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La violencia íntima del desarraigo

Monika Zgustova indaga en la emigración por causas políticas en la novela “Nos veíamos mejor en la oscuridad”

Cultura - Libros

Monika Zgustova nos ofrece en esta novela la reconstrucción de un relato que parece autobiográfico; a través de los sentidos, del sabor del limón, del olor de la canela o de ciertos sonidos, la narradora evoca fragmentos de la memoria que componen el desarrollo de su vida. Son recuerdos vívidos, aderezados por la nostalgia, por el desconsuelo o la rabia, debido a lo cual quienes leemos lo experimentamos afectivamente. La novela se desarrolla en unos pocos días, en un viaje entre Barcelona y Chicago, con escala en Nueva York, que la narradora lleva a cabo en febrero de 2020, en los albores de lo que aún no se entendía como pandemia. La duda que atenaza el ánimo de Milena es si su madre estará aún con vida cuando llegue a su destino. “Si se iba sin que hubiéramos hecho las paces, no me lo perdonaría nunca”, dice.

La autora mantiene el sentido de la linealidad cronológica a pesar de la fragmentación de los recuerdos, que se suceden de manera episódica. Contribuye a ello la abundancia de detalles aparentemente irrelevantes que ofrecen las diferentes anécdotas e historias y las referencias a películas y libros sobradamente conocidos y a obras de arte y lugares reales que confieren un aire de veracidad y, por tanto, de experiencia vivida a lo que se cuenta.

El eje de la obra es la migración forzosa de la familia, por causas políticas, de Praga a Chicago después de la invasión soviética de 1968. La violencia del desarraigo se mantiene latente a lo largo de la novela, con unos personajes marcados por la angustia de la pérdida de familiares, amigos y un modo de vida que parecía estable y definitivo. Como consecuencia sufren un sentimiento constante de inferioridad: se sienten extranjeros, ajenos. La violencia íntima del desarraigo a unos usos sociales que no comparten y con un acento que les distingue y les separa: “No éramos nadie, no sabíamos nada, no podíamos explicarnos, teníamos que transformar nuestra identidad”. Ante ellos, “se abría el vacío y la oscuridad”.

Perdidos los puntos de referencia personales y culturales, los diferentes miembros de la familia se adaptan como pueden, dejando jirones de su paz interior en las miradas torvas que reciben, en los gestos de desagrado que a veces les rodean o en los comentarios degradantes de quienes les consideran un estorbo. La madre es quien se revela más vulnerable, pues a su situación de inmigrante suma la carga de ser una anónima ama de casa; ante el comentario de su hija de que “tenía la impresión de que vivir para la familia la llenaba”, ella interrumpe: “¿Lavar ropa, planchar, cocinar cada día horas y horas para que alguien, muy de vez en cuando, elogie el resultado?”. “Me sentía como Cenicienta”. Sin un futuro príncipe.

Zgustova podría estar novelando la historia de su vida. Nacida en Praga, emigró con su familia a EE UU y se trasladó ya licenciada a Barcelona, donde vive y ostenta la nacionalidad española y la recuperada nacionalidad checa. Es traductora del checo y del ruso al español y al catalán y una persona fundamental en la introducción de la literatura checa en el mundo hispanohablante. Es autora de varias novelas, obras de teatro, libros de ensayo y de un diccionario ruso-catalán y ha recibido numerosos premios literarios y de traducción. Escribe tanto en checo como en ruso, en inglés, español y catalán; pero es interesante que confiese que el primer borrador de las novelas lo hace siempre en checo, su lengua materna. También colabora asiduamente con artículos de opinión en medios como “El País”, “The Wall Street Journal”, “The Nation” y “Literary Hub”.

Nos veíamos mejor en la oscuridad

Monika Zgustova

Galaxia Gutenberg, 204 páginas, 17,50 euros

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