Pedro de Silva ata cabos o los enigmas
El expresidente asturiano y escritor muestra en las memorias dialogadas con César Iglesias sus bastidores literarios, políticos y sentimentales

Pedro de Silva. / Pablo García
Felipe González nunca respondió a sus cartas y Alfonso Guerra ni siquiera se le ponía al teléfono. Lo cuenta Pedro de Silva Cienfuegos-Jovellanos, primer presidente elegido por los asturianos en las urnas y arquitecto de la autonomía del Principado. Opina no obstante que quien fuera carismático líder de su partido, el PSOE, ha sido el mejor estadista español del siglo XX. Sin acritud. Hay más: el empresario y mecenas Pedro Masaveu Peterson quiso dejarle un Picasso para que se solazara durante los tiempos duros de la reconversión industrial, cuando Asturias ardía en una barricada. En aquellos años empezó a entender el significado de la palabra "borbonear", que el Diccionario omite. Ocurrió con la llegada de Plácido Arango, en 1987, a la Fundación Príncipe de Asturias. Y Sabino Fernández Campo, pronunciador durante el 23F de una de las frases célebres de nuestra historia reciente, además de secretario de Juan Carlos I, llegó a confesarle tras su paso por Zarzuela: "Cómo quieres que sea monárquico con todo lo que he visto en esa Casa".
Son tan solo, espigadas, algunas de las muchas historias de "Lo que queda a la espalda", las memorias del expresidente asturiano, además de escritor y abogado, en diálogo con el poeta y periodista César Iglesias.
Casi mil páginas de apretada tipografía (incluye además un centenar de fotos que proponen una iconografía personal) en las que Pedro de Silva repasa una fecunda vida consagrada a la política, la literatura, el pensamiento, el foro o la montaña, por mencionar unas pocas dedicaciones y pasiones. La condición anfibia. Es también, y conviene subrayarlo por su singularidad en la prensa española, el autor del "escarpit" que diariamente publica este diario desde hace más de tres décadas. Un humanista que se autorretrata en las prosas conversadas que reseñamos aquí como un librepensador. Y que acepta el juego de atar cabos, o sea, el de meditar sobre lo andado –lo que ha dejado atrás– para aclarar o seguir dándole vueltas a los "enigmas" que han ocupado su vida.
Nacido en Gijón en 1945 en el seno de una familia que emparenta por vía materna con Jovellanos, la lectura de estos recuerdos confirma la fundamental significación de la trayectoria intelectual y política de Pedro de Silva en la historia asturiana y española del último medio siglo. ¿Por qué? Por la íntima ligazón y coherencia entre vida y pensamiento en alguien que ha ocupado responsabilidades muy relevantes. Y también por una cultivada "decencia en la conducta", sintagma de su cosecha que dedica a su ilustre e ilustrado familiar, Jovino. Fue diputado en Cortes entre 1979 y 1983. En esta última fecha accedió a la Presidencia del Principado, un puesto que por decisión propia ocupó dos legislaturas, hasta julio de 1991. Puede deducirse por alguna de estas rememoraciones que si no fue ministro es porque sonaba como un "verso suelto" en aquel felipismo rampante; alguien leal al PSOE pero capaz de desarrollar ideas propias. Una posición que resultó evidente cuando González lanzó el órdago de su dimisión para obligar a los suyos a abandonar el marxismo. Pedro de Silva insiste en este libro en su adhesión a la clase trabajadora, a los sindicatos obreros y a la socialdemocracia. ¿Cómo se cohonesta esta posición ideológica con la pertenencia al consejo de administración de empresas prominentes? En el libro lo dice: "Conduciéndome de una forma honorable".
Las memorias dialogadas, cuando están bien resueltas, suelen suministrar informaciones que ayudan a entender la época vivida por el personaje sobre el que se pone el foco. Es el caso de "Lo que queda a la espalda", un libro con origen en la búsqueda de progenitores intelectuales, como explica César Iglesias en el brillante prólogo (un texto ensayístico con peso propio) que abre el volumen. Este tipo de obra se inscribe en una noble genealogía en la que destaca la bruñida construcción literaria que Eckermann hizo de sus charlas con Goethe. Aunque las páginas elaboradas por el tándem De Silva-Iglesias buscan su modelo, quizá, en "Spinoza en el parque México", las pláticas entre el gran historiador y ensayista mexicano Enrique Krauze y José María Lassalle. Estamos ante un género literario que tiene mucho de biografía oblicua y de autobiografía por vía interpuesta. Debemos incluirlo entre aquellas escrituras que toman al individuo como unidad básica de la historia para reconstruir, con ese curso biográfico, un tiempo y un espacio.
Lleva razón Iglesias al ver en este libro una "autobiografía del nosotros": la primera persona del plural como hipóstasis de las generaciones que hicieron la Transición o participaron en la democratización española y en la segunda restauración borbónica. El volumen, que opera con la fórmula periodística de la pregunta y la respuesta, fue escribiéndose desde finales de noviembre de 2022 al 3 de abril de 2025. Los autores han explicado sus razones para embarcarse en estas mil páginas. Iglesias por lo que llama un "síndrome de Comala intelectual" (la búsqueda del padre, como en la novela de Rulfo) y Pedro de Silva porque ya tenía en marcha una autobiografía en tercera persona. En la presentación gijonesa indicó que si ha aceptado poner negro sobre blanco estas recordaciones es por la "evaporación" de la historia. El borrado de los contextos puede acabar con nuestras democracias.
En "Lo que queda a la espalda" se ha sacrificado, tal vez, la frescura de la oralidad por la inserción de textos más amasados. Pero esa reelaboración permite incluir sugestivas semblanzas del "Ghota" –permitan la licencia– de la política, el empresariado y la cultura asturiana o española del último medio siglo, de Javier Solana a Juan Cueto. A Pedro de Silva no le gusta hacer sangre y hasta encomia la primera legislatura de Aznar. Hay palabras amables y elogios para todos, incluido el más modesto de sus colaboradores. La excepción es el que fuera todopoderoso secretario general del SOMA, José Ángel Fernández Villa, la "terrible decepción".
Unas memorias que se despliegan en un doble frente, el cronológico y el temático: desde los orígenes familiares de Pedro de Silva hasta sus especulaciones astúricas y artúricas, bien traídas y de calidad; de la política a la literatura, de las relaciones sentimentales o sociales a los gustos musicales, la pintura o el deporte. Hablamos de alguien que llegó a la presidencia asturiana con libro bajo el brazo donde ofrecía un programa de regeneración regional; redactaba sus discursos. "Lo que queda a la espalda" es un documento de primera fuente sobre la experiencia de gobernar; el relato detallista de una vocación transformadora que crece desde el antifranquismo inicial y el socialismo democrático hasta la puesta al día de ideas como el federalismo y la defensa del medio ambiente. Con Valentín Andrés Álvarez, es de los pocos pensadores que ha armado una teoría sobre Asturias, a la que llama "región fósil" por la evidente continuidad histórica y geográfica.
Pero es un libro también sobre el arte de bajarse de la peana. Político sospechoso de literato y escritor marcado por su actividad política, son muchas las páginas que se dedican al pormenorizado análisis de la poesía, las novelas, los ensayos y el teatro de Pedro de Silva. Un trabajador inagotable, prolífico. Tiene inédito tanto o más material –incluido un proyecto narrativo al que dedicó dos décadas, "Gramper", de más de dos mil folios– que el publicado hasta ahora. Unas memorias que no se agotan en un par de tardes y que carecen curiosamente, pese a los muchos nombres que atraviesan sus líneas, de un índice onomástico. Absténgase quien busque cebo para la llamada "cultura del lamento".

Lo que queda a la espalda
Pedro de Silva y César Iglesias
Trea, 996 páginas, 35 euros
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