La pérdida de la inocencia
Charlotte Gneuss nos inserta en el entramado estatal de delatores de la extinta RDA en la precisa e impactante "Los confidentes"

Charlotte Gneuss. / Acantilado
M. S. Suárez Lafuente
Karin, una adolescente de Dresde, en la entonces República Democrática Alemana, que asiste al instituto, donde hace planes para el futuro con sus amigas, que tiene un novio guapo con el que se escapa al bosque ocasionalmente engañando a su abuela, que disfruta jugando con su hermana pequeña "ricitos de oro" en el seno de una familia bastante disfuncional, se da de bruces con la realidad de la política de su país cuando, sin ella sospecharlo, su novio, Paul, se fuga a la Alemania occidental. Y a ella la acusan de ser cómplice por no haberlo denunciado.
Se inicia así un periplo de indagaciones, de secretos y mentiras, durante el cual la vida más o menos sólida de Karin se desmorona a su alrededor. Siguiendo sus pasos, Charlotte Gneuss nos conduce a través de diferentes escenas cotidianas en casa y en la escuela, que son siempre una progresión en el hundimiento del mundo de Karin. Las preocupaciones de la joven la alejan de sus amigas y tampoco está ya Paul para acompañarla.
Así las cosas, Karin cae en las redes del comisario Wickwalz, que le hace sentir mayor e importante, mientras le sonsaca información sobre su entorno. Durante varias semanas, Karin ignora dónde está su novio; en tal circunstancia, la relación con Wickwalz, con ser secreta, es aparentemente intranscendente, pero cuando le empiezan a llegar noticias de Paul, Karin se ve atrapada en un dilema moral y político, pues "le había prometido a Wickwalz que le contaría todo lo que afectase a Paul. Le había dado su palabra de pionera, por el honor de Lenin". Ahora que sabe más cosas, se da cuenta de que hablar no solo la implica a ella, sino también a varias personas cercanas.
Karin comprende que ha sido manipulada y que es solamente una pieza más en el entramado estatal de confidentes. Esto acrecienta en un principio su sentimiento de soledad y aislamiento, pero despierta su sentido de la percepción y, con ella, cobran importancia diversos momentos de la historia aparentemente banales. Recuerda que Paul le dijo que "ya no soportaba seguir aquí" mientras contemplaba el paisaje bucólico en que se encontraban, lo que lleva a la Karin adolescente enamorada a tomarlo al pie de la letra y pensar que es poco romántico. Igualmente, cuando su madre abandona la casa familiar porque necesita "distancia", porque "cuando vives en un mundo en el que no quieres vivir, no puedes ser como eres", Karin solo acierta a pensar que la relación de sus padres no era satisfactoria.
Ahora ve claro el trasfondo de tales frases y comprende también cuál es su cometido si no quiere terminar como los gatos del bedel del instituto, que habían pasado tantos años encerrados en un minúsculo apartamento, calentitos y con comida, que cuando el bedel muere y les abren la puerta de la calle "prefieren morir aquí antes que salir, no conocen otra cosa".
La novela está cuajada de silencios de todo tipo, de silencios culpables, vergonzantes, silencios plenos de voces, defensivos y silencios incómodos, pero también hay silencios poéticos y sanadores en plena naturaleza. Quizás los silencios sean la razón por la que las preguntas no llevan signos de interrogación, indicadores de que no van a obtener respuestas. El lenguaje es tan preciso que exige una lectura cuidadosa, pues no hay anécdotas, metáforas ni personajes de más, todo está ensamblado para llevarnos a un clímax final que no desvelaré para que disfruten el viaje de la lectura.
Gneuss nació en Alemania en 1992, pero conoce el mundo que narra a través de la experiencia de sus padres y de los libros de historia. La novela fue controvertida en su país al ser considerada por algunos sectores como poco patriota, pero la autora insiste en la necesidad de inscribir esta historia para no repetirla.

Los confidentes
Charlotte Gneuss
Traducción de Alberto Gordo
Acantilado, 199 páginas 16 euros
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