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Huysmans y la biblia del decadente

"A contrapelo" es la novela singular de un naturalista, discípulo de Zola, que acabó anteponiendo el arte a la vida

Huysmans, fotografiado por André Taponier, al final de su vida.

Huysmans, fotografiado por André Taponier, al final de su vida.

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Luis M. Alonso

Luis M. Alonso

La novela fue concebida como un "experimento innovador" por los naturalistas que guiaba Émile Zola. Este sostenía que un escritor debía ser el equivalente de su tiempo, retratando la vida cotidiana simplemente bajo una mirada científica y escrutadora. Charles-Marie-Georges Huysmans siguió sus postulados de manera obediente hasta que cayó en el influjo de algunos protomodernistas decadentes como Charles Baudelaire y Stéphane Mallarmé y a partir de entonces se dedicó a revolucionar la estética de su maestro. Cuando en 1884 publicó su novela "À rebours" –que ahora ve la luz traducida al castellano gracias a Alba– escribía a tiempo parcial. Parisino, de 36 años, de día era funcionario. De noche, trabajaba en sus relatos, visitaba a su amante y asistía a los salones con Zola, su mentor literario. Firmaba bajo el seudónimo de "Joris-Karl", un guiño a las raíces holandesas, y ya tenía registradas varias obras con rasgos autobiográficos: "Marthe" (1876), sobre una joven arrastrada a la prostitución), "La hermanas Vatard" (1879) y "En ménage" (1881), todas ellas con una acogida de público no demasiado mala pero tampoco nada extraordinaria. Fue entonces cuando ensayó un enfoque diferente: el de una historia con un único personaje.

Inicialmente subtitulada "Una novela sin argumento", "A contrapelo" trata sobre los intentos del duque Jean Floressas des Esseintes, último descendiente de una familia de aristócratas de París, por amueblar y decorar una casa de campo donde pueda vivir alejado del mundo exterior. Es un sujeto para darle de comer aparte, refinado hasta la obsesión, Esseintes se ve sumido en agonías insoportables por el simple roce con alguien en la calle. El aroma de ciertas flores es suficiente para hacerle desmayarse de asco. Desprecia a la humanidad, pero es capaz de tomarse su tiempo para elegir meticulosamente la tapicería de su boudoir. Acostumbra a encerrarse en una biblioteca que contiene los libros más asombrosos jamás escritos, además de suficientes distracciones sensuales. Pero en lugar de hallar la felicidad, casi pierde la cabeza. Los médicos le ordenan regresar a París y empezar a comportarse como una persona normal. Protesta de no poder disfrutar de lo que disfrutan los demás. No tiene amigos; no solo es antisocial, está completamente solo. Sus únicas opciones son el suicidio o Dios. Fin de la historia, podría decirse.

Huysmans empezaba a considerar degenerada la ideología utilitarista dominante, carente de principios

¿Puede el esnobismo ofrecer acomodo a alguien que no sabe qué hacer con su vida? Instalado en su nueva casa, el duque comienza a reflexionar sobre la decoración perfecta. Le parece un hecho innegable que quién sueña con lo ideal prefiera la ilusión a la realidad. Pero detrás de estas ensoñaciones altruistas acecha la decepción; y Esseintes, por mucho que lo intenta, no puede escapar de ella. Se produce entonces una especie de forcejeo con la memoria. Un repaso de su querida biblioteca clásica termina en una contemplación cansina de las obras consideradas por él más flojas; ciertos licores raros evocan la mémoire involontaire de una extracción dental; los perfumes traen los recuerdos más tristes de sus viejos días pasados como libertino. Enfrascado en una nueva vindicación, en "A contrapelo" tenemos al viejo y conocido naturalista insistiendo en que el arte es superior a la vida, hasta el extremo de que su obra no tarda en ser reconocida como "la Biblia del decadente", como un ataque a las convenciones más estrechas y a la triste realidad.

Huysmans empezaba a considerar degenerada la ideología utilitarista dominante, carente de principios. Propuso un nuevo estilo que solo se alcanzaría cultivando la sensibilidad y ordenando las emociones de distinta manera. La evasión y el goce estético se convirtieron en los nuevos principios morales. "A contrapelo" puede considerarse en ese sentido una novela completa, una obra de indiscutible valor por su originalidad, y novedosa por traer a colación la medicina y la neurología. Por medio de ello, Huysmans anticipó fenómenos neurobiológicos: la sinestesia y la memoria automática. Como el personaje de su novela, era un inadaptado neurálgico que se convirtió al cristianismo precisamente tras escribir "A contrapelo". Fue funcionario toda su vida y se convirtió en monje benedictino tras su jubilación. Ante la inagotable estupidez de la humanidad, "l’eternellle bêtise de l’humanité", su deseo era huir de la horrible existencia real, trascender los límites del pensamiento. Algunos han querido ver su alma gemela actual en Michel Houellebecq, después de que el mismo autor de "Sumisión" declarase que Huysmans podría haber sido un amigo suyo de los de verdad. En "Sumisión", François, el protagonista, ve desde el inicio a Huysmans como su compañero más fiel. Y François ha sido reconocido como un alter ego de Houellebecq.

Por más de un motivo, "A contrapelo" merece atención lectora.

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A contrapelo

J.-K. Huysmans

Traducción de Andrés Ruiz Merino

Alba, 280 páginas, 21 euros 

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