Bloc de notas
Paisaje, derrota y huida
En "El último vuelo", Fernando Castillo, lúcido cronista de algunos momentos trágicos de la historia del siglo pasado, muestra la desesperación final de los fugitivos de Vichy y la República, dos caras de la derrota

Fernando Castillo. / Renacimiento
La capacidad con la que Fernando Castillo (Madrid, 1953) se acerca a la historia es fronteriza: los sucesos que relata en sus libros suelen situarse en los márgenes, justo en aquellos momentos de la vida de sus protagonistas en los que prima sobre la esencialidad una significación íntima, no por ello menos interesante. Por eso no le preocupan los grandes discursos que manejan los historiadores y se centra en los jirones de la existencia que no caben en el marco oficial de la épica en cada instante y lugar. "El último vuelo. Fugitivos de la República y la Colaboración (1939-1945)" puede leerse como un episodio más de esa vasta novela de la memoria que Castillo lleva escribiendo desde hace años y que retrata un mundo de desesperados y fugitivos, muchas veces de la culpa y otras del tiempo y sus circunstancias. Intercala dos partes diferenciadas pero con un mismo nexo dramático: el de la huida de los vencidos frente a la amenaza de los vencedores. Aquellos campos de aviación en Levante de los republicanos españoles, bajo un cielo inesperadamente bello, donde los almendros en flor parecen sostener un decorado irreal para una tragedia incontestable y su desenlace. O la desbandada de los colaboracionistas franceses que, cuatro o cinco años después, huyen del colapso de la Francia de Vichy y del avance implacable de los Aliados. El puente que se establece entre estas dos derrotas tan distintas y reveladoras es uno de los motores más poderosos del libro.
En un extremo, los republicanos españoles que abandonan una patria perdida tras una guerra civil devastadora; en el otro, los franceses que escapan no de un enemigo militar, sino de su propia sombra política, de la responsabilidad difusa, en ocasiones muy concreta, de haber colaborado con el ocupante nazi. El autor no se entrega al juicio; prefiere estudiar el gesto humano de la fuga, en todo caso su verdad incómoda. El matiz es que mientras los republicanos huyen hacia la incertidumbre forzados por la brutalidad de la derrota, los colaboracionistas franceses lo hacen envueltos en una ambigüedad moral que no admite consuelo. No hay, en su caso, un aura de nobleza trágica. En cambio sí existe un movimiento desesperado por salvar el pellejo y borrar las huellas de un pasado comprometido. En ese territorio sombrío, Castillo despliega una mirada clínica, pero no exenta de poesía. La huida es aquí una victoria como corresponde a cualquier historia protagonizada por perdedores.
El mayor mérito de "El último vuelo" está precisamente en haber sabido compaginar dos hechos que se producen en unos pocos años, dos caras de la derrota, tratando de no situar en un primer plano cualquier paralelismo que pueda contribuir a confundir al lector. La fuga de los colaboracionistas se convierte así en un espejo deformante. Frente a los republicanos, cuya derrota conserva la dignidad del ideal consumido, los fugitivos franceses aparecen como figuras que el tiempo ha dejado sin un sostén moral. Pero no se trata de caricaturizar a los villanos; a Castillo, lo sabe cualquiera que haya leído los libros de su vasta obra en proceso, le interesan más que nada las contradicciones. Lo mismo que a Patrick Modiano, el premio Nobel francés cuyo mundo ha sabido adoptar en su geografía de París de la Ocupación a Mayo del 68 ("París-Modiano", editorial Fórcola, 2015).
El autor de "El último vuelo" muestra a sus personajes de carne y hueso en la frontera, en los puertos, en los aeródromos improvisados, en los vagones de tren que avanzan sin rumbo. Se trata de hombres y mujeres que, con una lucidez tardía, descubren de repente que su destino depende de la rapidez con la que sean capaces de reinventarse y adaptarse a un nuevo orden. Sus biografías se vuelven entonces huidizas, como si una vida entera pudiera resumirse en un acto final de escapismo. No es únicamente la historia de una derrota española o francesa del siglo pasado, sino un ensayo sobre la condición humana empujada al derrumbe. La República y Vichy se convierten en dos espejos que devuelven imágenes opuestas pero complementarias de un continente devastado por el odio. Una prosa ágil y una elegancia estética confirman a Fernando Castillo como uno de los cronistas más precisos en ese territorio donde se funden memoria, paisaje y derrota. Donde los héroes no existen.

El último vuelo. Fugitivos de la República y la Colaboración
Fernando Castillo
Renacimiento, 490 páginas, 23,66 euros
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