Una relación incómoda
Emile Perreau-Saussine estudia la larga historia de encuentros y desencuentros entre la Iglesia y el Estado en "Catolicismo y democracia"

Emile Perreau-Saussine. / Ediciones Encuentro
En una reciente entrevista, el presidente de la Conferencia Episcopal sugirió que se elija una de las tres opciones previstas en la Constitución, cuestión de confianza, moción de censura o elecciones, para salir de la situación actual del país. Y el presidente del Gobierno respondió que "el tiempo en que los obispos interferían en la política acabó cuando empezó la democracia". Ante esta nueva manifestación de una discrepancia que se ha mantenido viva a lo largo de la historia, reparando con especial consideración en los términos en que se expresa, procede que nos preguntemos si la iglesia tiene derecho a adoptar públicamente una posición en materia política. La pregunta es del máximo interés precisamente cuando se plantea en una democracia. En principio, resulta paradójico que se postule la inhibición política de los obispos a partir del momento en que se inaugura un régimen democrático, constitucional y liberal. Pero la cuestión ha dado muchas vueltas de siglo en siglo, que han dejado constancia de su extrema complejidad.
Lo cierto es que en el orbe del catolicismo los mundos de la política y la religión han alternado periodos de confusión con otros de separación y enfrentamiento. El estado y la iglesia han cooperado, combatido y guardado una respetuosa distancia, según las circunstancias de cada época. En la edad media la iglesia tendió a invadir el terreno del incipiente estado. Y en la modernidad, al contrario, fue el estado el que procuró por lo general imponer su ley a la iglesia. Solo en contadas ocasiones perdieron el contacto, pero en su trato hubo con frecuencia tirantez y conflicto. El estado democrático rompió hostilidades desde sus inicios y la iglesia reaccionó con igual virulencia, hasta que décadas más tarde hicieran oficialmente las paces y encontraran un modus vivendi. Entre las causas de esta desavenencia destaca el hecho de que la iglesia se guía por normas distintas de las que rigen en el estado y, por su parte, los católicos han tenido que cumplir con dos lealtades, la estatal y la eclesial, a veces atrapados en un dilema dramático.
Emile Perreau-Saussine estaba alcanzando la plenitud de su prometedora carrera académica cuando falleció en 2010, a los 42 años, de forma repentina. Había publicado su tesis doctoral, de la que era director Pierre Manent, gran historiador del liberalismo, y dejó escrito este magnífico libro, que apareció el año siguiente y es el primero de los suyos traducido al español. La clarividencia del autor y la tensión de su prosa hacen de la lectura de este texto una aventura intelectualmente apasionante. Es uno de esos libros en que el lector se ve llevado de página en página por los mil vericuetos de las ideas que inspiran las actitudes de los gobernantes, los ministros de la iglesia y los ciudadanos de la república.
La separación del estado y la iglesia es, sin duda, uno de los procesos históricos más determinantes de la historia de Occidente. Hágase, si no, un contraste con la evolución de la parte del planeta dominada por el islam. La división entre el estado y la iglesia se consuma durante la revolución francesa. Luego viene un siglo y medio de mucha beligerancia, y también de intentos pacificadores. La iglesia se abraza a la democracia y la sociedad moderna en el Concilio Vaticano II. A pesar de las tribulaciones causadas por el mayo del 68, que puso en solfa algunos de sus dogmas y de las instituciones en que se encarnaban, toda la actuación de la iglesia católica se deduce del principio de libertad religiosa, el mayor logro del concilio. Ahí está la respuesta a la pregunta de las primeras líneas. Si en la sociedad democrática la iglesia es una más, ¿qué le impide hablar de política como el resto de las organizaciones y los ciudadanos? Tocqueville, al que dedica Perreau-Saussine un capítulo que invade al lector con su brillantez, sostenía que es en una democracia donde la iglesia puede realizar su verdadera misión, enseñar y no mandar.

Catolicismo y democracia
Emile Perreau-Saussine
Traducción de Fernando Montesinos Pons y Oriol Sal
Ediciones Encuentro 298 páginas, 24 ¤
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