Logroño, punto de encuentro
"Ciudades en venta", de Manuel Vilas, es una lectura irónica, alucinada y desencantada del presente, con vocación de artificio y canto de cisne

Manuel Vilas. / ROBERT RAMOS
Uno de los defectos en que solemos caer al escribir sobre determinados autores que tienen una vocación de estilo muy reconocible, caso de Bukowski, Foster Wallace, Javier García Rodríguez o Manuel Vilas, es imitarlos por el efecto hipnótico de su prosodia. Queremos ser cómplices y confundimos los términos. Que si El gran Vilas puede ver en directo la vida de un país como si fuera un medio de comunicación, etc. En ese plan. Por eso, conviene cierta pausa entre su lectura y la escritura que provoca. Alejar el foco y pensar un poco. ¿Qué tiene la poesía de Manuel Vilas que tanto apetece tararearla? ¿Lo fía todo a su tono epatante y provocativo? Y, sobre todo: ¿Escribe poesía, a contracorriente, para descansar de sí mismo?
Lo primero que se me ocurre tiene que ver con la masiva reacción emocional que "Ordesa" (Alfaguara, 2018) ha supuesto entre los lectores. "Ordesa" no cuenta la vida, cuenta la verdad. Para el Vilas de "Ordesa", la verdad es lo más importante de la literatura. Ya no quiere contar la vida sino la verdad. "España" (DVD, 2008; Alfaguara, 2019) cuenta la vida de un país, pero no surge de la necesidad de saber cosas ciertas, de saber "qué me está pasando". "Ordesa" surge de la necesidad de recuperar el propio pasado tras la muerte de sus padres, un pasado que se perdería si no fuera recuperado mediante la escritura. "Ordesa" se somete en carne propia a los cánones del tiempo, asume que existe un pasado, un presente que lo necesita para dotarse de sentido y un futuro que lo redima. Ese efecto de verdad, de que te crees lo que me estás contando porque te va la vida en ello, justifica en buena parte su impacto. Por todo esto, me da la impresión de que Vilas se vuelca más emocionalmente en su narrativa que en su poesía. Hay en su poesía una vocación de artificio, de canto de cisne, la necesidad de envolverse con su propia música, regodearse en la máscara y soltar finalmente la paloma como Roy Batty en "Blade Runner": "[…] he decidido escribir este libro de poesía, que solo pide belleza y radical esplendor en los últimos años de mi existencia, pues he de morir, siendo el asunto de mi muerte un viejo conflicto familiar entre el sol y yo". En su poesía, tal como se percibe tanto en "Una sola vida" (2022), selección y recopilación realizada por el propio autor, como en este reciente "Ciudades en venta", su tono más característico se mantiene epatante con versículos que persiguen el exceso, una narratividad de burla barroca que es a la vez consuelo. Poemas largos, saturados de léxico, con aire de canción decadente por el lado salvaje, un ritmo basado en la anáfora y en la enumeración, un Lou Reed con el micrófono muy cerca de la boca en un susurro hipnótico, un flâneur del siglo XXI que recorre toda una civilización sumida en la incertidumbre.
Atraído tanto por la belleza como por la sordidez de las ciudades, percibe las transformaciones que la globalización y el consumo producen en sus periferias, ese Madrid que le enamoró un día y se transformó en un matrimonio cansado, la Nueva York de los donuts glaseados, el Iowa de la canción lenta, melancólica y dulce de Johnny Cash, pero también la nieve a las cinco de la mañana sobre Chicago y su lealtad a Barbastro, su ciudad natal, de la que recibe una orden taxativa: "Tú me lo dijiste: Si me amas, / pon en venta todas las ciudades de la tierra".
"Ciudades en venta" es una lectura irónica, alucinada y desencantada de una civilización vertical de hoteles y calles llenas de esos "prodigios baratos" tan presentes en la escritura de Vilas, saturada de objetos que adquieren una significación esencial y tienen su propia alma. Una colección de postales lanzadas sobre una cama de hotel, dispersas, sin orden establecido más allá del azar o los vínculos afectivos que sitúan a Chicago en la primera página y a Barbastro en la última. Con todo, hay un poema, "Logroño", que me parece capital por venir a desmano, por suponer un desvío, un desajuste de itinerario. "Logroño" es Manuel Vilas sin máscara: "Desaparecer en Logroño, porque la máxima comprensión / de la vida ocurre en la máxima soledad / de los pisos en venta de la ciudad de Logroño. // Logroño, rebélate contra España, rebélate / contra Europa, contra todo, y yo a tu lado, / siempre, porque tú y yo somos lo mismo".

Ciudades en venta
Manuel Vilas
Visor, 120 páginas 12 euros
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