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Zarzuela en Viena

Éxito apoteósico de "Benamor", de Pablo Luna, en la capital austriaca

Representación de "Doña Francisquita" en el teatro Campoamor en febrero de 2025.

Representación de "Doña Francisquita" en el teatro Campoamor en febrero de 2025. / LNE

Mientras en nuestro país aún no se ha conseguido normalizar la representación de zarzuela con la mayor exigencia artística, fuera de nuestras fronteras aparecen destellos que invitan a cierto optimismo porque, en nuestro país, en lo que a las artes se refiere, el refrendo exterior pesa más que el interno.

Aquí abundan representaciones con escasos medios, voluntaristas, que tratan de mantener un tejido que, si somos sinceros, está destruido. La excepción es la norma. Es decir: lo raro es poder asistir en nuestros teatros líricos a funciones de zarzuela diseñadas con idénticos medios a los que se emplean en la ópera italiana, alemana o francesa que inundan las carteleras de los teatros líricos españoles. El teatro de La Zarzuela de Madrid –un teatro patrimonial–, el Campoamor de Oviedo, y algún título –normalmente uno, como si fuese una cuota– en Sevilla o Valladolid, Palma de Mallorca, Málaga o Jerez, aparte también de algún que otro meritorio esfuerzo en Canarias, son las pocas alegrías que tiene en casa un género de enorme relevancia histórica y con una capacidad inmensa para seguir cautivando al público. Basta con ver los llenos continuos cada vez que se programa para disipar cualquier duda al respecto, pese a una persistente nube negra estimulada desde parámetros pseudointelectuales incapaces de entender su peso, pero muy dañinos en una especie de boicot absurdo que sigue teniendo sus seguidores. Bien es verdad que cada vez menos, porque en cuanto se asiste a una zarzuela escenificada con parámetros líricos estándar, atrapa al nuevo espectador de inmediato.

Estas semanas en el Theater an der Wien, uno de los coliseos emblemáticos de la capital de Austria, se está representando "Benamor" de Pablo Luna y lo está haciendo con éxito apoteósico. Llenos y ovaciones encendidas son la nota predominante en cada función. Sus responsables son los mismos que idearon las extraordinarias funciones de "El Barberillo de Lavapiés" en Basilea: Christof Loy y José Miguel Pérez Sierra. Ambos han vuelto a demostrar la vigencia de un repertorio que está rompiendo barreras sin la menor ayuda institucional y con el entusiasmo de unos artistas que creen en él y de unos teatros que apuestan por la zarzuela conscientes de su calidad y de la necesidad abrir su repertorio habitual. Marina Monzó, David Oller, Alejandro Baliñas, David Alegret, Sofía Esparza y una espectacular Milagros Martín –que realiza un prólogo magistral a la obra– encabezan un reparto que aporta calidad vocal y entrega interpretativa. Ojalá esta nueva parada de la zarzuela en Viena mantenga viva una presencia internacional que debe crecer en los próximos años. Y espero que, entre nosotros, de una vez por todas, se venzan prejuicios de otra época y la zarzuela se instale en los teatros conviviendo en igualdad de condiciones, como siempre hizo, con la ópera.

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