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El retorno de Concha Alós

La novela "El caballo rojo" transmite sin ambages la opresión de los años de guerra y posguerra y el silencio atronador del miedo

Cultura - Libros

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M. S. Suárez Lafuente

Concha Alós (Valencia, 1927-Barcelona, 2011), autora de relatos breves y de nueve novelas, ganó el premio "Planeta" con "Los enanos" en 1962 y "Las hogueras" en 1964, si bien el premio por "Los enanos" le fue retirado por problemas con los derechos editoriales. A pesar de ser una autora muy leída en las décadas de 1960 y 1970, no fue una favorita de los críticos y, con la llegada de la democracia, su obra quedó prácticamente arrinconada, hasta que la editorial La Navaja Suiza inició la recuperación de su obra con el libro de relatos "Rey de gatos. Narraciones antropófagas" (1972) en 2019, "Los enanos" en 2021 y el recién publicado "El caballo rojo".

La obra de Alós es eminentemente realista y no escatima detalles duros o escabrosos. Su prosa es descriptiva, lenta y transmite sin ambages la opresión de los años de guerra y posguerra, el silencio atronador del miedo, de la cercanía de la muerte y del vacío envolvente de los sentidos, así como de los pocos rasgos de humanidad que sobrevivían a la decrepitud existente: "Todo estaba viejo y algunas cosas habían desaparecido, a pedazos". Solo las estrellas mantenían incólumes un destello de esperanza "enseñando a los navegantes el norte geográfico como en tiempos de paz".

Alós vierte una aguda crítica social en cada párrafo, por lo que hubo de revisar abundantes pasajes para soslayar los problemas con la censura, si bien consiguió tratar temas tabú como la miseria en que vivieron los más pobres y quienes perdieron la guerra, las relaciones sexuales abusivas, el aborto o la homosexualidad, llegando a escribir un crítico, en 1985: "Escribir de este modo no procede tratándose de una mujer".

"El caballo rojo" (1966), quinta novela de Alós, está inspirada en la experiencia de su autora cuando, de niña, huyó de Castellón con su familia ante la llegada inminente de las tropas franquistas y pasó un año "desterrada" en Lorca, en donde algunos lugareños miraban con desconfianza a los "refugiados". El vocabulario utilizado por Alós y las reflexiones de la niña Isabel dan una idea de la ruptura personal y social que sufrió la gente durante la guerra, acentuada por el hecho de que al volver a Castellón, la ciudad está destruida, muchos de sus amigos y conocidos han muerto y la vida ya nunca será lo que hubiera podido ser.

El título de la novela alude al nombre del café en el que es camarero el padre de Isabel, donde se reúnen los desplazados por el conflicto bélico, malviviendo entre prebendas, mentiras y humillaciones varias. La concentración de personajes en el café nos permite conocer diferentes situaciones personales y convierte la novela en un testimonio colectivo.

El pan, con "su olor macizo y aromático", figura como uno de los recuerdos fundamentales del paraíso perdido que fue el tiempo anterior al estallido de la guerra, e Isabel, "en sueños, muchas noches se come una hogaza". El ansia por comer pan es un tema recurrente en la literatura de cualquier país que haya experimentado la hambruna que acarrean las guerras. La deshumanización que comporta no tener una vivienda "decente" está representada aquí por la familia del practicante, cuya mujer, "mientras preparaba la comida, podía ver los pies de la gente que pasaba por la acera", a la manera de "El tragaluz" (1967) del dramaturgo Antonio Buero Vallejo.

El hecho de que la novela esté dividida en cuatro partes, una para cada estación del año, sin que haya un cambio significativo que las distinga, podría indicar el carácter cíclico y destructor de los conflictos bélicos, presentes siempre en alguna parte del mundo y que surgen y resurgen sin que, aparentemente, se puedan frenar, como un caballo desbocado.

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El caballo rojo

Concha Alós 

La Navaja Suiza, 226 páginas, 16,90 euros

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