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Drieu La Rochelle, un hombre polémico

Una vida zarandeada en un medio siglo complejo

Cultura - Libros

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M. S. Suárez Lafuente

Drieu La Rochelle (1893-1945) fue un controvertido escritor y periodista francés que luchó en la Primera Guerra Mundial, se declaró socialista y optó luego por colaborar con las tropas de ocupación alemanas. Lector voraz, escribió para importantes publicaciones francesas de la época y dirigió la “Nouvelle Revue Française”. Fue muy amigo de Louis Aragon, André Malraux, Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges.

Su preocupación por la decadencia de Francia le llevó a preocuparse por la del continente y, posteriormente, por la del planeta. Vio una posible solución en la federación de los países europeos y, así, se dejó obnubilar durante unos años por la expansión del Tercer Reich. Quienes lo estudian recogen que “animó tertulias de derecha, de izquierda, dadaístas, surrealistas, extremistas y místicas”.

Fue autor de varias novelas y ensayos, lo que, sumado a su peculiar biografía, suscitó el interés de investigadores y cineastas y propició varios trabajos basados en sus ideas, en su vida y en su obra. Un buen ejemplo son los libros “Fascist Intellectual: Drieu La Rochelle”, de Robert Soucy, publicado en 1979, y “Pierre Drieu La Rochelle. El aciago seductor” (2009) de Enrique López Viejo. La película de Louis Malle “Feu Follet” [Fuego fatuo], de 1963, está basada en una de las novelas de Drieu La Rochelle del mismo título, publicada en 1931, al igual que “Oslo, 31 de agosto”, del cineasta Joachim Trier (2011).

En 1921 Drieu La Rochelle escribe ya su biografía, “Estado civil”. Lo hace recreándose en la descripción minuciosa de su entorno físico, recopilando recuerdos solo aparentemente sueltos y recogiendo sus elucubraciones a medida que avanza en la composición de su vida. El eje de su búsqueda es situarse en el mundo y encontrarse a sí mismo a través de la reflexión y el conocimiento.

Se centra en la palabra escrita, por el placer y el poder que le proporcionó aprender a leer y poder así sumergirse en el mundo de los sueños, lugar preferentemente habitado por el niño solitario que era. Entendió muy pronto la especial relación que se establece en la literatura, “el diálogo estrecho y perentorio entre el que escribe y el que lee”. Así, dividido entre una familia poco afectuosa y un mundo de historias, se declara como “un lugar vacío batido por vientos errantes, por sucesos prodigiosos”.

El autor relata su composición del Yo buscándose en un espejo cambiante que le da una idea difusa de sí mismo, a lo que añade destellos de memorias suscitadas por sus sentidos y lo que podrían ser, según sus palabras, recuerdos o, quizás, solo retazos de sueños. También lo que le cuentan sus familiares pueden ser igualmente anécdotas soñadas, ya que su madre, por ejemplo, “hilaba distraídamente mi memoria”.

Pronto completan sus vivencias los lugares por los que pasa, la Historia que lee y los cuentos tradicionales que le narra su abuela, “el ser que más he querido en el mundo”. Drieu La Rochelle se pregunta finalmente si la genealogía personal y la marca cultural de la historia de Francia son características intrínsecas e indelebles de la persona o si pueden ser fácilmente modificables cambiando detalles como que “te abandone tu familia al nacer en un lugar fronterizo”. Porque, argumenta, “me conocieron antes de que yo me conociera”, ya que él llama su “nacimiento” al instante en que “tuve conciencia de ser quien sigo siendo”.

En estas poco más de cien páginas hay muchas ideas existenciales. Lo que La Rochelle desgrana no es solamente una pauta para su vida, sino una falsilla a tener en cuenta para meditar sobre nuestros renglones vitales.

libro

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Estado civil

Pierre Drieu La Rochelle Traducción del francés de Antonio Desmond

Piel de Zapa

Ediciones de Intervención Cultural, 2021

127 páginas

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