Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Música

Un patrimonio compartido

El peso del "espacio cultural" común frente al "nacionalismo cultural victimista"

Concierto de la OSPA, el Cuarteto Quiroga y el pianista Javier Perianes en el Auditorio de Oviedo, en mayo del año pasado.

Concierto de la OSPA, el Cuarteto Quiroga y el pianista Javier Perianes en el Auditorio de Oviedo, en mayo del año pasado. / LNE / David Cabo

Cosme Marina

Cosme Marina

La Unión Europea tiene en la cultura un pilar básico que tutela a través de diferentes iniciativas que buscan tejer vínculos y entrelazar a los países que la integran, consciente de que en este ámbito late un pulso común a potenciar. De ahí han surgido iniciativas como las capitalidades culturales que, cada año, van rotando entre los diferentes miembros de la Unión.

Oviedo, junto a otras ciudades españolas, está en plena carrera por conseguir, de cara a 2031, esa distinción que España compartirá con Malta. Desde su creación en 1985 han ido evolucionando las bases de cada convocatoria, buscando nuevos perfiles, pero siempre teniendo claro el objetivo de "promover la diversidad y los puntos en común de las culturas europeas, y fomentar el sentimiento de pertenencia a un espacio cultural compartido".

Por lo tanto, es ese "espacio cultural" que implica al conjunto de la Unión el que marca el camino a seguir. La música es una de las disciplinas artísticas que mejor definen a Europa, por su transversalidad y capacidad para generar enlaces entre culturas aparentemente lejanas vencen cualquier obstáculo gracias al trabajo de compositores e intérpretes.

Hay, en la música, un patrimonio europeo compartido que es, a su vez, uno de los más relevantes legados del continente a la humanidad. Pero si de algo se debe huir es del localismo. Vemos, de vez en cuando, a profesionales que lanzan su frustración por no desarrollar una carrera internacional contra la presencia de artistas europeos en las programaciones de nuestro país. Como si los españoles del mismo nivel no estuviesen de forma habitual en los circuitos de élite de las capitales musicales europeas. Pienso en directores como Gustavo Gimeno o Pablo Heras-Casado, violinistas como María Dueñas, pianistas como Javier Perianes, cantantes como Saoia Hernández o Xavier Anduaga o agrupaciones especializadas en repertorio historicista como Cantoría o Vespres d’Arnadí, por poner algún ejemplo de las decenas de músicos españoles de alcance y relieve internacional.

No hay nada que vaya más contra el espíritu europeo que esa especie de "nacionalismo cultural victimista" que trata de impedir que los mejores estén al alcance de la ciudanía en su entorno vital y no sólo a disposición de los que se puedan sufragar costos viajes. En vez de reclamar apoyo nacional solvente para giras y que la administración central articule una política equilibrada y a largo plazo para la proyección exterior del sector, atacan con virulencia a artistas europeos que desarrollan su trabajo con libertad, solvencia y honestidad. Flaco favor se hace a los intereses europeos cuando se trata de disfrazar la propia mediocridad envuelta en banderas para impedir la libre circulación de profesionales dentro de la Unión, algo que, por otra parte, va en contra de los propios tratados que la rigen.

La música no entiende de compartimentos ni de barreras y ese es uno de los grandes valores europeos al ser un ejercicio democrático y civilizatorio.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents