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Viajes de novela

Paloma Sánchez-Garnica recorre las cicatrices de Berlín: "Es una ciudad que condensa lo peor del siglo XX"

La escritora madrileña, ganadora del último premio Planeta con 'Victoria', ahonda en las turbulencias de la Alemania de posguerra mientras prepara una edición especial y conjunta de su trilogía berlinesa, completada por 'La sospecha de Sofía' y 'Últimos días en Berlín'

Paloma Sánchez-Garnica posa junto a un avión de la RAF en el Alliierten Museum de Berlín

Paloma Sánchez-Garnica posa junto a un avión de la RAF en el Alliierten Museum de Berlín / Javier Ocaña

David Morán

Berlín

Se desparrama el sol por el patio de cemento del Alliierten Museum y brilla, más bien refulge, el fuselaje del Hastings, el avión de transporte más grande desplegado por la RAF durante el llamado Puente Aéreo de Berlín. A un lado, un pedazo de muro y una torre de vigilancia. Al otro, las cicatrices de una ciudad tocada, hundida y troceada. Berlín, año cero. O casi. “Se destruyó, se reconstruyó y  tuvo un muro durante casi 30 años que separó barrios, familias y amigos. Fue la ciudad más peligrosa del mundo, la que tenía más espías por metro cuadrado. Es una ciudad fascinante que resume y condensa lo peor del siglo XX", explica Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962) mientras recorre una vez más las calles de la capital alemana, escenario de sus tres últimas novelas: ‘La sospecha de Sofía’ (en octubre también en la gran pantalla), ‘Últimos días en Berlín’ y ‘Victoria’. 

Esta última, con la que ganó el premio Planeta en 2024, cobra vida sobre el callejero a medida que emerge, poco a poco, el Berlín de 1946 y el espectro de una “ciudad herida, abierta en canal”. “Seguramente muchas de estas mujeres habían sido violadas. ¿Cómo se sobrevive a algo así?”, apunta Sánchez-Garnica ante una fotografía en doloroso blanco y negro tomada el 4 de julio de 1945. ¿El título de la imagen? “Llegada de las tropas y toma de control de los sectores: ciudadanos berlineses observan la llegada de la 7ª División Blindada británica”. Caras agotadas, miradas perdidas, escombros por todos lados.

La autora de 'Victoria' posa junto a los restos del muro de Berlín en la Potsdamer Platz

La autora de 'Victoria' posa junto a los restos del muro de Berlín en la Potsdamer Platz / Javier Ocaña

La escritora, explica, viajó por primera vez a la ciudad en 1989, “justo 40 días antes de la caída del muro”, y desde entonces no ha hecho más que volver una y otra vez. “Tiene mucha sustancia para un escritor, en cada esquina hay una historia que contar”, defiende. En aquella primera incursión, recuerda, atravesó Europa en coche y aterrizó en dos mundos completamente diferentes. “En España ya nos habíamos quitado un poco el blanco y negro y la caspa del franquismo, pero aquí nos encontramos una ciudad absolutamente vital, palpitante y con unos cochazos impresionantes. Cogimos el metro en la estación del zoo y  en solo una parada, en Friedrichstrasse, fue como viajar en una máquina del tiempo 30 años atrás: una ciudad lenta, gris, fea, en la que los coches eran todos iguales, no teníamos dónde gastar las cinco mil y pico pesetas que nos obligaban a cambiar porque no había nada que comprar…”, rememora. 

Años después, la autora madrileña regresa a aquella ciudad bicéfala y profundamente desigual acompañada de Victoria Kessler, superviviente superdotada para la física, las matemáticas y la criptografía que, sin embargo, trabaja como cantante en un club para sacar adelante a su hija y a su hermana. "La ficción nos ayuda a ser más tolerantes con la realidad de los otros; nos abre los ojos a situaciones que podríamos vivir nosotros", reivindica su creadora.

En el laboratorio del Telón de Acero

“Berlín permanecía detenido en una tiempo gris que parecía no tener fin, ecos de una devastadora contienda que, un año y medio después de su aparente final, seguía latente allá donde posaras la vista”, leemos en las primeras páginas de ‘Victoria’, novela que arranca con la ejecución de 10 oficiales nazis en Nuremberg el 16 de octubre de 1946 y llega hasta la madrugada del 13 de agosto de 1961, cuando soldados de la República Democrática Alemana (RDA) comenzaron a levantar el muro alrededor de Berlín Oriental con alambre de púas y bloques de hormigón.  ¿El contexto? Si ‘La sospecha de Sofía’ se centraba en la vida en la RDA bajo el siniestro yugo de la Stasi y ‘Últimos días en Berlín’ trataba de mostrar cómo el veneno del nazismo fue “penetrando poco a poco”, ‘Victoria’ ahonda en los rigores de la posguerra y en ese laboratorio a escala del Telón de Acero que fue la capital alemana. “Es la supervivencia por encima de todo”, resume. Las tres novelas, por cierto, se publicarán de forma conjunta a finales de octubre en un estuche especial. 

En Berlín, junto al muro, que cantaría Lou Reed poco después, Sánchez-Garnica despliega del mapamundi de 'Victoria':  los vestigios del sector americano en el Alliierten Museum; el edificio de la RIAS (Radiodifusión en el sector americano) en el que Victoria trabaja informando a la población durante el bloqueo de Berlín y el cierre de fronteras de 1948; el puesto fronterizo de la Postdamer Platz; las pistas de aterrizaje de Tempelhof, imprescindibles para burlar el bloqueo soviético con el Puente Aéreo; los ‘lujosos’ edificios de la avenida Karl Marx con los que la RDA premiaba a espías y confidentes… Una ciudad en tensión constante y gobernada por el imperio de la delación, la propaganda y, sobre todo, el espanto. “El miedo es un instrumento poderosísimo en manos de un poder que quiera utilizarlo de forma torticera para señalar o para culpabilizar a un grupo de la población de todos los males que se producen en la sociedad o de los propios errores que tiene ese poder”, explica la autora.  

Sánchez-Garnica, en la Karl-Marx-Allee, llamada Stalinallee entre 1949 y 1961

Sánchez-Garnica, en la Karl-Marx-Allee, llamada Stalinallee entre 1949 y 1961 / Javier Ocaña

Novela "intrahistórica"

Para subrayar esta idea, ‘Victoria’ traspasa fronteras y viaja también a los Estados Unidos de la segregación, el Ku Klux Klan y el odio racial. “Las leyes de Nuremberg que legalizaron la discriminación contra los judíos estaban en muchas fórmulas inspiradas en esta discriminación racial contra los negros -recuerda la autora-. El tema es que el nazismo era un totalitarismo y tenía, entre comillas, su razón de ser, mientras que Estados Unidos era una democracia y tenía esa impunidad ante la violencia contra una parte de su población”.

Se cruzan así el experimento Tuskegee, el tráfico de microfilms, los estragos del nazismo y la caza de brujas del macartismo,  episodios que la autora va ensamblando para construir, matiza, no una novela histórica, sino "intrahistórica". "Es la historia con minúsculas. A mí no me interesan los grandes acontecimientos o los personajes históricos con mayúsculas; me interesa que el lector, igual que yo cuando leo una historia, entienda cómo los seres humanos actúan en contexto determinado pero dentro de su ámbito más privado", reflexiona.

En el Paris Bar, uno de los refugios berlineses de David Bowie e Iggy Pop, Sánchez-Garnica no descarta una cuarta novela ambientada en la capital alemana, aunque no será, añade, la que está escribiendo ahora mismo. "Lo único que puedo decir es que es otra época y que salgo de Berlín", avanza. De reencontrarse con la ciudad, sí que tiene más o menos claro de qué hilo tiraría. "Los años 20 son apasionantes. Encontramos una explosión de libertad desaforada conviviendo con una confrontación brutal y con unos problemas sociales, económicos y laborales que al final desembocaron en la aparición de un ser como Hitler. Este hombre dijo que iba a devolver la dignidad a los alemanes y los alemanes le siguieron sin darse cuenta de dónde se metían", explica. Habrá que esperar, en cualquier caso, para ver si esos Dorados Años 20 convierten finalmente la trilogía en tetralogía.

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