La caja de resonancia
Presentarte como víctima y triunfar en el pop
Hablar de tus crisis de salud mental cuando eres un artista de éxito habría causado en otros tiempos acusaciones de llorica o cínico, y hoy genera comprensión y ayuda a llenar estadios

Aitana, Kendrick Lamar y Billie Eilish. / EPC
Jordi Bianciotto
La conversación en torno a la música se transforma y, así como años atrás, cuando la crisis de 2008-14, todo versaba sobre el nosotros frente al yo, y la conciencia de comunidad frente al hachazo financiero, ahora muchas entrevistas con cantantes apuntan más a su último episodio de ansiedad o de trastorno alimentario que a la evolución de su lenguaje artístico. Vivencias que hace cuatro días se ocultaban, porque erosionaban la imagen de éxito del personaje, figura entendida como imperial, sin debilidades, ahora se exhiben y llegan a constituir el material promocional con el que se encara un lanzamiento discográfico o una gira.
Suena duro dicho así, pero es lo que hay. No desconfío de la veracidad de esas crisis íntimas aireadas en los medios: entiendo que son reales, como lo deben ser las que sufren hoy en día muchos ciudadanos, llamativamente los más jóvenes, que en los últimos tiempos han hecho saltar por los aires las estadísticas sobre la salud mental. La música es un espejo de la realidad. Pero hablan de fracturas íntimas y de sesiones de terapia artistas con aspecto de perfectos triunfadores, lo cual puede chirriar a ojos de quien padece episodios parecidos y encima sufre para llegar a fin de mes.
¿Las angustias del pobre niño rico? Ahí están los sufridos testimonios de cantantes de éxito, tanto femeninos como masculinos, muy jóvenes o no tanto, en nuestra escena más cercana: de Amaia a Aitana, de Dani Martín a Alejandro Sanz. Y más allá: Billie Eilish, Justin Bieber, Ariana Grande, Lady Gaga, Kendrick Lamar, Juanes.
Nos preguntamos por qué ahora hay muchos más solistas que grupos en el ‘mainstream’ (todos los del Top 10 de artistas más escuchados en Spotify en 2024 en el mundo), y esta es una de las claves: se imponen la proyección de la vulnerabilidad y cierta épica del espíritu de superación, una marca personal que genere conexión emocional y un relato íntimo en ondulación que es más difícil de construir y de viralizar que cuando se trata de una banda con identidades variadas y un foco disperso.
Presentarte como víctima de algún mal, fenómeno o dolencia más grande que tú, cuando eres visiblemente un ganador, habría precipitado en otros tiempos acusaciones de llorica o cínico, y hoy no es así: despierta comprensión, alienta la cercanía. Ahí se percibe una burbuja, un refugio, porque toda esa retórica sanadora choca con un mundo real que cada día es un poco más duro y despiadado. Pero es así, también, como se llenan los estadios. Sí, vivimos un tiempo apasionante.
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