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Poeta al encuentro con el mundo

El canario Andrés Sánchez Robayna ve publicada su obra completa, que recoge más de cincuenta años de escritura con un ámbito creador propio

Andrés Sánchez Robayna.

Andrés Sánchez Robayna. / Pablo GARCÍA

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Juan José Rastrollo Torres

En una nota de la nueva edición de "En el cuerpo del mundo. Poesía completa", Andrés Sánchez Robayna (Las Palmas, 1952) apunta: "Para mí, el poeta debe siempre romper las trampas de la privacidad, la obturación del subjetivismo, para acceder a una zona abierta de encuentro con el mundo". Considerando que esta edición condensa más de 50 años de obra lírica, tal declaración resulta reveladora por su carácter unificador.

El volumen cobra especial relevancia porque revisa la edición agotada de su poesía reunida, "En el cuerpo del mundo" (2004); la selección publicada en Cátedra, "El espejo de tinta" (2010), y "Al cúmulo de octubre (Antología poética: 1970-2015)", editada en Visor (2015), donde el autor ya nos avanzaba nuevos poemas, que han ido tomando cuerpo en, hasta la fecha, su última entrega, "Por el gran mar" (2019), y en sus composiciones posteriores. Y decimos "revisar", porque la lógica interna de este libro presupone, para el lector de poesía reflexiva y estéticamente rigurosa, el acercamiento a una lírica que es una especie de oasis en el actual panorama poético hispánico y porque puede representar la imprescindible relectura y parada retrospectiva en los poemas con mayor latencia en el presente creativo del autor.

Sobriedad y coherencia siempre se asocian a la obra poética, crítica, diarística y de traducción de este autor galardonado con el Premio Mallarmé Étranger 2022. Una obra singular (y excepcional) que –al margen de modas– ha ido gestando su particular tradición y un ámbito creador propio, que halla en la luminosidad de la naturaleza el espacio de reflexión y manifestación de la sacralidad en lo real a través de elementos como el sol, la duna, la retama, el cielo estrellado, el viento, el rayo luminoso, la roca y el mar; y a partir de objetos fetiche como el vaso, la vela, las campanas y el mismo libro en continua escritura, que identifica con la corporeidad del mundo. Y así, desde esa misma mitología de la luz (en el sentido de "tiempo que se piensa", según Octavio Paz), cada uno de sus libros ha ido desgranando la celebración del verbo, el abrazo del espíritu (al margen de lo confesional) y la creación de libertad a través del lenguaje.

Pese a la notoria unidad del proceso espiritual que esta poesía ha ido trazando, la crítica establece tres ciclos en la obra de Sánchez Robayna. Pero, como ha confesado el autor, no existen cortes en su trayectoria, más bien un proceso intelectual y espiritual "purgativo de la palabra" aún por cerrar. La publicación de este tomo hace más palmaria esta reflexión. En los poemas del llamado primer ciclo (1970-1985) –de "Día de aire" a "La roca" (Premio de la Crítica) y "Tríptico"—, ya apreciamos cómo cristalizan sus claves de lectura o "flechas de sentido": la errancia del "pasajero de la luz" por la naturaleza, el mundo como crisol-texto (léase "El espejo de tinta"), el cúmulo alumbrado, el deseo, la transparencia, la indagación metafísica, el desprendimiento del yo en aras del protagonismo de la luz, el cuerpo del mundo, el vínculo entre poesía y artes plásticas, el sentido ceremonial de la palabra "que late desde el fondo de la roca" ("Día de aire, V"), el "sentimiento oceánico", el silabario del cielo estrellado y el desierto como acendrado espacio de reflexión.

En el segundo periodo (1986-1999) –de "Palmas sobre la losa fría" hasta "Inscripciones"– gira hacia la reflexión sobre "el ser en el tiempo" y la meditatio mortis: "Oh muerte, / que entregas solo oscuridad, / te ofrezco, / desde lo intermitente, bajo el cielo, / palmas sobre la losa fría". Junto con "Sobre una piedra extrema" (1995) y "Fuego blanco" (1992), "Palmas sobre la losa fría" es aquí el libro donde con mayor claridad cristaliza una poesía metafísica de tono mítico (casi místico). El ámbito sagrado, donde se sumerge para desencriptar el primigenio sentido de las palabras, es el del no-tiempo y el no-lugar, silencio y quietud. Asistimos a un alumbramiento: el rescate de espacios y tiempos sagrados a través de la palabra poética. En este sentido, "En el cuerpo del mundo", que da título al libro, sintetiza sus preocupaciones estéticas sobre el llamamiento de lo sagrado.

En el tercer ciclo del autor (de 2000 a hoy), el núcleo vuelve a ser el tiempo (y la memoria), pero desde la exploración autobiográfica. Paradigma de ello es "El libro, tras la duna" (2002), poema extenso que desarrolla en 77 fragmentos la errancia transcendental y vital de su "imaginación meditativa". En esta autobiografía sobre la conciencia y la memoria, resuelve el trance de reflexionar acerca de determinados episodios de una vida en los que reverberan aquellas "flechas de sentido": los médanos, el cuerpo del mundo, el silabario del cielo estrellado, el mar extendido, el volcán, la silente existencia de la retama y, sobre todo, la "nube clarísima del no saber". Además, hay una presencia absoluta de la metáfora del mundo como libro porque, en definitiva, para el poeta canario todo en la vida es libro: "En el libro del cuerpo leí el alma. / Y comprendí que el cuerpo / compone, con el alma, un solo libro, / soberana unidad de un dios entero".

El poeta emprende una larga exploración de los signos de la conciencia y del mundo

En otro sentido, en las siete series que constituyen "La sombra y la apariencia" (2010) y en su último poemario, "Por el gran mar" (2019), se revelan otros aspectos que singularizan la nueva singladura: la omnipresencia del mar; el desdoblamiento del sujeto lírico en un tú a quien se habla ("Caminaste, una sombra apenas por la hierba, / hasta la piedra escrita", en "Cementerio del Testaccio"); el viaje a nuevos territorios e islas para habitar otros misterios ("En el centro de un círculo de islas" describe una visita en barco a Delos y en "Patmos" el pasajero de la luz medita al atardecer sobre el silencio y la palabra reminiscente); la reflexión sobre la herrumbre de los siglos y su "apariencia" visible (las desconchaduras del muro encalado, en "Breve meditación sobre la cal y el tiempo"); lo sagrado, manifestado a través de la música, en el "Homenaje a Henryk Górecki" ("La voz asciende, nítida, de cuerpos arrasados, / del humo y la ceniza, de pozos que aún se ahondan, / de muertos que ya nunca volverán a morir, / oh música porosa"), y la pulsión de la nada como centro inmóvil que inocula el todo, en "Reflejos en el día de año nuevo" (uno de los poemas más bellos sobre el sentimiento de la nada). En los versos del largo poema, estructurado en 35 fragmentos, "Por el gran mar", se vislumbra una nueva vía poética con una mayor presencia de lo sagrado, intuida a veces desde el sentimiento doloroso de la pérdida y la búsqueda constante de lo oculto: "Lo supe entonces. Titiló la estrella. / Eras tú, que venías a verme, y me buscabas, / ávida, más allá del otoño y la noche. / Todo volvió a nacer, oh dios tardío".

Y, cerrando, el conjunto "Nuevos poemas" (2010-2022) permite adivinar una incipiente vía poética de raíz horaciana, donde adquiere relieve el acercamiento al otro, cierto tono de acabamiento y una notoria presencia del sentimiento elegiaco ("La muerte astilla todo cuanto existe / en el aire del mundo"), aunque también se adivina el mensaje esperanzador de que es posible otra vivencia de lo sagrado y otra forma de estar en el mundo: "En realidad, es algo / simple, como cuando, de niños, nos asalta / una perplejidad al ver el agua, / en la acequia, correr hacia un lugar / que ignoramos. Un agua limpia, como / desnuda de sí misma, y la mano no puede resistir / hundirse en la corriente, tocar la transparencia".

En definitiva, una visión panorámica completa de la larga singladura del poeta canario, de su prolongada exploración de los signos de la conciencia y del mundo. Para los que hemos ido asistiendo a la progresión del autor, representa la recreación de unos textos que, releídos, parecen otros. Para el nuevo lector, recomendamos que se abisme en esta floresta y disfrute del descubrimiento de un significativo poeta.

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En el cuerpo del mundo. Poesía completa 

Andrés Sánchez Robayna

Galaxia Gutenberg, 456 páginas, 24 euros

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