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música

Barenboim, 80 años

El pianista y director es ya una leyenda viva de la interpretación musical

Barenboim, firmando autógrafos en el Auditorio de Oviedo en 2018. | LNE

El mundo de la música clásica suele celebrar los hitos biográficos de sus representantes egregios con un concierto-homenaje en el que el propio festejado tiene presencia importante.

El pasado 15 de noviembre el maestro Daniel Barenboim cumplió ochenta años y no se pudo realizar el concierto previsto en su teatro, la Staatsoper Unter den Linden de Berlín. Problemas de salud lo mantienen desde hace unos meses alejado de los escenarios y es el suyo un apartamiento que el sector siente con intensidad porque su influencia y prestigio universal se mantienen intactos y han sido decisivos.

Barenboim es una leyenda viva y ese honor ha llegado no sólo con el paso del tiempo, sino que está refrendado por una biografía apasionante, plena de hitos y de compromiso, con perfil político que no ha estado al margen de las grandes cuestiones. Quizá la mezcla de su soberbia calidad musical y de no ponerse de perfil en asuntos delicados ha forjado un carácter que le da un peso específico muy relevante en un sector que, demasiadas veces, está ensimismado en su burbuja de conformismo, ajeno a los debates que marcan el pulso de la realidad de cada momento.

Nacido en Buenos Aires, hijo de judíos de origen ruso, debutó como concertista de piano con siete años y se convirtió, poco a poco, en uno de los más grandes pianistas. El salto a la dirección orquestal supuso para él abrirse a un mundo nuevo de posibilidades creativas y ha sabido mantener ambas trayectorias sin renuncias, siempre con la vocación de la excelencia como meta. De hecho, su labor en Berlín es asombrosa por los objetivos alcanzados y por la renovación total –incluida la de las propias salas de conciertos– en la que ha estado involucrado sin descanso.

Otro aspecto en el que Barenboim ha estado y está en primera fila, luchando con la música como principal ejemplo y herramienta, es el de su implicación para conseguir una solución pacífica al conflicto árabe-israelí. De hecho, el impulso de una serie de talleres que agrupase a músicos jóvenes israelíes, palestinos, libaneses y jordanos, realizados junto a Edward Said, fue el germen de la West-Eastern Divan Orchestra, formación en la que demostró la capacidad de la música para integrar y reconciliar. El proyecto obtuvo en el año 2002 el Premio "Príncipe de Asturias" de la Concordia.

Barenboim mantiene, de manera sostenida, una especial vinculación con España, especialmente con ciudades como Madrid y también con festivales como el de Granada, en el que ha actuado en numerosas ocasiones. En Oviedo se ha podido disfrutar de su presencia también en varias ocasiones y en su doble faceta como director y pianista, con la Orquesta del Diván, invitado por la Fundación Princesa de Asturias y, en su última visita, en su faceta como pianista en un tumultuoso recital en las Jornadas de Piano "Luis G. Iberni" en el Auditorio de Oviedo. Fue aquella una velada en la que la tensión de los fans se desbordó y en la que él tuvo que llamar la atención al público por las toses que se producían en la sala. Pese a ello, al final firmó discos con paciencia infinita atendiendo a los cientos de aficionados que querían tener contacto directo con uno de los músicos sin lugar a duda más relevantes en una época convulsa en la que él ha sabido mantener el rumbo firme ensanchando al gran público la belleza del patrimonio musical de la humanidad.

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