Todos los demonios a un tiempo
"El tumulto de las bestias", traducida por primera vez al castellano, reúne las obsesiones de Yukio Mishima, coincidiendo con el centenario de su nacimiento

Todos los demonios a un tiempo / Pablo García
Al cumplirse el centenario del nacimiento de su autor, ve la luz por primera vez traducida al castellano "El tumulto de las bestias", pieza imprescindible del mosaico de obsesiones de Yukio Mishima (1925-1970), quien marcó un antes y un después en la literatura japonesa del siglo XX. Sin haber alcanzado la notoriedad de "El Pabellón de Oro" o de "Confesiones de una máscara", transitan por la novela la eterna batalla entre el instinto y la forma, la carne y el ideal, y la de la herencia espiritual de Japón frente a la seducción corruptora de la modernidad. Son los demonios más presentes en su obra, junto con el choque perpetuo del deseo de belleza absoluta y la imposibilidad moral de alcanzarla sin destrucción. A lo largo de su corta y trágica vida, Mishima no dejó jamás de escribir desde el temblor; en su escritura, la calma es apenas el barniz que cubre cualquier forma de violencia latente. En "El tumulto de las bestias" hay un rumor primitivo y salvaje que se presagia desde el propio título: "las bestias" no son criaturas externas sino las pulsaciones que no admiten domesticación y que anidan en el interior de los personajes. Y "el tumulto" está en la agitación constante que acompaña sus gestos.
Escrita en 1961, ambientada en el Japón rural tras la Segunda Guerra Mundial, el protagonista de la novela es un individuo desgarrado entre la atracción por lo puro y la fascinación que siente por lo prohibido. Su mundo se construye sobre una tensión silenciosa que crece página a página hasta volverse atronadora. No hay en él ingenuidad; más bien, una lucidez que hiere. Como en otros personajes característicos de Mishima, la introspección no conduce al conocimiento sereno, sino al vértigo. La combinación de belleza formal y violencia interior constituye la esencia misma de la poética del autor, esa en la que se movió dramáticamente durante su existencia. El modo en que arranca "El tumulto de las bestias" es la prueba de ese lirismo atroz encadenado a continuación: "Los rayos del sol posando su resplandor sobre la pasarela, meditaba Kōji, se colaban por las ventanas del corredor que conducía a los baños como si fuesen folios satinados en blanco. Amaba en secreto esa visión, de un modo apasionado, si bien no llegaba a entender por qué le gustaba tanto esa luz al filtrarse por las ventanas. Era como una gracia del cielo, algo sagrado, y por encima de cualquier cosa, como la carne blanca de un niño cortada en pedazos".
Con una leve mirada, una certera imagen o una escena aparentemente trivial, Mishima es capaz de revelar grietas profundas en la psique de sus criaturas. El cuerpo, al que alguna vez propiamente rindió culto, es territorio de deseo y al mismo tiempo de conocimiento. La naturaleza, más que escenario de sus historias, funciona como espejo de los estados anímicos. Cuanto más perfecto parece el mundo, más evidente resulta la deformidad íntima del deseo. Como en "El rumor del oleaje", la belleza del entorno subraya por contraste la fragilidad moral de los seres humanos que lo pueblan. E igual que sucede en "Caballos desbocados", cuando el impulso político reemplaza al íntimo, el desgarro que atraviesa la novela es idéntico. La fatalidad no abandona en ningún momento la escritura; no se trata de una cadena de hechos espectaculares, Mishima posee el don de hacer que la tragedia surja de la acumulación casi imperceptible de pequeñas decisiones, vistazos, silencios. Del mismo modo que el mal aparece veladamente y de manera seductora. El autor no moraliza con él. Jamás.
El conflicto moral que se plantea aquí, como en el conjunto de la obra de Yukio Mishima, es la imposibilidad de reconciliar plenamente tradición y modernidad. Los personajes se mueven en un Japón que ya no es ancestral, pero que todavía no se ha entregado por completo a Occidente. Es en esa grieta histórica donde vuelve a profundizar. La reflexión sobre la identidad, el deseo y la violencia interior encuentra ecos evidentes en la sensibilidad actual. Cuando uno cierra el libro tiene la sensación de haber asistido desde una butaca de primera fila a una vertiente desnuda del conflicto humano. Quien la brinda no ofrece soluciones, mucho menos consuelo. Solo belleza y abismo.

El tumulto de las bestias
Yukio Mishima
Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés
Alianza, 160 páginas, 18,95 euros
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