Bloc de notas
El lobo acecha
La bielorrusa Eva Vieznaviec ha escrito una buena novela, cargada de inquietantes atmósferas y preguntas dirigidas a ahuyentar el silencio

Eva Vieznaviec. / Gatopardo Ediciones
"Si te encuentras en unos baños públicos, lamiendo la llave con la que acabas de descorchar una botella de vino para no desperdiciar ni una gota del preciado líquido, es que no te queda nada que perder. Sobre todo, si esa llave ya no abre ninguna puerta". Una novela que empieza así, merece una oportunidad. Es el caso de "¿Qué buscas, lobo?", de la bielorrusa Eva Vieznaviec, seudónimo literario de la periodista y escritora Sviatlana Kurs, de la que no había leído nada hasta ahora y que en adelante tendré en cuenta por la facilidad que tiene de transmitir convincentes atmósferas al lector.
Para empezar cuenta una historia que recorre varias generaciones de mujeres y se adentra en el pasado turbulento de Bielorrusia sin el refugio de la nostalgia ni el recurso fácil de la épica. La mirada de Vieznaviec no se posa en los grandes discursos, sino en lo que dejan atrás: vidas interrumpidas, silencios familiares, lealtades torcidas y el miedo transmitido como si fuese una herencia. Confirma mi intuición de que la literatura del Este europeo ha perseguido durante décadas una narrativa sin fondos neutros, infiltrándose con fuerza en lo más íntimo de la cocina, el dormitorio y la educación sentimental. La autora de "¿Qué buscas, lobo?" podría haber escrito una novela didáctica, una suerte de guía narrativa sobre las fracturas históricas de su país, pero opta por algo más literario y, por esa razón, mucho más inquietante, que consiste en construir una atmósfera que nos permita penetrar convenientemente aclimatados en lo que narra. El lector se mueve entre episodios donde lo político se confunde con lo doméstico y en los que la violencia, más que mostrarse, se presiente. La elección es acertada, puesto que el trauma colectivo rara vez se recuerda igual que si se tratara de un relato ordenado; suele presentarse como una interrupción, haciéndose hueco.
Y en medio de todo está el lobo. El lobo del título surge como un símbolo de múltiples capas, deliberadamente ambiguo. Significa amenaza, sí, pero también deseo. Es la bestia que acecha desde el bosque y que a la vez habita dentro de uno. En una sociedad marcada por el control y la sospecha, se convierte en la figura perfecta. Representa el miedo que se aprende y el peligro que no necesita mostrarse para ser eficaz. Al lobo no le hace falta aparecer, basta con nombrarlo. Así pues la pregunta –¿Qué buscas, lobo?– suena menos como una curiosidad que como una interpelación paranoica. No sabemos si viene a reclamar lo que se ocultó, a despertar lo que adormeció o a recordar aquello que fue prohibido en un estado totalitario. La prosa de Vieznaviec acompaña esa ambición con una escritura contenida, a ratos seca, pero nunca fría, por más que lo que describe pudiera parecer helador. Evita emotividad y, precisamente por eso, golpea con más fuerza. Existe una precisión bien concebida y acabada en las imágenes breves, los detalles aparentemente menores, en las frases que caen con el peso de las confesiones involuntarias. No hay sentimentalismo ni grandilocuencia, pero sí una gravedad sostenida, una tensión que no se libera del todo, como si el texto supiera que la historia aludida no permite finales tranquilizadores. "¿Qué buscas, lobo?" plantea, además, la cuestión esencial de que el pasado no es un lugar al que se vuelve, sino algo que regresa. Y lo hace repetidamente, de la forma menos heroica posible, por medio de un secreto familiar, contradictoriamente, o a través del silencio heredado. La memoria individual y la colectiva se contaminan, se corrigen y se traicionan en la novela de Vieznaviec. En ese juego, el lector descubre que no hay recuerdo inocente cuando la memoria se convierte en un campo de batalla. No solo entre generaciones, sino dentro de cada personaje.
Tampoco se trata de una lectura cómoda. La estructura, más atmosférica que lineal, exige atención. Pero esa exigencia no es caprichosa, responde a la lógica narrativa de lo que la autora pretende contar y del material de que dispone. Las historias traumáticas rara vez se dejan narrar con comodidad; y Vieznaviec parece negarse a convertir el dolor en un objeto de consumo. La literatura, cuando es verdadera, no viene a tranquilizar sino a nombrar lo que se pretendió olvidar dejándolo sin nombre. Hay preguntas, además, que no se hacen para obtener respuesta y sí para impedir que el silencio siga imperando. Es lo que sucede con este lobo.

¿Qué buscas, lobo?
Eva Vieznaviec
Traducción de Andréi Kozinets
Gatopardo, 176 páginas, 18 euros
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