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Registrar la huella, esculpir el tiempo

Tadanori Yamaguchi instala en Bueño sus esculturas de aluminio

"Prisma de luz", en el exterior del CAB.

"Prisma de luz", en el exterior del CAB. / Tomás Miñambres

Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

En la escultura de Tadanori Yamaguchi siempre ha sido fundamental el tipo de material utilizado. Nacido en la localidad japonesa de Nagoya en 1970 y crecido en un entorno marcado por la tradición artesanal en técnicas de cantería y talla en piedra, comenzó usando materiales no perecederos, como el granito y el mármol blanco de Macael o negro de Calatorao. Posteriormente continuó con sus esculturas en madera, que mostraban las vetas de un esfuerzo preciosista y exquisito en busca de una belleza intransitiva, depurada y esencial, iluminadora.

Su trabajo todo tiene que ver con la idea del fluir, tan oriental, y un término japonés, hatsuru, relacionado con el proceso creativo entendido como ejercicio espiritual, realizado con las propias manos, tallando las piezas directamente, sin uso de máquinas. Sólo así cree posible conseguir el equilibrio que busca, y expresar la sensibilidad de un artista que quiere conjugar los extremos de lo artístico, lo efímero y lo duradero, lo frágil y lo contundente, lo evanescente, lo translúcido y lo opaco.

Obra de Tadanori Yamaguchi en la exposición.

Obra de Tadanori Yamaguchi en la exposición. / Tomás Miñambres

En sus obras primeras, Tadanori Yamaguchi tocaba asuntos más biológicos y cósmicos, micro y macroscópicos, que luego se han ido tornando geológicos, lo que es coherente en un artista en permanente encrucijada entre culturas para el que lo humano forma parte de los ciclos naturales, con el mismo principio y el mismo fin. Trasladado a Asturias tras la obtención de la beca del Museo Antón de Candás en 1998, y definitivamente arraigado, en el cuarto de siglo transcurrido ha obtenido reconocimientos importantes y recibido además encargos públicos o privados como el mural en piedra del Hotel Santo Domingo Plaza de Oviedo o las esculturas del edificio de la UNED en la Universidad Laboral y del Parque Científico-Tecnológico de Gijón.

Tienen obra suya la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, el Museo de Bellas Artes de Asturias, la Fundación Norman Foster, la Fundación Cerezales o el Templo de Kobe y el Parque de Kasama en Japón. A esto se une su participación en exposiciones colectivas locales y nacionales. Desde 1994 ha protagonizado además una veintena de exposiciones individuales, tanto institucionales como en galerías privadas, no sólo de Asturias sino también de Bilbao, Barcelona o Madrid, donde es conocido por su colaboración con la galería Marlborough.

En 2023 sorprendió con el empleo del aluminio, en un escenario tan especial como la antigua cantera de Angurreta (Durango, Vizcaya), sueño del escultor y pintor Víctor Arrizabalaga. Con una intervención artística que dialogaba con el entorno y respetaba la memoria del lugar, el punto de partida de Yamaguchi era la observación de la naturaleza y la consideración del tiempo –histórico, metafísico y también geológico– de la cantera, su huella humana, para ver la manera de reintegrar estos espacios abandonados en su ecosistema natural a través del arte y la cultura.

Obra de Tadanori Yamaguchi en la exposición.

Obra de Tadanori Yamaguchi en la exposición. / Tomás Miñambres

El artista tenía carta blanca para intervenir, la única condición era que la piedra de la cantera no se podía tocar, así que el escultor optó por la chapa de aluminio, que debidamente machacada transmitía el registro de la cantera, como una segunda piel. El trabajo tuvo como resultado piezas deslumbrantes, de material reflectante y aristas precisas, como "Prisma de luz", que al ser trasladada de forma temporal a la explanada de la Central Artística de Bueño (CAB) no pierde nada de su especificidad y energía.

Yamaguchi ya tenía obra en el Ayuntamiento de Ribera de Arriba y lo normal era que se contara con él para el ambicioso proyecto puesto en marcha por la Fundación EDP, aunque hayan tenido que pasar dos años desde su inauguración. Lo enmarcan ahora dentro del programa "Arte, naturaleza y sostenibilidad" y, además de la pieza exterior, se exponen varias obras suyas más, algunas anteriormente mostradas en la Galería Juan Manuel Lumbreras de Bilbao. Son esculturas de árboles hendidos por el rayo, raiboku en japonés, cuya corteza de aluminio plateado se complementa con el dorado incandescente de su interior, hecho con una manta térmica colocada en su núcleo. Parecen proseguir la línea marcada por algunas de sus piezas de pared, en las que ya dibujaba relámpagos, rascados sobre la superficie dura.

Instaladas en la Casa de las Artes de Bueño, hay también una habitación refugio, hecha expresamente para el lugar. Señala bien Peio Aguirre en el catálogo de la exposición que enfrentarse a la obra de Tadanori Yamaguchi supone preguntarse por la inexorable relación entre duración y belleza, entre escultura y tiempo, atendiendo al concepto wabi-sabi de la cultura japonesa, en el que predomina lo fugaz y lo transitorio. Para conjugarlo, se ha traído otra de las piezas de aluminio de la cantera de Angurreta, "Masa", de peso específico, para dejarla colocada en el pueblo de Sardín, en el mismo concejo de Ribera de Arriba, de forma definitiva.

Esculpir el tiempo

Tadanori Yamaguchi

Central Artística de Bueño (CAB) y Casa de las Artes y las Ciencias de Bueño, Ribera de Arriba. Hasta el 8 de marzo

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