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Redención

“Lugar seguro”, de Isaac Rosa, o el eterno retorno del caradura con niño

Cultura - Libros

Las notas que usted empieza leer llevan el título de “Redención” como podían llevar el de “Vida del buscón llamado García” o el de “Carta al padre”. Cualquiera de estas posibilidades podría servir, ya que señalan alguna de las líneas que discurren por “Lugar seguro”, la última obra de Isaac Rosa, merecedora del premio “Biblioteca Breve” de novela que convoca la editorial Seix Barral.

Tiene el hábito y la lucidez el autor sevillano de utilizar el género novelístico como una indagación y un diagnóstico de las afecciones de la sociedad en la que vivimos. La novela, a menudo, como un espejo deformante que no refleja precisamente nuestro mejor perfil. “Lugar seguro” no es una excepción y Rosa, valiéndose del miedo, uno de los acicates principales de los tiempos que corren, construye una novela que, como señalé al principio, bajo la apariencia de una larga carta al padre del narrador y protagonista, muestra un catálogo de todo el cinismo, mezquindad, patetismo y piedad (así, todo mezclado, como se da en la vida diaria) del que el ser humano es capaz.

El “médium” de esta visión se llama Segismundo García, hijo de Segismundo García y padre de Segismundo García, un adolescente que responde al nombre de Segis. Estamos ante una dinastía de caraduras y estafadores (el adolescente ya apunta maneras) que supera el concepto histórico de pícaro. El pícaro, como muestra la narrativa clásica de nuestro país, obraba, básicamente, por instinto de supervivencia. El progreso también viene marcado por una insatisfacción que no se conforma con sobrevivir y ambiciona ascender en la escala social. Muchos de los que subieron en el ascensor siendo supervivientes salen de él varios pisos más arriba convertidos en estafadores. Así, Segismundo hijo como Segismundo el grande, que a lomos de pelotazos y de la falta de escrúpulos, avanzaron durante un tiempo con relativo éxito. Pero lo fácil cae ligero, que diría la Mala Rodríguez, y ahí nos sitúa el celebrado autor de “El vano ayer”, en el momento de la caída: con Segismundo padre bajo el yugo de la demencia senil y un pasado carcelario; Segismundo hijo acosado por las deudas e improvisando un negocio fraudulento y Segis, con problemas de conducta en su lustroso colegio de pago.

La trama nos aboca a una búsqueda y a una posible redención que tienen que ver con la dificultad en las relaciones paterno filiales; aunque diría que, en cierto modo, la trama le sirve a Isaac Rosa para justificar un discurso locuaz y radial (el de Segismundo hijo) que no deja títere con cabeza y que, con una retórica de andar por la calle pero muy bien articulada políticamente, apela al lector con una serie de cuestiones que trascienden el terreno acotado de la ficción. Es en esta circunstancia donde la figura literaria de Rosa siempre crece. También en “Lugar seguro”. Con la excusa de que hoy día todo el mundo tiene miedo, el narrador de la novela se saca de la manga un “prometedor negocio”: convertir garajes y trasteros en búnkeres low-cost. El miedo es uno de los motores principales de nuestro capitalismo (porque es nuestro, nos guste o no, nosotros lo hemos alimentado y engordado). Segismundo hijo es irritante pero lúcido; cruel pero un patán. Al final, le queda como única salida el reencuentro con un padre con el que nunca se entendió. “Lugar seguro” es la historia de una búsqueda, una indagación. Por momentos recordé “Carreteras secundarias”, de Ignacio Martínez de Pisón.

Es el eterno retorno del caradura con niño.

Lugar seguro

Isaac Rosa

Seix Barral, 312 páginas, 18,90 euros

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