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Anatomía de las Antillas

"Tierra mezclada" recoge diez relatos en los que Maryse Condé retrata personajes "arrojados a los márgenes", entre la magia y la ciencia

Maryse Condé.

Maryse Condé. / LNE

M. S. Suárez Lafuente

Maryse Condé, nacida en Guadalupe en 1937, publicó, antes de su muerte en Francia en 2024, obras de teatro, relatos y novelas, varias de las cuales han sido traducidas al español: "Ségou: La tierra desmoronada" (1984), "Yo, Tituba, la bruja negra de Salem" (1986), "La colonia del nuevo mundo" (1993), "La deseada" (1997), "Historia de la mujer caníbal" (2003) y "El evangelio del nuevo mundo" (2021). Condé noveló también su biografía en "Victoire: la madre de Mi Madre" (2010) y "La vida sin maquillaje" (2020). En 1999 publicó "Corazón que ríe, corazón que llora. Cuentos verdaderos de mi infancia" y, recientemente, se tradujo otra colección de relatos, "Tierra mezclada", que habían sido publicados en 1997.

En toda su obra, Condé inscribe la cultura caribeña, los mitos y leyendas de su entorno, la historia, los personajes con los que convivió en su isla nativa y los ritos y las creencias que la sustentaron a través de su periplo vital, que la llevó de Guadalupe a Francia, a varios países africanos (Costa de Marfil, Guinea, Ghana, Senegal y Mali) y a Estados Unidos.

"Tierra mezclada" recoge diez relatos en los que la autora retrata personajes "arrojados a los márgenes, errantes entre islas, continentes y recuerdos, intentando comprender quiénes son y de dónde vienen", al igual que la propia Condé. Como ella misma dijo, al tener que enfrentarse al devenir de su país sin ayuda documental alguna, "las historias individuales sustituyeron a la historia colectiva". Esta compilación habla de esas historias individuales.

Lo hace apoyándose en buena medida en lo que podemos definir como realismo mágico, aquellas circunstancias y personajes que son a todas luces improbables pero creíbles en el contexto de la narración. Sus personajes principales son ex/céntricos, llaman la atención por su diferencia en la sociedad en que se mueven: Pourméra, que vagabundeaba sin rumbo, siempre en silencio; Létitia, que daba "largas caminatas solitarias al amanecer", o Solo, siempre "inmóvil, envuelto en polvo". Estos personajes, que abundan en los relatos y en las novelas de Condé, son considerados tarados o directamente locos por sus conciudadanos y, mayormente, tolerados.

Es la autora y sus narradores quienes entienden cuál es la razón de su silencio y, o bien los rescatan directamente, devolviéndoles la voz o enviándoles a un lugar nuevo donde pueden renacer, o les tejen una genealogía que explica su diferencia. Condé siempre deja claro que la frontera entre la cordura y la locura está delimitada por la mente de quien juzga. No es de extrañar, por tanto, que la magia y la ciencia convivan, incluso en la misma persona, que se nutre de talismanes y procesiones por la mañana y de médicos y medicinas por la tarde.

Pero Condé se cuida de engarzar sus historias en el contexto de la Historia con mayúscula: así, va desgranando fechas, números, nombres y acontecimientos locales y universales que influyeron en el mundo antillano. Esto demuestra que todo lo que sucede, a gran escala o en espacios reducidos, da lugar a rasgos sociológicos y psicológicos de los que no somos directamente responsables.

No olvida la autora la servidumbre a que estaban sometidas las mujeres de Guadalupe, abocadas, en el mejor de los casos, al matrimonio, que implicaba "la imposibilidad de dirigir su propio destino o de cometer los errores o realizar las hazañas que jalonan cualquier vida digna de tal nombre". Otra razón para arrastrar a la "locura" a mujeres inteligentes y orgullosas como la Altagras del relato que da nombre a la colección.

Tierra mezclada

Maryse Condé

Traducción de Andréi Kozinets

Impedimenta 196 páginas 21,80 euros

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