Gloria a los vencidos
"Conquistadores", de Éric Vuillard, muestra las causas que han perpetrado la dominación de Occidente narrando desde dentro la destrucción del imperio inca

Éric Vuillard. / EP
Los incas creían que el día menos pensado se les aparecería el dios Wiracocha, una divinidad con barba blanca y ojos verdes vestida con ropajes de oro que se había marchado cruzando el océano bajo la promesa de volver cuando su pueblo lo necesitase. Ese fue, precisamente, su gran error. Un error de interpretación de lo que se les venía encima. El día que Francisco Pizarro llegó a las tierras del imperio inca con apenas doscientos soldados, los exploradores del emperador Atahualpa le comunicaron exaltados que habían llegado desde el Pacífico dioses con barbas, piel blanca y armaduras que refulgían al sol como si fueran de oro. Fue el principio del fin de una civilización inca que ya estaba en crisis, sumida en una cruenta guerra civil entre Atahualpa y su hermano. Una civilización de miles de nativos aniquilada por un espejismo de dos centenares de españoles sucios de barrio, agotados, febriles, brutos como arados, outsiders, pero con un ansia enorme de hacerse con el oro del que hablaban las crónicas de los primeros conquistadores. Como la historia la escriben los vencedores, se ha singularizado la colonización hispana como un proceso de civilización y emancipación de los pueblos aborígenes. Ese es el "relato" que se impone a la verdad de los hechos, una mitología evangélica a la altura de Wiracocha y sus promesas. Pero no hay singularización, no hay diferencia con otros momentos históricos, anteriores y posteriores, semejantes en la trama. La colonización hispana fue un proceso de invasión y de destrucción por parte de unos hombres que se internaron en tierras inhóspitas, obsesionados con la leyenda del oro y financiados por una cadena de mando que se remontaba, a miles de kilómetros de distancia, a las poderosas familias de banqueros europeos que financiaron la elección de Carlos V como emperador invirtiendo su capital en una extensa operación militar en el Nuevo Mundo para extraer sus enormes reservas de "minerales raros". Nada nuevo bajo el sol.
Éric Vuillard (Lyon, 1968) da cuenta del proceso desde la llegada de las primeras tropas al imperio inca hasta la batalla de las Salinas y el asesinato de Pizarro en "Conquistadores", publicado en Francia en 2009 y que ha tardado quince años en editarse en España. Desde su punto de vista, la conquista del Perú, con sus claroscuros y episodios infames, inicia la gran tragedia de nuestro mundo a través de una historia que no ha terminado. Combina lo épico y lo grotesco para poner de manifiesto que el oro fue el verdadero motor de la conquista y que las multinacionales que asumen el poder económico en los países colonizados han tomado el relevo a los conquistadores: "La historia de la colonización no ha terminado, se sigue escribiendo incesantemente. La ropa que llevamos, los objetos que nos rodean están producidos en países pobres con mano de obra mal pagada y gran parte de nuestros recursos naturales vienen de esos países explotados por nuestras empresas".
Vuillard defiende con sus libros que la Historia está hecha de convergencias centenarias y de la audacia de un instante. Con un efecto óptico de microscopio, lente a ras de suelo, sigue las andanzas de unos soldados de bajo rango, un puñado de hombres que subyugan a la dinastía más poderosa del continente americano en un afán delirante por el oro y la sed inmensa de poder para terminar matándose entre sí.
Cada libro suyo focaliza algún aspecto clave de la época actual mediante la reconfiguración de un momento histórico. Libros compactos y punzantes que ponen en práctica una responsabilidad política individual consistente en reflexionar sobre algo colectivo. Vuillard busca en la historia los puntos de ruptura, las claves de lo que nos ha conducido hasta donde estamos hoy, las causas que han perpetrado la dominación de Occidente o que han propiciado un incremento vertiginoso de las desigualdades sociales. Y lo hace mediante un método de composición semejante al montaje cinematográfico, actividad que, por otro lado, ha practicado como director de las películas "L’homme qui marche" y "Matheo Falcone". Un estilo minimalista, de fraseo corto, que incide en la inmediatez, en el detalle del primer plano, en la plasticidad de lo vivido por sus protagonistas. No se inventa nada, los hechos siempre son los hechos: "Como lector me siento cada vez más ávido de realidad, de obtener claves de comprensión". De hecho, no concibe la posibilidad de inventarse secuencias dialogadas en sus textos, no hay diálogos ni entrecomillados, le importa lo que hay de verdad bajo la alfombra de la Historia oficial sin inventar falsas réplicas.
Y como réplica certera, circula un vídeo que se hizo viral en el que una mujer indígena reclamaba la liberación de Pedro Castillo, primer presidente indígena del Perú que, tras su fallido autogolpe de Estado en 2022, fue detenido. La mujer reclama su liberación ante un grupo armado de policías y dos jóvenes de clase media que pasan por delante, sin mirarla, dicen a los policías: "Mátenla". Es como si el ataque de Cajamarca, cuando las tropas de Pizarro capturan en 1532 al líder inca Atahualpa, se reiniciase en bucle.

Conquistadores
Éric Vuillard
Traducción de Félix Terrones
Tusquets, 376 páginas 22,90 euros Tusquets, 376 páginas 22,90 euros
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