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Arte

La degradación revaluada por la estética

Tania Blanco expone la propuesta merecedora del IX Premio Museo Barjola

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola.

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola. / Tomás Miñambres

Luis Feás Costilla

Luis Feás Costilla

Cuando Tania Blanco (Muros de Nalón, 1987) ganó el Premio Asturias Joven de Artes Plásticas en 2018, se le concedió por su ya amplia trayectoria en el campo del grabado, al que incluso se dedicaba profesionalmente. Licenciada en la Universidad de Salamanca por sus estudios en Bellas Artes, que finalizó en la Universidad de Roma, realizó luego un Máster de Diseño y Pre-impresión en Madrid y el Ciclo Superior de Grabado en la Escuela Superior de Arte de León. Su investigación se centraba entonces en lo que denominaba "geometría de lo cotidiano", con la que la artista buscaba aquellas figuras que se encontraban en su entorno doméstico, identificando sus potencialidades como generadores de nuevas formas, para desdoblar sus significantes a través de una personal lectura. Partía de figuras sencillas procedentes de juegos como la papiroflexia o presentes en algunos objetos de su entorno más inmediato para progresivamente desarrollarlas, por desdoblamiento, a través de la aplicación de giros, variaciones o cálculos matemáticos, hasta que la obra quedaba configurada por agotamiento de las premisas.

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola.

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola. / Tomás

Mas ya entonces participaba de la tendencia artística que denominé en ese momento "la ritualización de lo concreto", la cosificación de lo artístico, en la que lo que se busca es hacer del objeto el centro de la práctica y la reflexión. Frente a quienes propugnan su desmaterialización, devaluándolo, o temen su desaparición, el arte joven sigue reivindicándose como objeto, en cumplimiento de ese proceso de aproximación a la realidad que es la penetración en la realidad misma. Culminación del realismo, ya no quiere representar la realidad, sino anexionársela, y el arte se convierte así, con toda naturalidad, en arte del objeto y con ello asume todas sus paradojas, como diagnosticó Xavier Rubert de Ventós. Por eso cuando presentó en la Sala Borrón de Oviedo en 2019 la exposición a la que tenía derecho por la concesión del premio, bajo el título "El tiempo de las cosas", mostraba, además de planchas de cobre degradadas, varias instalaciones, hechas por ejemplo con materiales propios de la fotografía, como cartulinas negras expuestas a la luz solar en Asturias durante el verano, o con piezas de cristales de colores encontradas en las playas de Cádiz, en cuya Escuela de Arte realizó el ciclo superior de cerámica artística. Allí compagina su práctica artística con la docencia al tiempo que cursa el doctorado en la Universidad de Sevilla.

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola.

La exposición "Gas, óxido, sal", de Tania Blanco, en el Museo Barjola. / Tomás Miñambres

La suya es una investigación comparativa entre sus dos mundos actuales. En su arte se interesa por la relación de los objetos cotidianos con el entorno, así como la evolución de sus formas con el devenir del tiempo. Se inclina hacia los objetos cuya superficie ha sido modelada por la luz y los fenómenos naturales, ya sea recogiendo pedazos de objetos arrastrados por el mar y el viento, o registrando su efecto sobre diferentes soportes como cobre o papel. Identifica la potencialidad de los materiales como generadores de nuevas figuras, desdoblando sus significantes a través de una personal clasificación y reorganización. De ahí parte su proyecto "Ayalga", que comenzó a principios de 2020 y en el que está sumergida desde entonces. Es una reflexión en torno a la gestión de los residuos derivados de la actividad humana, que primero fue expuesta en la Galería Guillermina Caicoya y más tarde ampliada, gracias a la ayuda de Asturies Cultura en Rede, con nuevos materiales como el barro cocido, azulejos, baldosas y pequeños ladrillos, sílice o residuos cerámicos provenientes en gran medida de la construcción, que aparecen en las playas.

Desde 2022 se centra además en los residuos del entorno más próximo a la industria siderúrgica de Asturias, concretamente los férricos derivados de la industria metalúrgica de las centrales de Veriña y Aboño, con el respaldo de la Fundación Municipal de Cultura de Gijón y de nuevo del programa Asturies Cultura en Rede del Principado. Asimismo, la última evolución de este proyecto obtuvo recientemente el IX Premio Museo Barjola, que ahora expone en su sede titular bajo la denominación "Gas, óxido, sal". A la artista le interesa el residuo en polvo que se escapa de los almacenes de materias primas y que tiñe de rojo y otros colores insospechados el paisaje circundante, elemento volátil tratado como un elemento plástico, casi como un pigmento que penetra en el entorno natural. Blanco plantea en la Capilla de la Trinidad una instalación realizada con piezas expuestas a la acción de estos materiales, convirtiéndolos en dispositivos que registran y revelan la presencia del residuo industrial en el territorio. Pero lo más importante es que la artista revalúa estos materiales, habitualmente asociados a la degradación y al deterioro, y les otorga como suele una categoría estética que no exime la crítica pero que ofrece al espectador la posibilidad de contemplarlos desde una insólita belleza, no por inesperada menos eficaz.

Gas, óxido, sal (IX Premio Museo Barjola)

Tania Blanco

Museo Barjola, c/ Trinidad 17, Gijón. Hasta el 8 de marzo

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