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¿Por qué somos buenos o malos?

Según algunos estudios de psicología social, en una persona "buena" anida un posible depravado

El profesor  Philip Zimbardo.

El profesor Philip Zimbardo. / LNE

¿Por qué soy bueno o malo? O también: ¿cómo son posibles los torturadores, los exterminadores, los nazis, los genocidas y los fríos asesinos… al lado de los héroes y de las personas íntegras y nobles?

La respuesta que irrumpiría de inmediato, ingenua, sería porque hay personas de naturaleza bondadosa y sensible y otras de naturaleza depravada y sin escrúpulos. Y, sin duda, en alguna medida así es, pero ¿en qué medida?

Un experimento de psicología social conocido como EPS o Experimento de la Prisión de Stanford se propuso determinar en qué medida decide la persona y en qué otra las circunstancias. El profesor Philip Zimbardo (1933-2024) ideó confrontar las "fuerzas situacionales" frente a las "fuerzas disposicionales" del sujeto. Para ello seleccionó a dieciocho jóvenes (y algunos sustitutos más) universitarios sanos, normales y, en principio, equilibrados, que se presentaron voluntarios a cambio de un módico estipendio, y al azar les adjudicó a nueve las funciones de carceleros y a la otra mitad la condición de reclusos, para que durante dos semanas se dejaran estudiar, a través de tests, entrevistas, diario de experiencias, grabaciones de vídeo y de audio y de un seguimiento pormenorizado hora a hora de lo que allí iba sucediendo, en un sótano de las dependencias de la universidad de Palo Alto (Stanford), en California, acondicionado como cárcel.

Parecería que, puesto que se trataba de un experimento, muy poco tendrían que ver aquellos estudiantes con los carceleros y reclusos de una prisión real; sin embargo, bastaron pocos días –de hecho, en unas horas la transformación pasó a ser espectacular– para que los unos, en nombre de las normas y del orden, y los otros, en su papel de reclusos obedientes (aspirantes a la libertad condicional y a recibir visitas), se comportaran interiorizando totalmente su nueva condición, hasta el punto de que una buena proporción de carceleros destacó por su crueldad y, de su lado, la mayoría de los reclusos fueron insolidarios e inclinados a despreciar las reacciones de sus compañeros. Casi todos los carceleros rivalizaron entre sí en idear artimañas de dominio y sumisión, mientras los reclusos trataron de salvarse individualmente y fueron poco cooperativos entre ellos. En suma, los carceleros no se limitaron, en general, a guardar el orden, sino que se esforzaron por recrudecer su maldad, y los reclusos no se atuvieron solo al estricto cumplimiento de las normas porque, sin oponer apenas resistencia, casi todos asumieron el maltrato continuo y la obediencia a órdenes puramente vejatorias y arbitrarias. Hubo alguna excepción por la vía de la depresión, de la huelga de hambre o de la resistencia interior.

Aunque se trataba de un mero experimento con una brevedad prevista ¿cómo fue posible esta transformación tan rápida y sin una causa suficiente en apariencia? Y ¿cómo fue posible que hubiera de ser interrumpida la experiencia a los seis días, por los graves problemas éticos que surgieron?

Siguiendo la conclusión fundamental que extrae Zimbardo fue posible porque nuestro comportamiento guarda una estrecha relación con el poder "situacional", muy superior a lo que habitualmente se atribuye, relación que puede llegar a anular el poder de las cualidades de la personalidad de cada uno, de su presunta libre voluntad y de sus valores y principios. Todos en principio podemos ser buenos, pero en determinadas circunstancias y sometidos a lo que llama (sin contaminación teológica) el "efecto Lucifer", mediando tan solo un breve proceso, podemos fácilmente perder la humanidad. Se trata de un estudio de psicología social que sigue la pauta de Kurt Lewin, pionero en experimentos de diseño –que se suman a las meras observaciones sistemáticas de la "realidad" y a los estudios de campo–, y en él se intenta establecer teorías no solo para conocer al ser humano sino además para contribuir a los cambios sociales deseables, una vez detectada la influencia proveniente del sistema social. En el caso de Zimbardo, su estudio tuvo como propósito influir en la mejora de las prisiones reales, llegando a proponer una transformación radical del modelo carcelario. En el libro que comentamos relata con detalle los hallazgos del EPS ,pero además procede a establecer correlaciones con los escandalosos sucesos de las prisiones de Abu Ghraib (Irak) o Guantánamo. Aunque todos tenemos una buena cantidad de ejemplos más recientes.

Esta teoría –la influencia determinante del poder "situacional" sobre la conducta– establece también, por otra parte, resonancias con otras teorías psicológicas como la "identificación con el agresor" (de Anna Freud y de Bruno Bettelheim) o los "estudios sobre la obediencia y la conformidad" (de Stanley Milgram) o la "benevolencia atributiva" de Lee Rose, que defiende la pertinencia de atender a identificar la raíz del mal antes en los factores determinantes del contexto que en el autor del acto. Con todo, entender cómo suceden los acontecimientos no equivale, según Zimbardo, a restar importancia a la responsabilidad moral; todo lo contrario, de lo que se trata es de identificar los peligros situacionales y sus mecanismos para ganar en autonomía de acción.

El estudio de psicología social que este libro analiza con gran detalle abre vías de análisis filosóficos de calado, como la importancia que juega la "temporalidad", la "espacialidad" y la "subjetividad". No es lo mismo una temporalidad y una espacialidad habituales que un tiempo y un espacio recortados (laminados); es decir, un vivir encerrado y un estar sometido, a reaccionar ante peligros en inmediatez y en cadena, con un importante borrado del pasado y del futuro. Y, además, no está claro que se dé esa contraposición (supuesta sin más) entre la "subjetividad" (personalidad) y las "influencias externas", pues ¿no llegan continuamente muchas influencias externas a integrarse de hecho y a fundirse con el ego personal? Pero ¿cómo se conforma nuestra subjetividad? ¿Cómo son posibles los actos inhumanos junto a los éticos?

El efecto Lucifer. El porqué de la maldad

Philip Zimbardo

Paidós, 664 páginas 28,50 euros

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