fluidas que propician el intercambio de ideas y un crecimiento artístico que también obliga a los músicos a mayor implicación en las responsabilidades artísticas del grupo.

Gustavo Dudamel

Quizá sea Gustavo Dudamel el nombre más conocido internacionalmente. El que es uno de los máximos exponentes del Sistema de Orquestas de Venezuela ha ido escalando puestos en el escalafón hasta llegar a formaciones del prestigio de la Filarmónica de los Ángeles y la Ópera de París. Ha sido un modelo de implicación, propiciando un giro en todas las instituciones en las que ha trabajado. Una visión, la suya, que se afianza en el repertorio y que, a la vez, tiene compromiso con la creación actual y una forma de comunicación externa que está ensanchando los límites del sector. A su estela han llegado otros nombres que están asimismo moviendo estructuras que, hasta ahora, parecían inalterables: el finlandés Klaus Mäkelä, a sus veinticinco años tiene ante sí el reto de transformar una formación tan solvente como la Orquesta de París y, con pocos años más, Lahav Shani en las filarmónicas de Róterdam e Israel puede dar mucho que hablar en los próximos años. No son los únicos, también las mujeres están entrando con fuerza en la élite. Nacida en Hong Kong, Elim Cham al frente de la Sinfónica de Amberes está rompiendo esquemas con propuestas atrevidas que están poniendo el foco internacional en una orquesta a la que está haciendo ganar proyección y prestigio.

Alondra de la Parra.

La mexicana Alondra de la Parra cada vez está asumiendo mayores compromisos y otra maestra está entre las que prometen un importante recorrido: Mirga Grazinyte-Tyla, actualmente en la Orquesta de Birmingham. Ya muy asentados, otros como Daniel Harding, Nézet-Séguin, Currentzis o los españoles Gustavo Gimeno o Pablo Heras-Casado están compitiendo a primer nivel, con proyectos muy relevantes en los más diversos ámbitos. Hay, por supuesto, muchos más. Quizá lo más relevante esté en su capacidad para adaptar las orquestas a la cambiante sociedad del siglo XXI, en conseguir conectar su labor con el nuevo público sin perder al tradicional. Es un enorme reto. A su favor está que entienden a la perfección esta sociedad digital en la que vivimos. Saben que armas hay que emplear para no perder la relevancia de la música patrimonial en unos momentos en los que, curiosamente, lo más novedoso es lo primero en arder en la hoguera del olvido.

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