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Música

Danza Invisible: cuarenta años de "música y amistad"

La historia de la banda malagueña más exitosa es también la de un puñado de amigos que han sabido hacer las cosas a su manera

Danza Invisible celebra sus 40 años de carrera. Álex Zea

Banda muy singular Danza Invisible. Quizás porque los hemos tenido (y tenemos) muy cerca solemos pasar por alto las peculiaridades del grupo liderado por Javier Ojeda y que este 2022 cumple nada más y nada menos que cuarenta años ininterrumpidos de carrera. El aniversario y su celebración supone una estupenda oportunidad para hacer parada y fonda y reconocer méritos a los firmantes de 'Sabor de amor', 'El club del alcohol' y muchas más.

Una banda, una ciudad 

Tabletom y Rockberto representan el espíritu de la Málaga underground, bohemia y despreocupada; Danza Invisible son esa Costa del Sol ambiciosa, de colores, en busca del éxito pero sin perder de vista la vida. Javier Ojeda sabe que la suya es la "banda emblema, con muchas comillas" de Málaga, pero aún así no se esperaba el reconocimiento que él y los suyos están viviendo estos días. Hace unos días se pasó por TVE 'A este lado de la carretera', el documental del grupo firmado por Regina Álvarez y José Antonio Hergueta; la Alameda acoge una exposición de fotos para celebrar el aniversario de la banda, también el leit motiv del Brisa... "No esperábamos tanto cariño, estamos desbordados; sobre todo porque viene del gremio de los músicos, porque ya sabes que los músicos somos todos la hostia, gente de puta madre, pero total y absolutamente individualistas, vamos a nuestra bola... Así que un reconocimiento así es brutal", nos dice Ojeda, quien también menciona a "las instituciones, más allá de signos políticos": "No hay ningún precedente de una ciudad que se vuelque así con su grupo".  

Músicos, amigos

Pocos, muy pocos grupos han permanecido casi inalterables, con una formación sólida, rocosa, tras cuatro décadas de estudios de grabación, furgoneta, éxitos y fracasos. Danza son de esas excepciones (salvo, claro, la partida del batería, Ricardo Texidó, ideólogo fundamental de los primeros pasos de la banda). "La nuestra es una historia de música y amistad", ha comentado en alguna ocasión Ojeda. Y Chris Navas, bajista, remataba así: "Claro que hemos vivido peleas y enfrentamientos, pero la amistad y el amor por la música es lo que nos ha mantenido tan unidos".

Profesionalidad

Le preguntamos a Javier Ojeda sobre lo que más se siente orgulloso de estas cuatro décadas. Y responde: "Del afán de intentar hacerlo muy bien, de cuidar el directo, de que la actuación sea siempre fantástica, da igual que sea para 100 o para 1.000 personas. La profesionalidad del grupo es algo de lo que poder alardear". También se siente satisfecho el cantante del "rupturismo musical para la época" que practicaron en algunas de sus etapas: "Por ejemplo, mucha gente censuró nuestros flirteos con diferentes tipos de música tropical. Fíjate en lo que ha venido después... En muchos casos creo que hemos sido precursores".

¿Madrid?

¿Qué hubieran hecho ustedes si lo hubieran petado en Los 40 Principales en los 80 y 90? Probablemente mudarse a Madrid para estar más cerca de donde se cierran los contratos. Ellos se quedaron en Málaga, pero no por una defensa numantina de lo suyo sino, simplemente, porque les gusta vivir y crear en su tierra. Tienen claro, eso sí, que les sirvió para, como comenta Navas, "saber digerir el éxito". Javier Ojeda se ríe: "En esto también hemos sido unos precursores: ahora mismo todos están en Madrid y quieren venirse a Málaga". 

Al quedarse aquí Ojeda et al han terminado haciendo algo muy importante (además de ser el referente del éxito desde provincias, manteniendo las coordenadas propias): ayudar a las generaciones musicales posteriores, colaborar con los que han venido después, formar parte de la escena sin divismos. "Nunca nos hemos creído nada", es una de las frases que más repite Javier Ojeda.

Llegar al éxito poco a poco

"Yo creo que tuvimos la suerte de que nuestra popularidad fue, más o menos, gradual. Nuestros primeros trabajos no tuvieron la repercusión esperada. Eso nos hizo mucho más sabios cara al futuro. A partir de nuestro cuarto disco, se puede decir que empezamos a consolidarnos y ya en 1988, con el disco A tu alcance, fue la locura. Lo bueno es que ya habíamos sufrido algún traspié previo, lo que nos hizo mucho más sólidos como músicos y como personas", ha recordado Ojeda en alguna ocasión. Eso sí, en algo los Danza siempre fueron unos negados: "Siempre hemos sido unos ingenuos al tratar asuntos financieros y contractuales, nos engañaron en multitud de ocasiones".

Las pintas, la época

Fue en febrero de 1982 cuando Javier Ojeda se incorporó como cantante al proyecto en el que poco antes se habían embarcado Ricardo Texidó, Chris Navas, Manolo Rubio y Antonio Luis Gil. Ojeda, al que Texidó invitó tras verle cantando borracho en el Disney Club de Torremolinos, no impresionó precisamente en la prueba: el chaval, de 17 años, tenía más miedo que vergüenza, pero a la segunda fue la vencida.

El maxi-single 'Sueños' –con cuatro canciones– fue la carta de presentación de la nueva formación. Hoy los cuatro malagueños visten casual pero había que verlos en aquellos primeros 80: "Recuerdo que nuestras pintas chocaban mucho, sobre todo en Málaga, nos llamaban los cucarachas, maricones. Nos puteaban vivos, porque dábamos el cante. Discretos no éramos, pero nos daba igual". Supieron reflejar, quizás sin quererlo, una Costa del Sol, especialmente Torremolinos, que era diferente a todo lo que había en España en ese momento: "Me escapaba por las noches con mi hermana a las fiestas de Torremolinos, el Portillo te trasladaba a otra dimensión. Torremolinos era otra dimensión", suele recordar Ojeda. Qué bien que haya una banda que sea un testimonio audiovisual de todo aquello, para que no se pierda.

Un directo clave

Hay una presencia especial en el cartel del Brisa: Juan Perro, o sea, Santiago Auserón, exlíder de Radio Futura, amigo y admirador del grupo, que ya les apoyó en su trascendental concierto madrileño de 1986, cantando con ellos uno de sus himnos, 'El club del alcohol'. Ojalá Auserón y Ojeda compartan micrófono de nuevo en el inminente festival de La Malagueta.

De ese recital (que luego se plastificaría para el doble 'Directo', el cierre de una etapa), Santiago Alcanda escribió en 'El País': "La banda andaluza merece ya la recompensa a su empeño en corresponder con un aprendizaje serio a la inquietud briosa de sus primeros días". 'A tu alcance', el siguiente disco, publicado dos años después, ya hizo buena la promesa que supo oír Alcanda, con canciones como 'Sabor de amor' o 'Reina del Caribe'.

El ahora mismo

Javier Ojeda y los suyos viven una efervescencia que no termina: como solista y con banda, sus dos carreras paralelas, firman más conciertos que en los mejores tiempos. ¿Cómo lo han conseguido? Sencillo: "Es verdad que no supimos adaptarnos a los nuevos tiempos musicales, cuando llegó internet y se esfumó la fama. Pero sí nos hemos adaptado muy bien a saber tocar donde sea. No se nos han caído los anillos por ello", argumenta el vocalista. Otra forma de enfocar la carrera, otro tipo de éxito. Siempre con horizonte en la mirada de Javier: "La banda sigue sonando de puta madre y me lo sigo pasando de puta madre con estos cabrones", resume el cantante.

Los que vienen danzando: Jassy Ojeda y Mar Louise

Dos hijos de miembros de Danza Invisible, Javier Ojeda y Manolo Rubio, han decidido dar un paso al frente e iniciar unas ilusionantes carreras musicales. Por un lado tenemos a Jassy Ojeda, de 18 años, que ha lanzado un tema, Ya no estaré. "La plataforma discográfica, la edición, el videoclip… Todo lo han hecho ellos, yo no he movido un dedo", asegura el padre, Javier, orgulloso. A pesar de su temprana edad, Jassy tiene ya su propia productora, Producciones P.A.R., junto a su amigo Roberto Delgado, y se encuentra en proceso de descubrir si le atrae más el camino de la interpretación o de la música, o ambos: "Por eso estoy estudiando esta carrera que me permite tocar un poco todo. Pero lo que sí sé con seguridad es que será algo relacionado con el arte", garantiza Jassy. aunque alguna vez Jassy había colaborado haciendo algunas voces en un disco de su padre o subiéndose con él a algún escenario, durante un tiempo dejó de interesarse tanto por la música. Aunque, en el fondo, el cantante de Danza Invisible sabía que el tiempo de la música llegaría, y que solo tenía que esperar el momento perfecto. Ahora no se molesta en ocultar que está encantado con que su hijo haya decidido seguir sus pasos.

De otro lado tenemos a Mar Rubio, o artísticamente hablando Mar Louise, que lanzó hace pocos meses 'Songs for the bus', cinco canciones valientes y personales de esta joven de 21 años que a los 5 ya frecuentaba el Conservatorio de Música y a los 15 subía vídeos de versiones a YouTube. Su música nada tiene que ver con las canciones pegadizas y tarareables de Jassy Ojeda; y es que el pop íntimo de MarLouise está muy influenciado por unas vivencias marcadas por la depresión y las fases oscuras de la adolescencia y primera juventud.

¿Y el fin?

A Javier Ojeda en plenas celebraciones no le apetece hablar del final inevitable de Danza Invisible pero sabe que llegará, más pronto que tarde: "Quieras que no todo tiene un final... Ten en cuenta que hay algún componente que está muy cerca de la edad de la jubilación. Sinceramente, dudo mucho de que lleguemos a los 45 años. Aunque te digo una cosa, cuando hicimos el 35 aniversario yo dudaba mucho, muchísimo de que fuéramos llegar a los 40. De hecho, en el año de la pandemia pensaba que le grupo iba a desaparecer. Tenía muchos conciertos solo, proyectos en solitario, pero el resto del grupo entró en esa especie de apatía depresiva por la que pasaron muchas personas durante la pandemia... Pero, fíjate, aquí seguimos, aguantando".

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