Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Regreso al futuro, de nuevo

"Vallekas 2084", la novela distópica de Alejandro M. Gallo

Alejandro M. Gallo.

Alejandro M. Gallo. / EP

M. S. Suárez Lafuente

En su última novela, Alejandro M. Gallo crea un mundo futurista que no es sino la deriva lógica de lo que estamos viviendo en el presente, contemplado a sesenta años vista. En un claro homenaje a George Orwell, Gallo sitúa su novela en 2084, justo un siglo después de la publicación del libro que fue considerado "política ficción" hasta que la denominación perdió su segundo término. No es de extrañar que se comentara hace unos días en la prensa que "1984", la novela de Orwell, está ahora prohibida en algunas escuelas estadounidenses, seguramente porque las autoridades temen que los escolares se den cuenta de que no es una novela futurista, sino que está describiendo la sociedad actual.

Gallo centra la acción alrededor de dos personajes: McRae, teniente coronel del ejército del New World, estacionado en "el antiguo Washington D.C, ahora renombrado Utopia 01AZ", y Da Costa, expolicía del cuerpo de seguridad del rey de la antigua España. McRae ha de encontrar a Da Costa, en paradero desconocido, el único superviviente, fugado, de un experimento para lograr el suero de la inmortalidad; la cúpula dirigente lo necesita para "sintetizar su sangre y comercializarla para beneficio de los poderosos", ya que solo así se aseguraría la continuación de la Nueva Realidad.

Mientras McRae nos va describiendo el mundo del cibercapitalismo, Da Costa busca en el nuevo Vallekas a su hija, que será ahora una sexagenaria frente a los eternos treinta y tantos de su progenitor. Vallekas es uno de los Estados Fallidos, demasiado rebelde para pertenecer a la Utopías, las ciudades donde todo el mundo es feliz.

La felicidad es el producto principal de las Utopías, y se publicita continuamente a través de los medios en grandes pantallas que siguen a la gente por doquier. La felicidad se vende en píldoras o se inyecta en vena, se asimila a lugares de vacación, a comidas o espectáculos que deben consumirse si se quiere ser tan feliz como el resto de los habitantes. Porque los puntales de la obediencia ciega son que tengamos todo el mundo el mismo aspecto, compremos lo que nos dicen que es bueno, y que ni se nos ocurra mantener pensamientos libres y autónomos.

McRae tiene una abuela de las de siempre, una Tata que se niega a ser colonizada por esa Nueva Realidad absurda, "de consumo extremo, comportamiento infantil, lenguaje ridículo y estupidez cultural", que aniquila cualquier rasgo personal y humano. La abuela, con sus sermones, hace dudar a McRae de lo que ve y le abre un resquicio de sana infelicidad y, por tanto, de indecisión.

Mientras tanto, Da Costa se acomoda en Vallekas, compara la situación actual con el Vallecas que recuerda y constata que el lugar de la utopía no es el mundo que vive al amparo de las Esferas físicas todopoderosas que impiden que los viruses penetren en su entorno y las ideas en las cabezas, sino que la esperanza de un futuro para la humanidad reside en el reducto vallecano, donde la gente se roza, protesta, se quiere y, en muchos momentos, se odia sanamente. Donde aún existe la muerte como fenómeno natural. El lenguaje de las Utopías se ajusta a la corrección política de la Ordenanza de Buenas Prácticas, que prohíbe todas las palabras que remarquen la diferencia o los sentimientos que los amos del mundo quieren desterrar. Da Costa nos recuerda la frase de Phillip K. Dick de que "si se puede poner en circulación suficiente desinformación, se puede abolir el contacto con la realidad de todo el mundo". Donald Trump, el "gran guía espiritual que había inaugurado la Edad de Oro" que condujo a la New Reality, casi lo consigue. Pero ahí están los personajes de Alejandro M. Gallo para servir de antídoto y salvar la cultura occidental.

Vallekas 2084

Alejandro M. Gallo

Reino de Cordelia

462 páginas, 24,65 euros

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents