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Entrevista | Roger Wolfe Poeta y escritor en prosa, clausuró el seminario "Poemas en la Universidad de Oviedo", invitado por la UNED y la Cátedra Ángel González

"El arte es un todo, la antorcha va pasando de unos a otros"

"Sigo siendo el mismo, pero uno va avanzando y progresando, quizá para volver siempre al mismo lugar; en cada época de la vida intentas ir diciendo las cosas de forma un poco diferente"

Roger Wolfe, durante su reciente visita a Oviedo.

Roger Wolfe, durante su reciente visita a Oviedo. / David Cabo

Chus Neira

Chus Neira

Roger Wolfe (Westerham, Kent, 1962) clausuró recientemente con la charla "Las músicas del verbo" el VI Seminario PoeMas organizado por la UNED y en colaboración con la Cátedra Ángel González de la Universidad de Oviedo. Afincado en Madrid desde hace años, el regreso del poeta y narrador a la que también fue su tierra coincide con el año en que Renacimiento ha publicado el segundo tomo de su poesía completa, "Toda esta poesía" y con los treinta años de la publicación del seminal "Arde Babilonia" (Visor, 1994).

–A usted siempre le ha interesado mucho la música popular contemporánea.

–Soy aficionado desde que tengo uso de razón y, de hecho, algunos de mis primeros experimentos con la poesía tuvieron que ver con unas traducciones que en su momento hice de "Los Beatles". Hablo de cuando tenía catorce años. La música siempre me interesó mucho. Empecé con John Denver y otros cantantes de folk americano, y cuando empecé a hacer audiciones algo más serias me introduje en el ámbito de la música que podríamos llamar más poética: Leonard Cohen pero también Lou Reed, Neil Young… Y me ha influenciado mucho también el rock español de "Burning", "Leño" o "Los Ilegales". Ha habido una relación e interrelación constantes entre mi escritura y la música, hasta el punto de que algunos de mis poemas, son versiones libres de Cohen o de Lou Reed.

–No piensa en la canción como una obra literaria menor respecto al poema.

–El poema es una cosa y la canción, otra. Tienen cosas en común, pero son diferentes. Yo soy partidario de que las letras de rock o de pop sean sencillas, fáciles de entender, que lleguen al público de una forma más abierta y más sencilla que el poema. El poema es algo mucho más sofisticado y cargado de referencias. Es verdad que hay músicos muy literarios

–Cuando traducía a "Los Beatles" con 14 años, ¿ya estaba en España?

–Sí, cuando mis padres vinieron a vivir a Alicante yo tenía cuatro años. Cumplí cinco aquí, en octubre de 1967.

–Ya era angloparlante.

–Sí, luego se injertó en mí el español, que también hablo como un nativo, por haberlo aprendido con cinco años. Así que soy absurdamente bilingüe, nativo en los dos idiomas.

–¿También tiene las dos culturas? ¿No perdió la británica?

–He vivido aquí aunque también en diferentes épocas estuve en Inglaterra. Estudié allí y he regresado bastante. Por otra parte, nuestro hogar en España era inglés. Mis padres no hacían mucha vida social con españoles y nos manteníamos como un microcosmos británico. Fuera de casa yo iba al colegio de la Inmaculada, los jesuitas de Alicante, y allí era uno más en la vida española. Era una simbiosis perfecta.

–Volviendo a la música, ese interés le ha llevado también a protagonizar distintos proyectos con músicos.

–Sí, en el marco del POEX, en Gijón, hicimos hace pocos años un show con Alfonso Lantero, excomponente de "Ilegales", y Román Fernández, un músico de Mieres. Con Diego Vasallo, además del disco que sacamos, estuvimos en Cosmopoética con Suso Saiz. Y he hecho también ese tipo de shows con Rafa Berrio, tristemente fallecido. Era un magnífico compositor, un verdadero poeta, uno de los mejores cantautores que había en España. Pero sí, el "spoken word" me gusta mucho y en mi blog también subo cosas relacionadas con esto.

–Su obra poética la vemos crecer en ese blog pero no en nuevos libros.

–En Renacimiento está saliendo mi obra poética completa hasta la fecha. Este año ha salido el segundo tomo y quedan otros tres. Renacimiento también publicó en 2021 "Pasos en el corredor", que es la segunda edición de un poemario que había salido en una edición casi de autor anterior. Luego está mi blog, sí, "La bitácora del hombre solitario", que considero un libro en marcha, un gran libro virtual. Ahí voy publicando varias cosas, todas las semanas, incluso varias veces a la semana.

–¿Se ha querido alejar del mercado editorial?

–No. Lo que pasa es que publicar siempre ha sido difícil y en los últimos años es más complicado que nunca. A mí me gustaría tener una relación con un editor que me sacara todo, poesía y prosa. A finales de la primera década de este siglo conseguí algo parecido con la editorial Hucanamo. Me publicaron varios libros y cogí carrerilla, pero luego llegó la crisis financiera y la editorial cerró. Así que ahora voy publicando donde puedo y lo de subir las cosas a la bitácora me permite la inmediatez y el contacto directo con los lectores. Pero no hay una motivación especial. Sigo escribiendo como siempre.

–Con tanta obra, y con la edición de unas poesías completas en marcha, ya puede echar la vista atrás y pensarse un poco. ¿Qué ve?

–Son muchos años. El primer libro, de 1986, "17 poemas", lo presenté aquí, en Oviedo, en Ojanguren, en 1987. Ya ha llovido. Sigo siendo el mismo pero uno va avanzando y progresando, quizá para volver siempre al mismo lugar. En cada época de la vida uno intenta ir diciendo las cosas de forma un poco diferente.

–¿Qué relación tiene con obras como "Arde Babilonia"?

–Me queda un poco lejos, pero en muchos sentidos soy el mismo. La propia biología te va a haciendo cambiar. La energía que uno tiene, la rabia… No es la misma, te vas distanciando. Hace ya muchos años que publiqué ese libro,

–Exactamente 30 años. Fue un libro importante

–Es quizá uno de los más conocidos porque se publicó en Visor y tuvo mucha repercusión.

–Lo escribió cuando vivía en Gijón.

–Sí, a principios de los noventa. Había venido a vivir a Asturias en 1983, a Oviedo, para dar clases de inglés en una academia. Luego establecí vínculos personales. Mi mujer es asturiana y mi hija nació aquí. Yo me había marchado, pero regresé y estuvimos diez años en Gijón.

–¿Se encontró bien aquí? Estamos más cerca de Inglaterra que Alicante.

–Climatológicamente es muy parecido. Hoy es un día típicamente inglés. Y asturiano. Al final uno establece vínculos muy estrechos con la tierra, con el clima. A mí son cosas que me marcan mucho. Como la presencia de esos paisajes, los asturianos y los ingleses. También los madrileños, llevo en Madrid 25 años.

–¿Ha ido dejando atrás el paisaje urbano que estaba tan presente en su poesía?

–El entorno urbano era muy importante en un principio, pero también es verdad que la naturaleza está muy presente. Siempre he sido un enamorado de la naturaleza y quería ser naturalista. Por otra parte me considero, más que ecologista, conservacionista, que es la palabra más antigua. Me hubiera gustado una vida más natural, más rural, pero uno lleva la vida que puede llevar.

–¿Lleva toda la vida deseando una vida en el campo?

–Me gustaría, sí. Un hombre tiene que tener una casa, o un lugar que pueda llamar su casa. Precisamente estos días he estado traduciendo un poema de William Butler Yeats que se titula "Mi casa". Lo tengo aquí (señala el móvil), lo grabé ayer. A veces hago traducciones y otras voy un poco más lejos y versiono el poema. Estará de acuerdo conmigo en que la poesía hay que recrearla. Este poema, por ejemplo, estaba traducido en una versión en Alianza y no me convencía. A veces me permito demasiadas libertades, pero es que lo del traduttore/traditore es cierto en el buen sentido. Y tiene que ser así. Muchas veces se trata de volver a crear el poema y en ese proceso a veces lo haces tuyo.

–¿Hasta dónde se puede llegar?

– A veces pienso que me gusta más hacer versiones de material ajeno que cosas propias. En la poesía y el arte, creo, el concepto de autor es un poco vago. Al final no es demasiado importante. Sí creo en la importancia del autor como individuo, pero el arte es como un río heraclitiano, y lo que llamamos autores son puntos donde se condensan más las partículas de ese flujo. En realidad, el arte es un todo, y nos vamos pasando la antorcha unos a otros. Lo que escribe aquí Yeats lo recojo yo y si tengo suerte se lo paso a otro. Y así sucesivamente.

–¿Y eso de grabarse recitando?

–Yo prefiero decir "hablar". Es el término de los actores en el mundo anglosajón. Eso es lo que hacemos cuando leemos en voz alta, hablamos.

–¿Pero por qué lo hace?

–La sonoridad de la palabra es maravillosa. Me encanta, me gusta muchísimo la expresión oral. Ya sé que el poema está diseñado para ser escrito y que tiene que funcionar en la página. Porque la palabra hablada también puede ser muy engañosa. Recuerde lo que decían de Camarón, que si se hubiera puesto a cantar la guía de teléfonos hubiera sonado como una obra maestra. Por eso digo que me gusta que las cosas funcionen en la página, aunque algunos textos hablados adquieren una sonoridad máxima que puede llegar a ser sublime. Ahí está Shakespeare, que está para oírlo, no solo para leerlo. A Borges le volvía loco la sonoridad del inglés.

–Entonces, cuando escribe, ¿también habla, recita?

–Cuando estoy trabajando, no. Decía Flaubert que la prueba de fuego del texto escrito era leer la página en voz alta y que siguiera funcionando, pero no, yo no estoy de acuerdo, por lo que digo de que la palabra hablada es engañosa.

Me fascina hacer que las cosas encajen en otro idioma; traducir es recrear, el escritor traduce sus propios pensamientos

–No es lo mismo, pero Hunter S. Thompson decía que había aprendido a coger el ritmo de los autores importantes a base de transcribir sus páginas.

–Es interesante. Yo lo hice de otra forma. Aprendí a escribir prosa narrativa traduciendo. Hice mucha novela negra para Júcar. Traduje a James Crumley, alguna de Lawrence Block. También, para Anagrama, algo de Burroughs y aquel de Bukowski de "El capitán salió a comer y los marineros se hicieron con el barco". Para mí fue una escuela que no tiene precio. Traducir es otra forma de escribir, es recrear. Me fascina y me encanta eso de hacer que las cosas encajen de forma natural en otro idioma. El escritor mismo, aunque escriba en su propio idioma, se está traduciendo. De esto escribió mucho Proust. Quien escribe traduce sus propios pensamientos. Y quien habla, también.

–Hablaba antes de pasar la antorcha a otros. A usted se le ha considerado el introductor en España del realismo sucio. ¿Se reconoce en sus hijos literarios?

–Lo he intentado explicar mil veces. A mí se me asoció con el supuesto realismo sucio, pero no lo considero así. Tengo ciertos puntos de conexión por mi afición por Carver o Bukowski, cierta estética literaria, pero como etiqueta es muy limitada y no del todo certera. Supongo que sí tuve bastante influencia en una serie de gente y libros como "Arde Babilonia" tienen mucho que ver con esa estética. Pero es una parte de mi poesía. Todos tenemos mil caras.

–¿Hasta qué punto le ha pesado esa etiqueta?

–Son losas que no te quitas nunca de encima, eso es lo que pasa. En aquellos libros volqué mucha rabia, mucha frustración, humor negro absolutamente sardónico, ácido. Y bueno, los críticos lo llamaron realismo sucio. Me cansé un poco de aquella etiqueta y nunca la asumí del todo. A nadie le gusta eso, uno siempre se ve como un artista.

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