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La fiebre

Guillem Martínez publica su poesía reunida, que entra por lo rítmico y su modulación más rotunda: el encabalgamiento

Guillem Martínez-

Guillem Martínez- / LNE

Fernando Menéndez

Fernando Menéndez

Cabe la posibilidad de que si Guillem Martínez escogió para abrir su libro de poemas "Las palabras que inmortalizaron a la malograda Escuadrilla La Fayette" (a partir de aquí abrevio: "Las palabras…") una cita de W. S. Burroughs que dice: "Un poeta es un novelista perezoso", lo haya hecho por esquivar la solemnidad que suele acechar a lo poético y porque ser un polizón es respirar a hurtadillas el aire del mar. Pudiera ser que Martínez fuera de un lirismo intermitente, pero no. El lirismo llega a ser una cursilería antipoética y, como se deja ver en el prólogo al libro, de intermitencia nada; la poesía para Martínez es un flujo (por parafrasear a Cortázar) que se va adaptando al tiempo. Porque poesía, más allá de los libros que aquí se recogen, también son las columnas y artículos de opinión que escribe en la publicación digital "Contexto". Lo poético entra por lo rítmico y su modulación más rotunda: el encabalgamiento. En "Las palabras… y otros poemas" se encabalga como si se respirara; como si al poeta le fuera la vida en ello.

La vida siempre va. De ella y de la escritura se habla en el prólogo antes aludido: una casa como un prólogo (permítanme la vuelta a la tortilla) que supone una pieza única y de lectura recomendadísima. Tenía que venir Martínez para agarrar a la poesía por la pechera.

El prólogo (1): los poemas son autosuficientes; no son descartes ni entretenimiento (pocas bromas, que Oscar Wilde tenía un petirrojo en el pecho).

El prólogo (2): es preciso un contexto, no como ahora que todo se descontextualiza a conveniencia. Y la contextualización en Martínez podría denominarse "La forja de un plumífero" y vinculo así al autor de "Los domingos" con el maestro Sánchez Ferlosio. Forjarse es aprender y avanzar.

El prólogo (3): precisamente Ferlosio y otras cosas que escribió Martínez con anterioridad sobrevuelan el hecho de que en la década de 1980 se dio el gran reemplazo (esta vez sí) de economías industriales y agrícolas por una economía de ilusionistas. Y la sustitución de una cultura plural por una cultura oficial vinculada en exceso al mero entretenimiento. Volvamos a Ferlosio, su impagable: "La cultura, ese invento del gobierno". La poesía no debe tener quien le gobierne sus días. ¿No es por definición contracultural? Razón: "Las palabras…"

El prólogo (4): Martínez solo: "Un escritor, al cabo, no es más que una persona que tan solo quiere –no quiere, debe, siente esa pulsión– escribir lo que ha leído"

Lo que ha leído: Aleixandre, Altolaguirre… Y sobre todo: Pere Gimferrer. Acontecimiento / apunte: el novísimo calificó los poemas de Martínez: conjuración de afilada precisión e interrupción brusca. Y más cosas, pero debo continuar yo.

Los poemas: los de la malograda escuadrilla se editaron en su momento en edición no venal. Ritmo encabalgado. Sensación de velocidad que se va ralentizando al sometimiento del lector: "Quien le toca le toca dicen en las / tabernas / y en los parques y en las academias".

Los poemas: "La canción de Blade Runner" (también en su tiempo, no venal). Lo que va de unas pinturas finiseculares a unas fotografías de Walker Evans. Eso me pareció ver.

Los poemas: el hasta ahora inédito "Los hombres y las mujeres y los monstruos". El futuro ya está aquí. Es más: siempre estuvo aquí.

El prólogo (5): Martínez solo: "qué es la poesía. Es una intensificación del lenguaje que conduce hacia otro sitio, un sitio al rojo vivo, imprevisto e importante, en el que las cosas suceden con mayor realidad (…) en mi trabajo debo velar por la juventud del lenguaje; por no envejecerlo, desgastarlo, quemar su significado".

Yo solo (sin que sirva de precedente): al leer los poemas de Martínez, al leer su prólogo, me hizo pensar que siempre nos precipitamos; que la historia de la cultura es, de un tiempo a esta parte, la historia de la prisa y sus ambiciones. El humanismo, siempre en el pensamiento de Martínez, no es así. Nunca lo fue

Se trata, lo he aprendido al leerlo, de una fiebre a fuego lento. Paradójico. ¿Cuándo no lo es?

Las palabras que inmortalizaron a la malograda Escuadrilla La Fayette y otros poemas

Guillem Martínez

Escritos contextatarios

142 páginas, 10 euros

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