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Marta Sanz (Sanz, Sanz) en el baile del pan y las rosas

La escritora pone orden a su memoria en "Los íntimos", un prodigioso viaje en el tiempo a través de su amor por las palabras

Marta Sanz, por Pablo García.

Marta Sanz, por Pablo García.

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Tino Pertierra

Tino Pertierra

No es sencillo ponerle una etiqueta al nuevo libro de Marta Sanz. Ni falta que hace. Ninguna de sus obras lo pone fácil. Ni el título ni el subtítulo dan pistas: "Los íntimos (Memoria del pan y las rosas)". La fotografía de portada tal vez lo haga: una niña feliz, un padre (Juan Ramón) que la abraza, que la coge de una mano, que sonríe. El baile de la pura felicidad. Así que algo de memoria hay en las páginas. También culebrean restos de diario. Y rastros viajeros. Muchos. Y reflexiones sobre la literatura, algo serio, y el corrillo literario, tan liviano.

Alto, un momento: ¿qué pinta el padre Karras (recuerden "El exorcista") a las primeras páginas de cambio? Pues sugiere que estamos ante un exorcismo. Veamos algunos demonios: "Soy una escritora que pide un ascenso y ya es demasiado vieja para ascender. Soy una escritora que no cree −para nada− en la autonomía del campo cultural. Soy una escritora, en medio de la selva, que se abre camino entre la vegetación con un machetito mellado".

Y más: "Escribo un libro para salvarme de los libros y sus repliegues laterales. Sus turbulencias y su moho. Su copyright. Para recuperar una pureza que solo me haga pensar en que Confucio es el padre de la confución y enunciar grandes palabras que trascienden lo local para transformarse en asunto humano, demasiado humano (...). Una literatura sin la mugre de la envidia o la negociación del anticipo. Sin portadas ni listas de notables en los suplementos literarios".

Casi nada.

Casi todo.

Esta es una misión imposible: entrelazar el mundo exterior con el interior. La intimidad con la política. Las cosas del estilo y el estilo de las cosas. ¿La realidad qué es, en realidad? Sanz se mueve por las arenas movedizas de la literatura agarrada a una liana de amor por la escritura. Eso salva a cualquiera, y más si se acompaña por el poso de las lecturas y el peso de los encuentros. Pongamos que se habla de Irvine Welsh, James Ellroy y Annie Ernaux. Vale la pena escuchar lo que piensa de ellos esta escritora tan dotada para contar historias de las que no te puedes descolgar, hilvanadas con un desordenado sentido del orden y siempre prestas y dispuestas para supurar humor. La tibia sonrisa de Sanz es perfecta para plantar cara a los desmanes del mundo sin dar la espalda nunca a sus placeres. Que son muchos y variados. Como aquella niña del baile feliz, Sanz es una mujer disfrutona en permanente estado de alerta para sacar punta suspensiva a cualquier momento, a cualquier encuentro, a cualquier hallazgo sea del pelaje que sea.

"Soy una mujer con sequedad ocular a la que le molesta escribir ‘los ojos secos’ por su exceso de poesía". Ahí es nada, ahí es todo. "Cuando me regalan flores, me siento feliz". Ah, y "también amo las palabras y eso está muy mal visto". No sorprende que la autora se desnude sin temor. Quienes siguen su carrera lo saben. "La lección de anatomía", "Parte de mí", "Clavícula"… Cuando escribió la primera, "me daba vergüenza ser escritora". Y decirlo. Y contarlo. Desde que nació "me puse a mirar de manera torcida". Un ojo "mira de cerca y otro de lejos". Esto es importante: "Nacemos y luego, si caemos en el lugar adecuado del mundo, tenemos el privilegio de aprender". Y esto también: "Primero escribo para descubrir, por el placer y la música, la alegría de las cosas más tarde, por exhibicionismo atlético, consciencia de unas aptitudes después, por obcecación y rabia". Moviola: por obcecación y rabia. Y para "reparar los dolores y reconstruir los rotos o quizá para romper lo que está mal cosido y se presenta como perfecto o inevitable, una imagen y funcionamiento del mundo".

"Valentina, tienes nombre de traidora". Conviene recordar aquel primer poema de la niña Marta. Razones misteriosas dentro. Sanz coge carrerilla pronto y enlaza historias de su historia con la convicción de quien cree que "saber contar no son solo palabras bien dosificadas en el tiempo interno de una narración. También es demora en el espacio. Imagen. Imprevisibles aproximaciones a las maneras de decir. Se haga lo que se haga, hay que hacerlo con el orgullo de que se va a hacer bien". Con honestidad y humildad, si se puede. Sí, se puede: el libro de Sanz es catálogo de memorias e imparte lecciones de anatomía literaria, clases particulares. Invocan y convocan. "Quienes escribimos necesitamos hablar y hablar y hablar para poder seguir escribiendo". Crear, construir, producir. Vivir, en fin.

Escribir sobre la escritura "es elegante. Una práctica juguetona y trascendente. O una práctica con enorme peso específico y sin ningún sentido del humor. Escribir sobre el mundo literario, sin embargo, es una ordinariez".

Pérdidas irreparables. Encuentros que marcan la vida: con el audaz editor y sabio crítico Constantino Bértolo, por ejemplo. O con el imprescindible alma arrojadiza de Anagrama, Jorge Herralde. A estas alturas ya se sabe que "se escribe para entender quién se es en la realidad que nos ha toca vivir; se escribe para entender cómo es esa realidad y con qué vínculo irrepetible nos conectamos a ella".

El envite de la escritura, aquella historia reveladora de las 300.000 pesetas por un encargo que nunca llegaron, las memorias del abuelo Ramón, el secreto de Sabina, los fiascos editoriales… Y los triunfos. "Oferta, demanda, expulsiones, casualidades, crisis, encuentros extravagantes y afinidades sólidas". Eso es literatura. Confiesa: "Escribo para darle importancia a estas vivencias compartidas". Y que conste: "Escribir es pasar dos veces por el mismo lugar". Pimientos de Padrón, aquel sabroso encuentro de jóvenes escritores en el territorio de Cela, su broma privada con Gutiérrez Aragón ("Sanz, Sanz, Sanz", jugando con su "Black, black, black"), los premios (previos a una patada en el culo al principio), los apremios, los noes ("Marta, han rechazado tu novela"). Los síes. ¿Qué es el éxito? Lean el libro y lo sabrán, entre otras muchas rosas, gracias a Sanz, Sanz, Sanz.

Una promesa: "Para recoger el Nobel iré desnuda". Sólo llevará puestas las palabras.

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Los íntimos

Marta Sanz  

Anagrama, 504 páginas, 22,90 euros

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