Inicio de gira en Lyon
Rosalía, el baile y la puesta en escena del 'Lux tour': entre la pureza del ballet al nervio de la danza urbana y contemporánea
El contraste entre los movimientos estáticos y desenfrenados se combinan siguiendo las diferentes etapas del 'show', respirando al ritmo que impone la música
Marta Cervera
Rosalía sorprendió con un 'show' donde pasó de bailarina clásica con tutú y zapatillas de punta a devota de Dios y estrella del pop. Todo ello en un espectáculo en el que fue respaldada por los versátiles bailarines del colectivo (La)Horde, fundado en 2013 por Marine Brutti, Jonathan Debrouwer y Arthur Harel que dirige el Ballet de Marsella. Simplicidad, teatralidad, elegancia destacaron en las variadas coreografías: de los momentos etéreos a otros de gran intensidad, potentes y sexualizados.
Ya habían dejado entrever parte de su fusión entre pasado y presente, clásico y contemporáneo, en la actuación de Rosalía en los Brit Awards con una impresionante coreografía de 'Berghain', donde hasta se integraba el coro. En la gira es diferente. La decena de bailarines que acompaña a la estrella catalana en 'Lux tour' son fundamentales. Tanto mueven a la artista como contribuyen a trasladar los elementos arquitectónicos que transforman el escenario y ayudan a la catalana en algún cambio rápido.
El contraste entre los movimientos estáticos y desenfrenados se combinan siguiendo las diferentes etapas del 'show', respirando al ritmo que impone la música. Rosalía empieza como figurita de una caja de música, centrándose en esa parte más clásica y operística del álbum, disfrutando de una pureza que encaja con una primera parte del concierto dedicada a temas como 'Sexo, violencia y llantas' y 'Divinize'. Rosalía está contenida. Canta sin apenas moverse mientras de eso se encarga un poderoso conjunto. Después uno de los bailarines la saca de su pedestal y se pone a dar vueltas con ella, cogiéndola como si fuera una figurita de porcelana. A partir de 'Barghain', que acaba con un desmelene total con frenéticos movimientos, todo cambia.

Sara Fernández
Las coreografías, como el vestuario, sintonizan con la puesta en escena, muy simbólica y teatral pero también sencilla y orgánica que tanto se adapta a los momentos de mayor recogimiento como a los más exaltados tirando de imaginación y detalles de gran calidad. Los talentosos intérpretes que la acompañan en el escenario hacen magia visual con sus manos y antebrazos enfundados en blanco sobre un fondo negro jugando con las estrofas de 'La perla', pero también se transforman para acompañarla en una jota modernizada o en esas amalgamas de cuerpos que utilizan en diversos números donde Rosalía se integra pero siempre destaca. La danza aportó sentido a la música, jugó a favor. Lo único que chirrió fueron algunas escenas de transición donde los intérpretes fueron más actores que bailarines, como esa parodia que hacen de 'Mio Cristo piange diamanti', o cuando aparecen llorando entre bambalinas.
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Fuente: El Periódico
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