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De lo íntimo a lo universal

Ramón Rodríguez festeja con sus collages el medio siglo de vida de la galería Amaga

Vista de la exposición.

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Santiago Martínez

No es frecuente que una galería de arte celebre su 50ª. aniversario, pero Amaga ha mostrado que, con empeño e ilusión, se puede conseguir. Asistí el pasado 17 de febrero a la celebración de la efeméride y allí estaban María Braña, José Arias, Gil Morán, Encarnación Domingo, José María Rielo, Pepe Truyés y muchos más artistas de referencia de este espacio expositivo. Desde su fundación allá por 1973, de manos de María Ángeles Álvarez Banciella y, ya en el siglo XXI, con Angélica García como continuadora y actual directora, han pasado por su sala una infinidad de artistas. Han apoyado y promocionado a varias generaciones de creadores y creadoras, contribuyendo a la configuración de la historia del arte contemporáneo, enriqueciendo el panorama artístico asturiano. El acto fue doblemente emotivo, porque Ramón Rodríguez presentó su propuesta "1.001: una odisea del despacio", una atractiva instalación de collages que completa las interesantes muestras que, desde principios de año, ha venido desarrollando en Avilés.

collage 1

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Es gratificante que un espacio comprometido con el arte actual perdure en el tiempo, y que consolide su existencia en una época como la presente –en la que la vulnerabilidad de todo, y más aún de las artes plásticas, es tan evidente–, sobreviviendo y evolucionando, adaptándose a los tiempos. Esta galería es un referente al que recurrir, en la que destaca el esfuerzo y la generosidad de sus directoras. En más de una ocasión, mis estudiantes de arte y diseño han pasado por allí para consultar y aprender de Angélica García, de su profesionalidad y de esa energía positiva que desprende. Hay que subrayar una programación de exposiciones en la que se apuesta por jóvenes valores, y así lo advertimos recientemente en "Ecos", una interesante propuesta de Adrián Martínez que, gracias a este impulso inicial, podrá seguir profundizando en sus mundos, que se intuyen prometedores.

La galería Amaga ha vivido y sigue viviendo los cambios que la vida y el arte están experimentando. Primero, María Ángeles Álvarez, en el último cuarto del siglo XX, y ahora Angélica García, han sabido adaptarse a las profundas transformaciones de la estética contemporánea. Se podría decir que "1.001: una odisea del despacio" es un broche de oro para este 50ª. aniversario, pero también lo es para la propia trayectoria artística de Ramón Rodríguez, un creador capaz de compaginar su vertiente artística con la de gestor cultural, director artístico y pedagogo, imprescindible en el ámbito cultural asturiano. A él agradezco la dirección y edición de "Papeles Plástica", una revista de arte (creada desde la Casa Municipal de Cultura de Avilés entre 1980-1988) que se convirtió en referente.

collage 2

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Se podría entender esta muestra como un complemento perfecto de las exposiciones que ha realizado recientemente y que son prueba de su enorme versatilidad. En "1.001: una odisea del despacio", pequeños collages de 15x9 centímetros configuran grandes murales cromáticos y geométricos. Más allá del guiño de su título, que remite a la novela de Arthur C. Clarke y la película de Stanley Kubrick, estamos ante una propuesta centrada en la importancia del proceso de creación, un trabajo en el que el autor se apoya en el oficio, en el concienzudo trabajo en el taller y donde un material recuperado del olvido, acumulado en carpetas, ha adquirido otra dimensión plástica. Es hermoso dar una nueva vida a estos fragmentos de papel que, en su momento, fueron desechados. Toda una vida de reflexión, de experimentación, de aciertos, de dudas y descartes. En la exposición se advierte su dominio técnico y formal, pero también se desprenden esos aspectos lúdicos, e incluso terapéuticos, que toda obra de arte debe poseer. El interés por las composiciones geométricas, no muy frecuentes en el autor, ya se percibió en una interesante muestra de 2015 titulada "Al fin la geometría", y que pude contemplar en la galería Alfara de Oviedo, donde asistimos a las posibilidades y calidades de la impresión digital pero, sobre todo, a las infinitas posibilidades sensoriales de un trabajo surgido desde el rigor constructivista.

Los ritmos plásticos de esta instalación en Amaga contienen un cierto carácter musical, las paredes de la sala actúan como una partitura visual, las notas son una combinación perfecta de forma y color para que quien las contemple recree su propia composición, de este modo nos hace partícipes activos de su trabajo, involucrándonos en la cadencia creativa, en su tesitura y registro tonal. Hay importantes referentes en este sentido, desde los papiers collés de Henri Matisse, hasta las hermosas y luminosas vidrieras de Fernand Léger.

De lo íntimo a lo universal

Obras de Ramón Rodríguez. / Santiago Martínez

Ramón Rodríguez completa un círculo creativo con esta muestra, y desde la sencillez y naturalidad que le caracteriza, consigue que los ritmos plásticos nos trasladen a los ciclos de la naturaleza y de la vida, mostrándonos cómo desde la creación más personal e íntima se puede transcender a un orden universal.

1.001: una odisea del despacio

Ramón Rodríguez

Amaga, Galería de Arte, c/José Manuel Pedregal 4, Avilés. Hasta el 18 de marzo

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