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George Saunders, transgresión y ética

Los cuentos del norteamericano nos hablan desde las conciencias confundidas de personajes frágiles y en conflicto con un materialismo desenfrenado

George Saunders.

George Saunders. / EFE

Jaime Priede

Jaime Priede

Hay veces que la vida te golpea tan duro desde todas partes, que te rindes, dices basta. Cuando ya no puedes aparentar nada, nada tapa la verdad. Los personajes de George Saunders (Amarilla, Texas, 1953) se presentan en escena en días inusuales, algo empieza a no ir bien, se intuyen tiempos difíciles por el horizonte y un grave problema o un conflicto inesperado les arrastrará corriente abajo como víctimas de un derrumbamiento emocional, de un sentimiento de culpabilidad o de una devastadora desnudez moral.

Personajes con una sonrisa tensa e involuntaria que se desvanece al instante, que andan de aquí para allá con el pulso acelerado, muertos de preocupación, temerosos de los conflictos, conciliadores hasta extremos insospechados, patéticamente ingenuos. Llevan una vida que no se parece en nada a la que habían imaginado para sí mismos, pero se tragan su orgullo y le echan paciencia. Para explorar los límites de la bondad, Saunders escribe desde las conciencias confundidas de personajes frágiles y lo hace con una ambición lingüística tan grande y alejada del minimalismo de sus maestros, Tobias Wolff y Raymond Carver principalmente, que todo se escucha nuevo, vivo, irrepetible.

Saunders es autor de las colecciones de relatos "Guerracivilandia en ruinas", "Pastoralia", "Diez de diciembre" (Alfabia, 2013) y "El día de la liberación" (Seix Barral, 2024), el ensayo "Felicidades, por cierto" (Seix Barral, 2020) y la novela "Lincoln en el Bardo" (Seix Barral, 2018). Ha sido finalista del prestigioso National Book Circle Award y ha ganado el premio Pen/Malamud, que reconoce la mejor colección de relatos. Ha sido distinguido con la Medalla del National Book Award por su contribución a las letras estadounidenses y la revista "Time" lo consideró una de las cien personas más influyentes del mundo. Pero por encima de todo, Saunders es un maestro de la empatía. Convertido al budismo tibetano, vive en Siracusa con su mujer en una comunidad budista donde medita y escribe sin conexión a internet. Transmite honestidad, una imagen positiva, pero no hace concesiones. El generador de empatía que conecta sus historias con el lector vindica una forma de hacer y de entender la literatura desde un sentido muy claro de la libertad, la transgresión y la ética.

Licenciado en Ingeniería Geofísica, trabajó durante años en una explotación petrolífera en Sumatra, razón por la que llega "tarde" a esto. Más que un condicionante, supone una apertura, un escribir sin complejos, una ligereza respecto a la tradición, una libertad de prejuicios académicos que se plasma en la soltura con la que se desenvuelve en el género: la tecnología como foco de parodia y distopía a un paso de la realidad, muy en la línea de "Black Mirror", el abanico de personajes dislocados, que no saben hacia dónde disparar, y la extensión de los textos, en torno a las cincuenta páginas, lo que le permite aportar diferentes ángulos de visión, sobre todo en una doble dimensión de vida y muerte. Su experiencia budista le lleva a creer que la noción de quienes somos no varía mucho en el momento de la muerte, incluso después de ella. Los textos budistas inciden en que nuestra conciencia de nosotros mismos será tras la muerte mucho más poderosa y libre, con todas nuestras cualidades mentales ampliadas, por eso sus personajes se desenvuelven con total libertad entre ambos mundos.

Influido por la agilidad en el diálogo de Heminwgay, la vitalidad feroz de Isaak Bábel en "Relatos de Odessa", el entusiasmo de Toni Morrison, sus continuas lecturas de Wolff, Faulkner, Joyce, Carver y, sobre todo, los maestros rusos, con la profundidad de lo banal de Chéjov y la amplitud de gran angular propia de Tolstói, Saunders muestra su lado subversivo, transgresor, a través de otra influencia no menos significativa: los Monthy Python. En algún momento de sus inicios, consideró que para sentirse cómodo con su literatura debía ser gracioso. Hablamos de un humor de la calamidad, ese humor propio también de los Cohen, aplicado a seres humanos con valores como la bondad, la generosidad, pero en constante conflicto con un materialismo desenfrenado, personajes que admiten un estado lamentable de las cosas y se dan cuenta del coste de esa competitividad, porque no están adecuadamente equipados para manejar su vida. En ese sentido, George Saunders, tal como sugería Chéjov, no plantea soluciones al problema, sino que le basta con formularlo correctamente, porque cada cuento suyo recogido en esta selección alcanza todo su potencial sin concesiones y muestra que los finales felices no lo son tanto por el efecto sobre la vida de los personajes, como por la capacidad del escritor para llevar todas las fuerzas motores de la historia a su destino, al lugar que le corresponde a cada una. Cada vez que las luces se apagan, todo está en casa.

Cuentos escogidos

George Saunders

Traducción de Javier Calvo y Ben Clark

Seix Barral, 632 páginas, 24,70 euros

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