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Arte

La pintura como lugar

Javier Soto presenta “Theia” en Estudio Pablo de Lillo, en Oviedo

Vista panorámica de la exposición.

Estudio Pablo de Lillo muestra “Theia”, una selección de pinturas de Javier Soto pertenecientes a dos de sus series más recientes: “Boogeyman” (2020) y “Rough” (2021), que, aunque formal e iconográficamente son distintas, conviven y dialogan. Al entrar en el espléndido espacio de esta galería ovetense, la impresión es la de encontrarnos ante una pintura que se mueve en parámetros estéticos alejados de clichés y convencionalismos; la personal manera que este artista tiene de expresarse, sus grandes formatos y los fuertes contrastes de color, potencian la sensación de hallarnos ante obras que se desenvuelven en absoluta libertad. Sin marcos ni bastidores, las pinturas se exhiben directamente clavadas en la pared con un planteamiento expositivo que, en algunas piezas, se acerca a la instalación, superponiendo y cubriendo unas telas con otras, despertando el interés hacia lo que ha quedado oculto, involucrándonos.

Todas las obras se han realizado con técnica mixta sobre tela de sábana y sus generosos formatos crean una sensación envolvente y un tanto invasiva. Su lenguaje es directo, el proceder creativo se intuye en una metodología de trabajo rápida, pero no improvisada; se advierte la frescura del instante, pero también un rotundo dominio técnico. Cada obra está repleta de detalles; detenerse ante ellas es descubrir la complejidad de un trabajo cargado de matices en el que las capas de pintura, al igual que las representaciones figurativas, se solapan y se superponen, y los campos de color se expanden hasta desbordar los límites del soporte, transmitiendo una sensación de “horror vacui” que, sin embargo, no resulta agobiante, como ocurre con “El demonio por la noche no se calma” o en “L.O.V.E.”.

“Cuidarse de tus miedos”.

“Cuidarse de tus miedos”.

Desde un punto de vista formal hay referentes estéticos claros. Está el gusto ecléctico y apropiacionista de la transvanguardia italiana, pero, sobre todo, el inconfundible gesto libre y transgresor de la corriente neoexpresionista de Jean-Michel Basquiat y Keith Haring, artistas de los que se alimenta también iconográficamente. La frescura y espontaneidad del mundo del grafiti y el arte urbano, que estos creadores norteamericanos trasladaron a galerías y museos, está latente. Como también lo está la intensidad y fragmentación de los trabajos de Julian Schnabel, moviéndose siempre entre la abstracción y la figuración, y desplazándose desde una temática íntima, muy personal, a otra ligada a la historia del arte y al contexto cultural y político del momento. Desde todos estos referentes, Javier Soto propone una pintura absolutamente renovada, de apariencia “fácil” pero con un trasfondo que recupera el sentido reflexivo, crítico y comprometido de estos artistas de referencia.

“El demonio por la noche no se calma”.

“El demonio por la noche no se calma”.

Sus obras poseen un cierto desenfado y carácter lúdico, pero también un primitivismo y autenticidad que revuelve las entrañas y que desprende una energía vivificante con la que es fácil conectar. La generosidad matérica habla del puro placer de pintar, como también su rica y variada iconografía, un tanto críptica en ocasiones, pero que los títulos ayudan a comprender: “Theia”, el nombre de la muestra, habla del origen mítico de la Luna y sobre la teoría del Gran Impacto que provocó su nacimiento. Los títulos de las obras y de las series también son clarificadores, especialmente “Boogeyman”, que alude a los fantasmas y monstruos que nos acechan y nos habitan y contra los que el arte es uno de los mejores remedios. Este carácter sanador, de una pintura necesaria para el artista, es trasferible a cualquiera de nosotros, convirtiendo la pintura en un lugar de encuentro, un lugar donde acontecen asuntos importantes.

"L.O.V.E."

"L.O.V.E."

En una época tan convulsa como la que estamos viviendo, mostrar asuntos que conciernen a lo personal es necesario. Nos estamos desligando cada vez más de todo lo vinculado a lo humano; por eso es interesante que desde el arte se abarquen temas que, siendo íntimos, puedan llegar a trascender en universales, y para ello la pintura es una de las herramientas más adecuadas. Javier Soto está inmerso en un proceso creativo que se ha ido enriqueciendo con elementos puramente plásticos, figurativos y abstractos, lineales y cromáticos, pero también mentales y emocionales. Comenta el historiador y crítico de arte Achille Bonito Oliva que “la pintura debe ser una metáfora de resistencia y un compromiso existencial”; el arte no es un fin en sí mismo, sino un medio y, como tal, el artista debe trasladar a ese medio su propia emoción.

Theia

Javier Soto

Estudio Pablo de Lillo, c/ General Zuvillaga, 12, Oviedo. Hasta el 23 de mayo

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