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Opinión sobre el Premio Nobel de Literatura

Annie Ernaux y unos votos a la Moreneta muy fructíferos

La traductora al catalán de la Premio Nobel de Literatura recuerda la visita de la escritora a Montserrat, que Ernaux relata en 'Memoria de chica'

La escritora francesa Annie Ernaux, en el 2019 cuando recibió el Premio Formentor. Cati Cladera

Annie Ernaux es de esas autoras que transita entre una mirada lúcida, capaz de disecar cualquier experiencia vivida hasta llegar a su esencia, una escritora convencida de que "la memoria es un tipo de conocimiento", que se aferra a la escritura de lo real (rechaza la ficción), y al mismo tiempo deja un margen para que emerja lo innombrable, lo misterioso de la vida, ya sea en forma de pasión amorosa, como en forma de creación artística o de creencia en un ser superior o en el destino. Quizás es en este sentido que hay que tomarse los votos que hizo el 2003 a la Virgen de la Moreneta de Montserrat para escribir una novela, unos votos que se cumplieron pues el lector tiene efectivamente entre las manos Memoire de fille (Memòria de noia).

Aquí rememora su primera relación sexual —casi una violación de hecho— cuando era monitora en unas colonias infantiles en la localidad de S en el Orne, y el trauma que le provocó y que la lanzó a la bulímia, una enfermedad totalmente desconocida en los años cincuenta. Ernaux se observa desde la atalaya del presente, intenta revivir de nuevo cada capa de sentimiento, explorar la fascinación que sentía por el que denomina el Amo, muestra como "hay seres que se sumergen totalmente en la realidad de los otros". Es una experiencia que la desarma, que no sabe cómo explicar-se ni cómo explicarla, pero que está allí, pasada y al mismo tiempo muy presente. Ernaux, después de volver a S, en el Orne, para revisitar el sitio donde todo ocurrió, viaja con una amiga hasta Catalunya y es cuando visita Montserrat. Ahí depositó un beso en los piés de la Virgen ante el asco de su amiga "M" (que se lo ahorró) y puso sus votos. No creo que se pueda hablar aquí de fe cristiana, sino más bien en una creencia en una fuerza que nos transciende y la empuja a salir de sí misma para crear, para escribir.

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