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Entrevista

Jamaica Kincaid: "Escribí este libro en medio de la noche mientras trasegaba vasos de ginebra"

La escritora afroamericana de origen caribeño es una de las más respetadas de las letras estadounidenses | El durísimo libro autobiográfico 'Mi hermano' es uno de los de textos fundamentales de una autora habitual en las quinielas al Nobel

La escritora norteamericana de origen caribeño, Jamaica Kindcaid. LES HORES

La historia personal de Jamaica Kincaid es pura novela. Nació en la isla caribeña de Antigua hace 73 años con el nombre de Elaine Potter, hija mayor de una mujer a la que ella definió como “Saturno devorando a sus hijos”. A los 16 años la envió a trabajar como niñera en Nueva York. Estudió de noche y a base de esfuerzo y tenacidad logró llamar la atención de William Shawn, el todopoderoso editor de ‘The New Yorker’, que le ofreció una columna fija en ‘Talk of the Town’, una de sus secciones estrella. Con el tiempo él se convertiría en su suegro. Ser afroamericana y formar parte de la muy blanca ‘intelligentzia’ neoyorquina en una época tan poco propicia como los 70 es tan solo una de sus señas de identidad. Otra es su literatura: esa carga autobiográfica sin la menor autocomplacencia que impregna su ficción y su no-ficción.

En octubre aparecerá 'Ahora y entonces', su última novela. Junto a 'Autobiografía de mi madre', Lumen y Les Hores recuperan uno de sus mejores trabajos, sus memorias 'Mi hermano' / 'El meu germà’. En él se relata la muerte de su hermano menor, Devon, a causa del sida y la pérdida le sirve para indagar en su historia familiar. Kincaid, una candidata habitual al Nobel, contesta a través de videoconferencia desde su casa de North Bennington, en Vermont. Dedica tanto esfuerzo a cuidar su jardín como a escribir. Últimamente se lamenta de que a diferencia de años anteriores, ahora las flores ya no florecen al mismo tiempo. Conoce el nombre de los pájaros, puede ver linces rojos en la lejanía y acaba de recoger en su huerta las judías con las que cenará.

¿Diría que ‘Mi hermano’, publicado originalmente en 1997, es uno de los libros más importantes en su trayectoria? 

Cuando nació mi hermano yo tenía 13 años y su llegada cambió mi vida porque dejé la escuela para dedicarme a cuidarlo. Coincidió también con el empobrecimiento de mi familia, porque su padre, mi padrastro, enfermó y a mí me mandaron a Estados Unidos para ayudar económicamente a la familia.

¿Cómo era él?

En cierta forma éramos muy similares. Él estaba tan interesado en los libros como yo. Convivimos muy poco tiempo, los tres primeros años de su vida y los tres últimos, pero ya han pasado más de 20 años tras su muerte y sigo pensando mucho en él. Mi casa está llena de fotografías suyas. Creo que cuando escribí el libro no entendí su significado en mi vida, solo a medida que he ido envejeciendo me he dado cuenta de su importancia. Se puede decir que, aunque de una forma distinta, ambos éramos artistas. Él en concreto tenía un don para hacer crecer las plantas, como la tenía mi madre. Yo me esfuerzo, pero el resultado no es el mismo.

El libro tiene la rara habilidad de provocar la emoción sin buscar en ningún momento la lágrima fácil. ¿Fue dolorosa la escritura?

Fue duro. Especialmente, la segunda parte que es cuando hablo de su muerte. Solo pude escribirlo cuando oscurecía y en medio de la noche mientras trasegaba vasos de ginebra. Hubiera podido convertirme en una alcohólica pero no fue así, ahora bebo ginebra muy de tarde en tarde.

"Me gusta esa idea de que cuando se muere alguien emergen muchas otras muertes en ese hecho"

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Da la sensación de que el libro, más allá de la muerte de su hermano, explora su conciencia sobre la mortalidad. ¿Es así?

Cuando murió yo ya había sentido otras muertes, como la de mi editor, William Shawn, pero en el caso de Duncan no fue solo su fallecimiento, también fue el final de su crecimiento como persona. Me gusta esa idea de que cuando se muere alguien emergen muchas otras muertes en ese hecho.

¿Cómo por ejemplo?

Mi madre me encargó el cuidado de mi hermano. En vez de cambiarle los pañales, me puse a leer. Mi madre montó en cólera y quemó todos mis libros. Mis libros entonces eran mi vida, así que se puede decir que fue una especie de muerte.

Ese momento es crucial en su libro y se diría que fundacional en su escritura.

Lo sentí como un ataque. Los libros eran un lugar seguro para mí como hubieran podido serlo el alcohol o las drogas. Tenía una buena colección de libros y todos eran robados porque no me podía permitir comprarlos. Nuestra casa, como todas las casas de los pobres, estaba construida sobre pilotes y allí los escondía, pero mi madre sabía donde estaban y les prendió fuego.

Parece una reacción desmesurada por un descuido que no hizo peligrar al bebé. Además usted era una niña.

Creo que su enfado obedecía más bien al hecho de que yo hubiera escogido otro camino para mí y no el que ella había imaginado, que era tener hijos y cuidarlos. Quería congelarme en su propia depresión autodestructiva y quemar los libros era su manera de detener el proceso que me hizo escritora.

"De niña tenía una buena colección de libros y todos eran robados porque no me podía permitir comprarlos"

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¿Llegó ella a leer sus libros?

Ella siempre me dijo que no. Pero hasta donde yo sé, no era verdad (ríe). Casi me hubiera gustado que no lo hubiera hecho porque eso me hubiera dado una mayor libertad para hablar de ella.

Hay falta mucho valor para llegar sola a Nueva York siendo una adolescente y abrirse paso en ese mundo tan distinto al suyo.

Yo no me reconocía como alguien fuerte. No sabía nada de nada. Ahora echo la vista atrás y me pregunto cómo hice esas cosas, cómo pude sobrevivir. Un psiquiatra me dijo que tenía el gen de la resiliencia. No soy una persona muy calculadora, simplemente creo en la honestidad, siempre que sea posible. No sabía que una podía tener éxito en algo, sencillamente quería hacerlo y lo hacía.

"Durante mucho tiempo fui la única persona negra en los lugares en los que estaba. No me sentí realmente intimidada por los blancos"

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¿Tuvo también que bregar con el racismo?

Seguro que me lo encontré a mi alrededor, pero no me di cuenta. Mi educación se interrumpió, tomé clases nocturnas, obtuve mi diploma y fui a la universidad. ¿Cómo lo hice? No lo sé. Durante mucho tiempo fui la única persona negra en los lugares en los que estaba. No me sentí realmente intimidada por los blancos, quizá sí aprecié un poco más de hostilidad entre las mujeres blancas. Yo solo seguí con mi vida.

¿Cuál fue el detonante que la convirtió en escritora?

Aquellos libros que me quemó mi madre, sin duda: Charlotte y Emily Brontë y Kipling. Novelas del siglo XIX. Hasta que no llegué a Estados Unidos no leí literatura del siglo XX. Al principio estudié fotografía y uno de mis primeros trabajos era describir las imágenes. De ahí pasé a escribir sobre mi experiencia con mi madre.

Es curioso que habiendo pasado la mayor parte de su vida en los Estados Unidos, casi todos sus libros sigan enraizados en Antigua.

Para mí, mi vida en Estados Unidos es un refugio que me permite pensar sobre ciertas cosas, como, por ejemplo, que los 16 años que pasé en Antigua son mucho más extensos que lo que parecen. La medida del tiempo nunca corresponde a su percepción.

"Soy afroamericana por elección no por tradición. Siempre he escrito desde un lugar que no es exactamente el racial"

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Durante años la mayor parte de sus lectores han sido blancos. No sé si en los últimos tiempos hay más afroamericanos.

He escrito durante décadas para el 'New Yorker', una revista con un 95% de lectores blancos, así que mi escritura tenía un prisma blanco. Soy afroamericana por elección no por tradición. Siempre he escrito desde un lugar que no es exactamente el racial y, realmente no estoy muy interesada en ello, porque sin duda es una construcción. Sin embargo, sí estoy preocupada por lo que nos hacemos los unos a los otros. Y una cosa que hacemos es establecer razas y tratarnos mal entre nosotros.

¿Ha recibido críticas por ello?

Una de las grandes quejas en la audiencia de mis primeros libros es que mi principal inquietud no era la raza. En mi primera novela, ‘Annie John’, era muy difícil determinar si la protagonista era negra porque jamás se dice explícitamente que lo es. Y eso viene a cuento de que a menudo creo que todo el mundo es negro hasta que algo me dice que no es así. 

'Mi hermano' / 'El meu germà'

Traducción: Alejandro Pérez / Carme Geronès

Editorial: Lumen / Les Hores

 144 páginas. 17,90 euros


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