Tratado de desocupación
Carolina Sarmiento relata en "Las fronteras" las últimas horas de un personaje que trata de resistir en circunstancias excepcionales para la Tierra

Carolina Sarmiento. / Ángel González
Moisés Mori
La trayectoria narrativa de Carolina Sarmiento (Oviedo, 1981) consistía hasta ahora en un libro de relatos ("Animales urticantes", 2020) y dos novelas ("Tarada", 2021 y "Vrësno", 2023). En esos títulos la escritora ya mostraba, y de modo creciente, una mirada personal que se manifestaba con singular relieve. No obstante, la publicación de su nueva obra, "Las fronteras", supone un salto de particular relevancia, pues es esta sin duda su mejor novela, un texto que desarrolla una breve historia cargada de emoción y crudeza, de sencillez y misterio; o en otras palabras: un cuento de miedo con ideas, una distopía sin moralina, una pesadilla de amor y muerte. Y es que la autora ha sabido conjugar y enriquecer aquí la narración propiamente dicha con su sensibilidad poética, lo que otorga a su escritura un especial aliento; no en vano su entrada en el campo literario fue un libro de versos ("Ikiru", 2018) que se abría con este desplante: "No busco la belleza / me la encuentro / cuando paseo / sin saber que vivo", y en "Vértigo en la boca" (2025), libro inmediatamente anterior al que hoy reseñamos, aseguraba con parecido genio: "Si escribo, / ahora mismo, / estoy en peligro".
Como el título de la obra ya apunta, la acción narrativa de "Las fronteras" se desarrolla en una zona fronteriza. Pero es esta una demarcación muy particular, ya que la Tierra, y por acuerdo de todas las naciones, se ha dividido en dos partes y ha sido despoblada por completo en una de ellas para asegurar así el mantenimiento y regeneración de una naturaleza a punto de extinguirse debido a los abusos de nuestra civilización. El personaje central y narrador de la historia es un guarda encargado de que se respete ese límite en la franja que le corresponde; en principio, los acontecimientos giran, pues, en torno a conflictos fronterizos (cazadores furtivos, contrabando, etc.), a circunstanciales transgresiones de las normas propias de esa zona tan delicada, siempre entre guerra y paz, regida por un universal Tratado de desocupación.
Pero este es un libro que indaga en otras fronteras más allá de las bélicas o geográficas, de las dispuestas en este caso para preservar la diversidad biológica, la vida en la Tierra. En primer lugar, porque el guarda-narrador no es un personaje totalmente fiable, de modo que no siempre podemos dar por bueno su discurso; además él mismo duda de lo que está viviendo, de lo que ocurre a su alrededor, y en definitiva tampoco puede controlar lo más íntimo y verdaderamente importante para él. ¿Y qué es lo más importante, lo que otorga su verdadero carácter a esta emocionante, delicada historia? Pues un caballo; un caballo tan carnal como imaginario, tan cargado de erotismo como de misterio. Por lo demás, el libro, dividido en 24 capítulos numerados en orden decreciente, se abre con esta advertencia: "Sueño mucho"; y en el último de los capítulos (u horas) se cierra el relato "por fin sin pesadillas", esto es: "Abrazados para siempre". ¿Abrazado a un caballo? No exactamente.
Así que al tiempo que se difumina la frontera entre sueño y vigilia, se desvanece asimismo la que distingue al hombre del animal ("fui liebre, fui zorro"), puede pensarse por tanto en compartir el alma con el perro o que hombre y caballo se crucen en centauro, y menos consistencia ha de tener la demarcación que separa masculino y femenino; de hecho, el caballo pertenece a un joven ausente, a ese inquietante fantasma. Y hasta los límites o fronteras del yo, del propio guarda, también se desdibujan: él mismo se desdobla en su pesado abrigo, una suerte de gravosa conciencia, y ese otro (u "hombre del abrigo") le habla, le vigila. Sí, también muerte y vida se cruzan y estrechan fatalmente para él: "El río me ofrece su cuna".
El trasfondo ideológico y crítico de la novela, de ese amenazante futuro para la Tierra, no ofrece dudas, pero es justamente esa esencial indeterminación o multiplicidad de heterogéneas fronteras lo que otorga a la escritura de Sarmiento su particular carácter, su originalidad y pulso poético. El anónimo guarda es un esmerado retrato de la otra cara, de la otra parte que también somos, pues ese hombre recto y defensor de la Naturaleza, de los animales, casi animal él mismo, y a quien podríamos considerar como un soldado de la ecología, es a su vez un tipo sádico, violento, particularmente odioso. No puede, sin embargo, sorprendernos que la autora que ha escrito sobre animales urticantes (más o menos reales), que ha tomado por protagonista a una tarada (más o menos próxima), que evocó en "Vrësno" un pueblo tan marginado como estremecedor, explore en "Las fronteras" otros límites existenciales y alcance así su más alta y bella escritura.

Las fronteras
Carolina Sarmiento
Siruela, 128 páginas 15,95 euros
Suscríbete para seguir leyendo
- Adiós al uso de la baliza V-16: la DGT explica su fecha límite de uso por conductor
- Un conductor circula a 115 kilómetros por hora por autovía y la cámara le multa por no llevar el elemento de seguridad obligatorio dentro del coche: la Guardia Civil extrema la vigilancia
- Adiós a la baliza v-16 y uso opcional tras su compra obligada antes del 1 de enero: 'No será exigible su conectividad con los sistemas de detección
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la bicicleta eléctrica más barata del mercado para esta primavera: con tres niveles de asistencia al pedaleo
- Multado con 200 euros por viajar solo en el coche en ciudad y no respetar la nueva señal de Tráfico: el Gobierno fomenta el uso del coche compartido
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para conseguir la maleta-mochila para cabina más barata del mercado: por 9,99 euros y capacidad de hasta 20 litros
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el cojín ergonómico más cómodo del mercado: disponible por menos de 4 euros
- Mañana se esperan colas kilométricas en Action para conseguir el juego de cacerolas de aspecto piedra más baratas del mercad: por solo 6,95 euros