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Ningún héroe sobrevive

Marie Jalowicz cuenta, en su testimonio despojado de sensiblería, cómo siendo judía se las ingenió para permanecer sin ser descubierta en el Berlín nazi

"Clandestina" es el libro de una superviviente que ha sabido contar su historia y la del resto de los judíos, unos 15.000, que intentaron permanecer sin ser descubiertos durante la Alemania nazi, la mitad de ellos en Berlín. Si tenemos en cuenta que al final de la guerra únicamente unos 1.700 estaban vivos, puede considerarse una auténtica proeza.

En 1933, Hitler alcanzó el poder; en 1938 más de cuatrocientos decretos nazis y leyes raciales excluían a los perseguidos de la mayoría de las profesiones, de las escuelas, los teatros y muchos otros lugares públicos; la población judía de Berlín se había reducido a 75.000 personas. Marie Jalowicz Simon, con 15 años, era una de ellas. Joven ingeniosa y aficionada a los libros, a los 18 trabajaba para Siemens en una fábrica de armamento junto con otras mujeres, participaba en pequeños actos de sabotaje y usaba la estrella amarilla solo en los lugares donde podía ser identificada. Un día en medio de la desesperación, cansada, se detuvo en un puente para contemplar el agua y una mujer se le acercó, fijándose en la estrella cosida en su ropa, y desdeñosa le invitó a arrojarse. "Bueno, adelante, hazlo", le dijo. Sin embargo, el suicidio no entraba dentro de los planes, tenía la intención de sobrevivir; precisamente la causa de su angustia era no saber cómo hacerlo. Apenas unos meses antes de su muerte, en 1997, cuando su hijo le puso delante la grabadora para recoger el valioso testimonio de una vida, estaba convencida de que solo el azar, algunos imprevistos increíbles y maravillosos, le habían permitido estar allí para poder contarlo. Aquella entrevista con Hermann Simon, director de la Fundación Nueva Sinagoga de Berlín, vio la luz editada en 2014 con el título "Untergetaucht", que era el término alemán que se utilizaba para nombrar a los judíos de la clandestinidad, y enseguida se convirtió en un clamoroso éxito de ventas.

La historia de Simon, uno de los testimonios más crudos y menos sensibleros sobre el padecimiento que conozco, permaneció durante tiempo encerrada en su propia cabeza. Nadie, ninguno de sus alumnos, todos los años en que ejerció como profesora de Historia de la Antigüedad Clásica en la Universidad Humboldt, le oyó referirse a ella. Solo con el paso del tiempo se fue soltando poco a poco, pero nadie intuía, ni su propio hijo que le animaba, que un día iba a decidirse a contarla de manera íntegra y pormenorizada. Con gran acierto editorial, "Clandestina" está escrita con penetrante perspicacia y franqueza, hasta con sentido del humor, y de su lectura se extrae la conclusión de que la supervivencia de Marie se basó, además de en la casualidad, en otros factores decisivos: el enorme coraje y la audacia que templaron el miedo escalofriante que casi la consumía; la ayuda valiente y peligrosa de muchos resistentes no judíos, todos descritos con deliciosos detalles novelescos, que le proporcionaron refugio, comida y documentos de identificación falsos. Y sí, finalmente, la pura suerte, que jugó un papel primordial en la supervivencia de muchas víctimas del Holocausto. Soportó trabajos forzados, tuvo la fortuna de encontrase en su camino con nazis indiferentes que ignoraron sus documentos de identificación obviamente falsos, eludió repetidamente a la Gestapo y sus espías, vivió al lado de simpatizantes de Hitler a quienes engañó, y sufrió un aborto espontáneo autoinfligido. Cuando terminó la guerra, salió de su escondite y, al igual que otros sobrevivientes, reconstruyó gradualmente su vida destrozada en lo que pronto sería Alemania Oriental. Contrajo matrimonio y se convirtió en profesora. "Me hubiera gustado llorar de alegría y alivio", recordó sobre su liberación, "pero no me sentí emocionada".

Del mismo modo, no se percibe nítidamente ese sentimiento en "Clandestina", los recuerdos de Simon brindan una visión fascinante de la psicología de quienes están dispuestos a ayudar. En su caso, algunos eran seguidores de los nazis y antisemitas que, sin embargo, pudieron establecer una distinción entre lo específico y lo general, entre Simón y la multitud judía. Otros actuaban de forma desinteresada por motivos egoístas. Como la señora Koch, que le permite asumir su identidad durante la vida clandestina simplemente para tener cerca a un ser pobre, dependiente y necesitado, poder acariciarlo y consolarlo. O los dos años transcurridos con el holandés inexperto sexual, emocionalmente inmaduro que necesitaba un ama de llaves. Simon satisfizo todas sus necesidades, a menudo la golpeaba; pero incluso los moratones le ofrecían la prueba de normalidad en una sociedad acostumbrada a la violencia doméstica y la hacían pasar desapercibida. No hay héroes ni heroínas buscando la supervivencia en este relato cruel y poderoso que es "Clandestina". Solo víctimas que se las apañan.

Clandestina

Marie Jalowicz Simon

Traducción de Ibon Zubiaur

Periférica & Errata naturae, 472 páginas, 24 euros

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