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Galicia

¿Qué fue de los gallegos que secuestraron el buque 'Santa María'?

De los cuatro gallegos que participaron en el legendario secuestro del trasatlántico en enero de 1961, solo uno vive, Víctor Velo, hijo del ideólogo de aquella operación, Xosé Velo Mosquera.

De derecha a izquierda, José Fernández, Xosé Velo y Henrique Galvao, durante el secuestro del “Santa María”.

El cineasta gallego Aser Álvarez tiene todavía reciente la memoria del secuestro del “Santa María”, un buque asaltado por un comando compuesto por casi una treintena de españoles, portugueses y venezolanos, que retuvieron a su pasaje y tripulación durante diez días entre el 22 de enero y el 2 de febrero de 1961.

El acto, reivindicado por un grupo denominado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL) tenía como objetivo denunciar ante la opinión pública internacional las dictaduras de Oliveira Salazar en Portugal y de Franco en España. El principal ideólogo de la acción habían sido Xosé Velo Mosquera, de quien Aser acaba de rodar un documental biográfico titulado “O libertador ibérico”, patrocinado por la Diputación de Pontevedra, que se estrenará a finales de este mes, coincidiendo con 50 aniversario del fallecimiento de Velo.

Xosé Velo, en Venezuela. FDV

El otro gallego que dirigía a los activistas se llamaba José Fernandez, aunque a lo largo del secuestro se identificó como comandante Sotomayor. Ambos, Velo y Fernández, incorporaron a dos de sus hijos a la misión, Víctor Velo Pérez y Federico Fernández Ackerman, en aquella altura dos jóvenes casi recién salidos de la adolescencia.

El secuestro del 'Santa María' no consiguió derrocar a las dictaduras, pero sí alcanzar una espectacular repercusión mediática internacional. Su desenlace fue más o menos feliz. No hubo ninguna víctima entre los retenidos y, por mediación del gobierno brasileño, a los secuestradores se les facilitó una salida dejándolos desembarcar en Recife. ¿Que sucedió con ellos a partir de ahí?

El 'Santa María', en una escala en el puerto de Vigo. FDV

Pues, por lo que respecta a Xosé Velo Mosquera, nacido en Celanova el 21 de abril de 1916, un galleguista de pro, incansable luchador contra el franquismo durante la guerra civil y el exilio, Alvarez relata que tras el desembarco, él y su hijo Víctor pasaron unos días en Recife, en un cuartel que les cedió el gobierno regional de Pernambuco, pero muy pronto se trasladaron a Sao Paulo.

En 1962, Xovita Pérez, la esposa de Pepe Velo, se reunió con su marido, que ya llevaba un tiempo impartiendo clases en una academia de Sao Paulo mientras sus otros hijos, Lino y Manuela, permanecían en Venezuela. Animado por su su mujer, Velo fundó la librería Nós, en el barrio de Paraíso, y la editora Galicia Ceibe, en la que publicó una traducción de Rosalía de Castro al portugués y con la que tenía pensado editar su propia obra, casi toda inédita, cuando una enfermedad mal diagnosticada derivó en un cáncer de pulmón que resultó letal.

Federico Fernández Ackerman FDV

En sus últimos años de vida, aún tuvo fuerzas para luchar contra la dictadura en Brasil, crear un periódico de barrio llamado Paraíso Sete Días, y comenzar el guion de un proyecto audiovisual didáctico para la Fundación Ford, que iba a ser una serie documental sobre la historia de la Humanidad destinada a un público infantil y juvenil. Velo falleció en la ciudad paulista, rodeado de su familia, el 30 de enero de 1972, a los 55 años de edad.

Por su parte, su hijo Víctor, tras el episodio del “Santa María” se apartó totalmente de la política, dedicándose profesionalmente a la Física Nuclear, llegando a trabajar en la poderosa empresa Mattarazzo. Para Aser Alvarez, el testimonio de Víctor, a quien visitó recientemente en Brasil, ha sido decisivo para poder contar la vida de su padre.

Quien sí tuvo una azarosa vida posterior al secuestro fue Federico Fernández Ackerman. Meses después de lo del “Santa María”, participó en otro secuestro, el del “Anzoátegui” (para denunciar la represión del gobierno de Rómulo Betancourt), como miembro de la guerrilla venezolana, fruto de una complicada y dilatada estadía de preparación en Checoslovaquia y Cuba.

Detenido en un campo de entrenamiento guerrillero en Venezuela, pasó varios años en la cárcel y, una vez libre, su anárquico espíritu encontró una razón de vivir en la fotografía, de la que hará un potente medio de expresión de su espíritu rebelde y artístico.

En 1984 viajó a Nicaragua, donde produjo la serie “Nicaragua en tiempo de Guerra” que relata aspectos de la revolución sandinista y, tres años después, recibió el premio Henrrique Avril del Salón Arturo Michelena. En 1994, realizó las fotografías para el libro “La estatuaria de Caracas. Huellas de la historia en el paisaje urbano” y en 1995 realiza la serie “Río Caribe” y le es otorgado el Premio Nacional de Fotografía. Fernández participó en numerosas exposiciones individuales y colectivas en Venezuela y Europa e intervino como ponente en coloquios internacionales de Fotografía.

Además de sus fotografías artísticas y documentales, recopiló las imágenes de su padre para rescatar su memoria en forma de collages, que ilustran las dos partes en las que se divide el libro escrito por Xurxo Martiz O 'meu pai o exiliado. O seu fillo o fotógrafo'. Federico falleció en 2014 en Caracas.

La vida en lucha de José Fernández, el comandante sotomayor

 Nacido en Póvoa do Caramiñal en 1904 ,surgió en él una temprana vocación militar y a la par una ideología revolucionaria que hizo que, a los 24 años de edad, alférez de navío, fuese confinado en Marruecos por su militancia republicana durante la dictadura militar de Primo de Rivera (1923-30). En 1930 abandona el ejército, se afilia primero al PSOE y después al PCE para, con la proclamación de la Segunda República, regresar a la Armada con el grado de teniente de navío.

Luchó contra Franco en España y en el exilio y contra Hitler en Francia, sobrevivió al campo de exterminio de Auschwitz y recaló en la Cuba revolucionaria

Durante la guerra civil (el golpe de 1936 lo pilla en Galicia), funda uno de los primeros grupos de guerrilleros antifranquistas pero, en 1937, cruza la raya con Portugal, desde donde continúa la lucha interviniendo en el hundimiento de un buque alemán que navegaba por aguas portuguesas cargado con armamento para el bando franquista. A finales del 37, llega a Francia, pero regresa a España y se reincorpora a la Marina republicana y participa en varias acciones navales en el Mediterráneo, entre ellas el hundi-miento del “Baleares” en marzo de 1938.

José Fernández en Vigo, a principios de los años 80. FdV

Finalizada la contienda en España, se instala en Francia, pero no precisamente para quedarse con los brazos cruzados. Por el contrario, con el país vecino ocupado por los alemanes, participa en la resistencia hasta que, detenido por la Gestapo, es deportado como prisionero al temible campo de concentración de Auschwitz.

Cuando, el 27 de enero de 1945, las tropas soviéticas liberaron Auschwitz, José Fernández era uno de los 7.000 supervi- vientes de aquel infierno: pesaba, malamente, 37 quilogramos.Cualquiera podría darse por satisfecho por haber vivido lo que José vivió con tan solo 41 años, pero Sotomayor no era precisamente de esos. Tras residir en Francia, en 1948 se da de baja como militante del PCE como medida de protesta por el abandono de la resistencia armada por los comunistas españoles, y decide emigrar a Venezuela, donde entra en contacto con Xosé Velo Mosquera, que había fundado la Unión de Combatientes Españoles Antifranquistas Nacionalistas Gallegos, y con Henrique Galvao, un militar antisalazarista exiliado, constituyendo así, en 1959, el núcleo fundacional del DRIL.

Tras una breve estancia en Brasil, el comandante no pudo resistirse a dejar de participar en la Revolución cubana.Fidel Castro había entrado triunfante en La Habana el 1 de enero de 1959 y, en 1961, Fernández ya estaba en la isla, esta vez no como militar sino como profesor de universidad, si bien no tardó en integrarse en la secretaría permanente de la Organización Latinoamericana de Solidaridad.

Retornó a España después de la muerte de Franco, entre otras razones para presentar su libro “Yo robé el Santa María” del que incluso se hizo una versión en gallego editada por Galaxia. Pero era muy consciente de que su lugar ya no estaba aquí. Así que volvió a América y se estableció definitivamente en Caracas, donde falleció en 1986.

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