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Contra la misoginia más violenta

Precisa y magnífica, Joyce Carol Oates yuxtapone en “Violación” el ruido que rodea a la agresión a una mujer con la monstruosidad del hecho y la impunidad con que se pasean los agresores

Joyce Carol Oates (Lockport, Estados Unidos 1938) es una autora extraordinaria capaz de llevar a cabo con su escritura precisas cirugías que requieren de un hábil bisturí. “Violación: una historia de amor”, publicada por primera vez en 2004 y que vuelve a ver la luz traducida al castellano gracias a Contraseña, no es como podría temerse por el título el intento de demostrar que un acto de tal naturaleza pueda estar ligado a un sentimiento amoroso. Más bien todo lo contrario; la historia tiene su raíz en un hecho repugnantemente brutal perpetrado en una noche de verano después de una fiesta en un cobertizo de Niagara Falls por una especie de “manada” en el que la víctima es gravemente maltratada en presencia de su hija y dada por muerta. Se compone de una sucesión rápida de capítulos cortos que relatan el crimen y sus consecuencias, de manera entrecortada y lacónica, como si se tratara de un rap. La narración se va filtrando a través de varias perspectivas. Una de ellas destila el rumor infame que circula en la pequeña ciudad sobre “los merecimientos” de la víctima, Teena McGuire, una mujer joven de 35 años, vestida como una adolescente: camiseta de tirantes, vaqueros cortados, rubia de bote, melena alborotada con los rizos por la cara. “¡Qué poca cabeza! Habría bebido. ¡Y cómo vestía! ¿Cómo solía vestir Teena McGuire! Sobre todo en las noches de verano. Fiestas en Depew Street. Saraos que se desbordaban hasta la calle. Rock a toda mecha. Con esa actitud se lo estaba buscando. ¿Dónde está el marido? ¿No tiene marido esa mujer? ¿Qué coño hace ella sola, con una niña de doce años, por el parque de Rocky Point a medianoche? ¿Poner en peligro a una menor? ¿Poner en peligro la moral de una menor?…”. Todas estas despreciables conjeturas las yuxtapone Oates con lo que realmente le sucedió a la mujer violada, un crimen execrable. Otra perspectiva nos conduce por la mente del agente de policía Dromoor, excombatiente en el golfo Pérsico y de la operación Escudo del Desierto, un tipo supuestamente peligroso que no ha perdido por completo su corazón, un verso suelto, testarudo y profundamente afectivo, que se empeña en cumplir con lo que él cree que hay que hacer en este tipo de casos. Una tercera visión proviene de Bethie, la adolescente que ve con impotencia cómo a su madre la golpean y le desgarran las entrañas, dejándola desangrarse hasta morir en el suelo húmedo del cobertizo donde guardan barcas. La niña se ha ido a vivir con su abuela, al lugar donde la madre se unirá a ellas después de ser dada de alta de su larga estancia en el hospital. Enseguida percibe la triste realidad de la situación. La abuela la ama, pero no puede protegerla. Está sola con una anciana que no goza de la mejor salud, en una casa de ladrillos rojos a cinco minutos en coche del barrio donde viven los sospechosos de la agresión y sus familias.

Ilustración de Pablo García.

Ilustración de Pablo García.

Escrita de manera contenida, la novela de Joyce Carol Oates es, ante todo, un ataque a la misoginia. La autora sabe proyectarse magistralmente en las cabezas de los misóginos imbéciles que describe. La incomodidad de ellos es su fuerte. Encuentra innumerables formas de devolver el golpe a los hombres. Hace rodar los nombres de los violadores, como los dados en una mesa de juego: Marvin Pick, Lloyd Pick… Los repite hasta que arden de culpa. Parece como si quisiera acallar la boca de quienes la acusaron alguna vez de sugerir cierta complicidad entre violadores y violados en alguna de sus novelas. En “Violación: una historia de amor” no hay duda sobre los responsables de la monstruosa agresión. Oates, que escribe desde sus obsesiones, y que no reniega de la confusión que a veces le asalta, se muestra decidida a defender claramente la necesidad de justicia como el primer y gran impulso para proteger a los inocentes. Igual que en cualquier otra de sus novelas brillan las descripciones, tiene un don para las imágenes desdeñosas, como en el caso del juez Schpiro, “la toga negra y ampulosa, le daba un aspecto rechoncho, como de boca de incendios”. O el propio Dromoor, “un puñetero novato de casi treinta años”, “tímido y mohíno como un chimpancé que se esconde algo en la espalda”.

“Violación: una historia de amor” es una novela notable de una escritora que jamás ha escrito para que la lean solo por el placer de hacerlo y que invita a una reflexión sobre lo aleatorio del destino. Cómo todo puede cambiar de signo en una noche violenta dependiendo de que un rayo te parta o te salve partiendo a otro.

Violación. Una historia de amor

Joyce Carol Oates

Traducción de Pepa Linares

Contraseña, 160 páginas, 16,50 euros 

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