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Literatura

Paloma Sánchez-Garnica: "Con el nazismo nunca se puede bajar la guardia"

La finalista del Premio Planeta 2021 reconoce que el galardón le ha permitido "te permite llegar a un número de lectores que antes sería impensable"

Paloma Sánchez-Garnica.

La librería Ali i Truc de Elche recupera este viernes sus cenas literarias. La protagonista de la cita será Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962), quien llega a la ciudad ilicitana con el aval del último Premio Planeta, en el que fue finalista con su octava novela, 'Últimos días en Berlín'.

Imagino que las dificultades de la pandemia harán que disfrute más de los encuentros con los lectores como el que tiene este viernes en Elche...

El momento más duro de la pandemia, el confinamiento, me pilló escribiendo. Dejamos de ir a muchas ferias pero no lo he sufrido porque estaba en un periodo de retiro, que es conveniente para los escritores. En noviembre, tanto los chicos de Carmen Mola como yo pudimos hacer con normalidad la gira del Premio Planeta porque aún no teníamos a ómicron. Después llegar a la cena de Nochebuena sí que se convirtió en 'El juego del calamar'. Los encuentros con los lectores son muy enriquecedores porque puedes sentir su pálpito y la curiosidad de los que aún no ten han leído. Hacen suya la novela que yo he creado en la soledad de mi escritorio.

Con su nuevo libro, 'Últimos días en Berlín', ¿siente que ha ampliado el número de lectores al que se dirige?

Con el anterior libro, 'La sospecha de Sofía', ya amplié mucho el espectro de lectores, se acercaron bastantes hombres a mi historia. Ahora también lo estoy notando. Entrar en el sello del Premio Planeta es una promoción que te permite llegar a un número de lectores que antes sería impensable. Sí que he notado un espaldarazo tremendo que me ha permitido alcanzar lugares a los que no hubiera llegado de otra manera.

¿Ser finalista del Premio Planeta supone una responsabilidad mayor?

Mi única ambición y responsabilidad es que cada novela sea mejor que la anterior. Este oficio se aprende actuando y escribiendo. No siento otra presión ahora que empezar un libro que me fascine, que me enganche a la escritura. Eso luego hay que transmitírselo a los lectores, pero primero me tiene que gustar a mí. Aquí no valen los premios, cada novela supone un reto para mí misma. No siento más responsabilidad ahora que cuando empecé mis dos últimos libros. Solo quiero que sean los mejores.

Últimos días en Berlín arranca el día en el que Hitler fue encumbrado al poder, ¿qué lecciones para el presente deja aquel periodo histórico?

Primo Levi ya dijo que el nazismo puede volver a ocurrir en cualquier momento y lugar. Contra ello nunca se puede bajar la guardia. Como sociedad, llevamos viviendo muchas décadas de paz, más allá de crisis y pandemias. Mi generación y las que han venido por detrás no han vivido situaciones de guerra. Pensamos que los males del pasado no nos pueden afectar, pero nunca estamos exentos de ellos. Lo estamos observando en muchos puntos del mundo, en los que hay dictaduras bárbaras.

¿Teme la polarización del discurso?

El auge de la polarización tensa las situaciones. Confío en que la sociedad ahora es más leída que hace ochenta años, más crítica y más difícil de manipular. Estamos preparados para plantar más cara. Lo de las fake news no es nuevo, los once principios de Goebbels ya venían marcados por esto. Las redes sociales no han inventado nada. Los nazis ya fabricaban radios muy baratas para entrar en las mentes de todos los alemanes y manipular su pensamiento. Y ya existía la censura de la prensa y de las opiniones que eran distintas.

¿Cómo ve el conflicto de Ucrania?

Putin quiere una Rusia poderosa después de la caída del Muro de Berlín y de la Guerra Fría. Piensa que a Rusia ya no se le tiene miedo y desea que vuelva a ser grande y poderosa. Ha lanzado un órdago a una Europa que está en una situación de debilidad por el Brexit, el auge de los populismos y la dependencia del gas. Ahí hay intereses mutuos porque ellos también necesitan a Europa para vender. Y luego está la actuación de China por detrás, que nos lleva a este momento tan complicado. Esperemos que todo se quede en un órdago, porque es una amenaza para nuestra economía con la subida del precio de la energía.

Esta semana el grupo Los Planetas decía en una entrevista que si Lorca viviera hoy, lo volverían a matar, ¿comparte esta visión?

Es una exageración, a Lorca hoy se le ensalzaría. Creo que su muerte estuvo envuelta, más que en temas políticos, en envidias, resentimientos personales y fallos en un momento convulso. Fue una metedura de pata. Ahora estamos en otra época y una figura como la de Lorca sería muy enaltecida, con justicia.

¿Cuál será su próximo proyecto?

Lo tengo en mente. Ahora hay que asentarlo, empezarlo y trabajarlo. Mi novena novela está en una nebulosa en mi cabeza e irá tomando forma.

¿Le gustaría que otro de sus libros llegara a la televisión o al cine?

La sonata del silencio ya se convirtió en una serie de Televisión Española y de 'La sospecha de Sofía' se hará una película de aquí a un año. Que un productor compre los derechos de una de mis obras supone dinero para mí y una promoción impresionante. Llevar las novelas a las pantallas hace lectores porque muchos se interesan por el libro en el momento en el que aparece la serie.

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