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La frescura y autenticidad del arte

"Tapices marinos", de Iyán Castaño, una instalación artística para la Sala LAi de Gijón

Ventana de la Sala LAi.

En la Sala LAi (Laboratorio de Arte íntimo) podemos contemplar, a través de la ventana, una instalación realizada por Iyán Castaño con la colaboración de Begoña Muñoz, directora de este espacio singular que se encuentra en la Calle Rosario 21, en el barrio gijonés de Cimadevilla.

Registro fotográfico de la instalación.

"Tapices marinos" se enmarca en la sólida trayectoria de la Sala LAi, que desde hace más de veinte años expone proyectos artísticos específicos que no solo surgen por su interés estético, también poseen implicaciones sociales, culturales y pedagógicas. En las propuestas de Begoña Muñoz está implícita la importancia del proceso de configuración de cada instalación, montajes integrados en un local que, a pesar de sus limitaciones, ofrece infinitas y sugerentes posibilidades. Hay aspectos concernientes a la gestación y desarrollo de cada trabajo que permiten entender el arte como un engranaje en el que la figura del comisario toma protagonismo, convirtiéndolo en auténtico vertebrador del discurso y que aquí cuenta siempre con la firma del enigmático Klauss van Damme.

Detalle de la instalación.

Propuestas como la que ahora podemos contemplar son necesarias en nuestro panorama artístico, se distancian del aura institucional o del ámbito comercial de las galerías, que, en algunas ocasiones, provocan la pérdida de la frescura y autenticidad que el arte debe poseer. Cansados de ver cómo la reivindicación de las "buenas prácticas" en la gestión artística suele estar en boca de la mediocridad más absoluta, el compromiso, generosidad y coherencia de las propuestas de LAi, permiten afirmar que nos hallamos ante uno de los mejores y más consolidados proyectos artísticos de la región, sólo explicable desde la absoluta libertad en la que se desenvuelve.

La coherencia es un aspecto también presente en la obra de Iyán Castaño (Oviedo, 1996), creador en el que LAi vuelve a confiar tras "Náufragos" (2018), un trabajo centrado en la estampa experimental y directamente vinculado a sus estudios de Grabado y Técnicas de Estampación en la Escuela de Arte de Oviedo. En aquella primera instalación se mostraban troncos de árboles recogidos a orillas del mar que, intervenidos y tallados, cobraban una nueva vida convirtiéndose en matrices de impresión en una relectura de la técnica xilográfica. Ahora, tras completar su formación en la Universidad del País Vasco, no se advierte únicamente una mayor solidez técnica y formal; en "Tapices marinos" también se confirma su compromiso con la naturaleza, fijando su mirada en el mar y su entorno como fuente de inspiración y como herramienta para la práctica artística.

¿Quién no ha contemplado durante la bajamar la belleza de las ondulaciones arenosas que las corrientes y los vientos dejan en la superficie? Su cambiante plasticidad, afectada por las luces y las sombras, ha sido registrada fotográficamente por el autor a lo largo del tiempo, y con una mirada casi de oceanógrafo, analiza la consistencia o fragilidad de esas formaciones sedimentarias convirtiéndolas en un singular soporte/matriz para su arte. En alguna ocasión, extrae directamente el negativo en planchas de yeso, confiriéndole un carácter escultórico, sólido e imperecedero; en otras, coloca el lienzo sobre las ondulaciones arenosas para capturar, mediante la aplicación de leves gradaciones cromáticas, esas formas testimoniales de un momento efímero que pronto se verá sometido a los ritmos cambiantes de las mareas. Hay algo de la estética land-art en estos planteamientos, especialmente de aquellos artistas que recurren al paisaje respetuosamente, sin modificarlo; pero también hay nuevas indagaciones en el ámbito del grabado experimental y sus múltiples posibilidades.

La instalación definitiva está llena de matices. Al igual que el artista se introduce en el entorno marino con una mirada sensible y escrutadora, "Tapices marinos" requiere de nuestro acercamiento y complicidad. Un enorme lienzo cubre prácticamente toda la ventana, su apariencia abstracta, como de nebulosas orgánicas de tonos azules, se ve potenciada por la luz. Una franja inferior –que recuerda a la línea de horizonte– permite visualizar el interior, subrayando cómo la pintura se expande y fluye rítmicamente al igual que, con el vaivén del agua y el viento, la naturaleza crea sus propias formas. Un profundo sentido poético se desprende de la imagen impresa sobre la tela y de la plancha escultórica, recordándonos cómo solo desde los misterios de la creación, lo frágil y efímero puede llegar a doblegar el tiempo.

Tapices marinos 

Iyán Castaño 

Calle Rosario 21, Cimadevilla, Gijón. Hasta el 2 de octubre

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