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Música

El valor de la transmisión: en recuerdo del músico Alfonso Ordieres

La fecunda trayectoria profesional de un violinista de alto rango que se asentaba sobre una excepcional preparación técnica

Alfonso Ordieres. | | NEBOT

La semana pasada nos dejaba uno de los grandes músicos de Asturias, el violinista Alfonso Ordieres, figura capital, especialmente en Oviedo, durante varias décadas y cuya labor llega a nuestros días a través de sus numerosos alumnos.

La fecunda trayectoria profesional de Ordieres, violinista de alto rango, estaba asentada sobre una excepcional preparación técnica, con una formación recibida en España y en Italia, y su legado en el Principado es ingente, tanto por sus muchos años en la Orquesta Sinfónica de Asturias como por haber impulsado la Orquesta Universitaria, pionera en nuestro país y que -afortunadamente- se volvió a recuperar hace unos años, curiosamente también por el impulso de otro Ordieres, su hijo Pedro, también violinista y, a su vez, miembro de la actual OSPA.

De manera paralela, hubo en Alfonso Ordieres una dedicación esencial a la formación desde el Conservatorio ovetense que se ha plasmado en numerosos alumnos, creando escuela y consiguiendo que su memoria llegue fresca a nuestros días. Sólo con un sucinto repaso a las redes sociales estos días ya se puede percibir el inmenso afecto y consideración que toda la profesión tenía hacia uno de nuestros más relevantes intérpretes.

Ahí está precisamente el valor de la música en Asturias, en el legado que se va perpetuando a través de cada generación. Cuando, demasiadas veces, observamos el ataque palurdo y aldeano que algunos sectores mediocres realizan de manera taimada sobre la actividad de la actividad clásica en Asturias, se deja ver su incapacidad para darse cuenta de su fuerza y relevancia en el conjunto de la sociedad. No es un movimiento empujado de manera artificial, estamos ante una realidad gozosa que se plasma en décadas y décadas de perseverancia en las que se entrecruza el esfuerzo, muchas veces desinteresado, de cientos de profesionales que han tejido una industria cultura vigorosa y que está haciendo que decenas y decenas de artistas asturianos estén en primera línea nacional e internacional. Es, desde luego, este un hecho incuestionable que rara vez se aborda en los medios con el énfasis adecuado y que no tiene parangón, en cantidad y calidad, en otras disciplinas artísticas.

En todo este proceso de transmisión, de generación cultural, es en el que figuras como la de Alfonso Ordieres alcanzan su imponente valor. Además, él aportó una bonhomía y sabiduría vital únicas. Lo recuerdo, junto a su esposa Victoria Suárez, asistiendo a la mayoría de los conciertos que se organizaban en la ciudad.

Entusiasta de la calidad de la oferta y exigente, desde la sabiduría, que es generosa en la apreciación del éxito y en saber también disculpar cuando un intérprete no tiene su mejor noche. Siempre era un placer atender a sus observaciones tan atinadas. Deja, en este sentido, una lección de vida: la del entusiasmo, la del trabajo bien hecho y la capacidad para que los logros propios se materialicen en beneficio para el conjunto de la sociedad, compartiendo el conocimiento. Se le va a echar de menos, pero estoy seguro que el conocimiento que él supo transmitir sigue vivo en sus discípulos.

Sería un acto de justicia que el Ayuntamiento de Oviedo tuviese un acto de reconocimiento público hacia su legado. No es conveniente dejar sin homenaje a los mejores. Por desgracia no se llega en vida, aunque ya se sabe que más vale tarde que nunca.

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