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Las plantas contraatacan

"Gótico botánico" reúne un conjunto de relatos de terror con el mundo vegetal como protagonista, de Nathaniel Hawthorne a Roald Dahl

Cultura - Libros

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M. S. Suárez Lafuente

Esta antología recorre más de un siglo de relatos de la literatura occidental, comenzando con Nathaniel Hawthorne y terminando con Zenna Henderson a mitad del siglo XX. Las narraciones elegidas combinan el día a día con lo maravilloso, con lo que no es racionalmente esperable, puesto que personifican a plantas y árboles dotándolas de reacciones humanas que van más allá de lo concebible. No es de extrañar, pues, que el libro contenga en su título palabras como "gótico" y "perverso", puesto que estos especímenes vegetales y sus reacciones, por ser desconocidas, dan miedo.

La prologuista habla de "un sinfín de criaturas fétidas o capaces de exhalar fragancias embriagadoras, inertes, prensiles, reptantes, trepadoras, justicieras, rencorosas, a veces medio humanas, a veces medio espectrales". Todas estas variedades aparecen y se repiten en los diferentes relatos. Y si bien sabemos que también tienen su lado bueno y útil, pues nos deparan sustento y curación, lo cierto es que el secreto que esconden convierte al mundo vegetal en una fuente de leyendas, cuentos maravillosos, supersticiones y, en un extremo de la incomprensión, terror gótico. No obstante, hay en muchos de los relatos un sentimiento de compañerismo en la relación entre los humanos y el mundo vegetal que puede considerarse un antecedente claro de cómo va a desarrollarse el ecologismo.

Si fuera cierto que el mundo vegetal tiene los cinco sentidos humanos y quince más, entenderíamos que muy pocas personas sean capaces de comunicarse con las plantas y que, sin embargo, la posibilidad de conseguirlo

es un reto indudable para las mentes literarias.

Roald Dahl recoge el guante e intenta conectarse en "La máquina del sonido" (1949). Pero el inventor se vuelve loco de angustia al escuchar los gritos de dolor de las flores cuando son cortadas o de los árboles cuando los talan, sin que él pueda hacer nada por auxiliarles ante la incomprensión del resto del mundo. Por eso, los árboles deciden responder ellos mismos al vandalismo que los diezma, como en el relato de Alphonse Daudet "Wood’stown" (1873), en que el bosque recobra su "sitio a orillas del río y cinco kilómetros de árboles gigantescos" que habían sido talados por ciudadanos "insolentes". Lo mismo ocurre en "La victoria de los hermanos verdes" (1948) de la autora polaca María Moravsky, donde los árboles organizan un "ejército invasor", igual que hace la hiedra en "La guerra de la hiedra" (1930) de David H. Keller.

Los árboles se defienden creando tornados puntuales "con furia maniaca" o caen letalmente sobre su agresor en el momento oportuno en "Una cortina de follaje" (1941), de Eudora Welty. En "El roble" (1928), la inglesa Richmal Crompton, conocida por sus libros de Guillermo Brown, inscribe la faceta más perversa de dicho árbol, como hace el inefable H. P. Lovecraft en colaboración con D. W. Rimel en "El árbol en la colina" (1934), donde el humano "lucha entre el deseo insano de volver al lugar del críptico árbol" y "el temor frenético" de encontrarse con él.

Las flores también atraen y repelen. Las orquídeas pueden tener "un aire siniestro" ("Pensamientos verdes", John Collier, 1932) o presentar un engañoso espectáculo de color y vitalidad, como en "El terror púrpura", del inglés Merrick White, en el que el título nos anticipa el final.

También hay ejemplos de metamorfosis conciliadoras, como en "La esposa del árbol" (1950), de otra estadounidense, Mary Elizabeth Counselman, tema presente en muchas mitologías. Si la idea les atrae, no dejen de leer "La vegetariana", novela de la coreana Han Kang, premio Nobel de Literatura 2024.

Gótico botánico (cuentos de un verdor perverso)

VV AA

Edición: P. Esteban Erlés

Impedimenta, 340 páginas 24,65 euros

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