Libro de los encuentros
Mireya Hernández construye un puzle de espacios, tiempos y personajes sin clara adscripción genérica en "Veo el mundo como una gran sinfonía"

Cultura - Libros
Tomo del mismo libro la tesis que para mí lo define (tesis suena, o muy solemne o como una salida de emergencia, pero en realidad toda tesis es un encuentro programado por el azar): "Veo el mundo como una gran sinfonía", de Mireya Hernández, es un libro desiderante y puede que así podamos abrir todo un hueco para más libros que podríamos considerar desiderantes (gracias, Mireya).
¿Y qué es un libro desiderante? La respuesta está en las páginas. Al final del libro de Hernández (un volumen sin centro de gravedad permanente o con tantos como historias y personajes circulan por él) aparece un episodio titulado "Armonía de las esferas", que comienza así: "En los ‘Comentarios sobre la guerra de las Galias’ de Julio César, desiderantes eran los soldados que, bajo las estrellas, esperaban a los compañeros que aún no habían regresado del campo de batalla.
Más precisamente, la etimología de la palabra "deseo" proviene del "estar bajo el cielo", observando las estrellas en una actitud de espera y búsqueda del camino".
"Veo el mundo como una gran sinfonía" espera y pone en conocimiento historias olvidadas, sombreadas o deseadas. Hernández, como los soldados romanos, espera y celebra el regreso o avistamiento de esas historias. Su libro es una crónica de ello y también una manera diferente de establecer una relación entre ficción y realidad. Es cierto que parte de sucesos reales que en su mayoría se pueden cotejar, pero diría que eso es lo menos importante. Estamos ante una pequeña enciclopedia de lo difuso y lo probable.
No refutaremos el tópico de Cavafis –lo importante es el camino– porque lo cierto es que la autora es capaz de partir de unos legionarios romanos y acabar en Dostoievski.
Nada está preescrito, todo son desvíos y saltos en el tiempo y en el espacio. ¿Está la escritora obligada a concebir su escritura bajo un cartesianismo de manual? No. "Mi tarea es la circunferencia", como dejó escrito Emily Dickinson. Quien escribe ejerce una mediación entre todo; está gratamente en el ojo del huracán y busca encuentros insólitos, imprevistos, inéditos, pospuestos, imposibles.
"Veo el mundo como una gran sinfonía" toma el lado extravagante, al margen de la historia; desconfía de las mayúsculas genuflexas, que diría el recientemente desaparecido Sousa y se mueve a partir de una atmósfera coincidente con los "Momentos estelares de la humanidad" de Stefan Zweig. Hernández escribe sobre momentos y encuentros con una escritura híbrida entre el relato, la crónica, lo ensayístico y lo poético. Todo es posible en la literatura. No hay pregunta más impertinente que la que dice: ¿Esto se puede hacer? Si la novela o los relatos necesitan romper costuras por algún lado, el libro de Hernández lo hace felizmente.
Con una mirada tan singular e íntima que invita al lector a imaginar o recordar episodios que podían haber aparecido. Se habla del encuentro entre Miles Davis y Jimi Hendrix igual que se podría haber escrito sobre un posterior encuentro entre Davis y Prince.
Y puestos a especular sobre encuentros: a cualquier lectora le hubiera gustado escuchar la grabación en la que Delfín, el tío de la escritora, afirma: "Quien profundiza en la realidad visible no puede por menos que descubrir una realidad invisible". El tío Fermín, con sus palabras, enuncia la poética de "Veo el mundo como una gran sinfonía".
Y por si fuera poco, también nos hallamos ante una colección de enigmas sin resolver. ¿Son estos enigmas la posibilidad de que estemos ante el primer volumen de una enciclopedia fantástica? Ojalá. Pero también conviene recordar que todo escritor tiene derecho a uno o a varios desvíos; a no repetirse.
Mireya Hernández nació en Madrid y ha publicado con anterioridad la novela fragmentaria "Meteoro"(Caballo de Troya, 2015), el libro misceláneo "Modos de caer" (Newcastle, 2021) y el ensayo literario "Jonas Mekas. El paraíso recobrado" (Zut, 2023).
Y dejemos para el final lo que Roberto Bolaño sugiere en la cita que abre el libro: escribir tal vez sea tender puentes entre distintas historias.
Crucen "Veo el mundo como una gran sinfonía" sin importarles lo que les espera a la otra orilla.

Veo el mundo como una gran sinfonía
Mireya Hernández
Pepitas, 208 páginas 21,80 euros
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