Lejos de dónde
Claudio Magris rescata en "Cruz del Sur" las historias de tres personajes que existieron realmente, pero cuyas peripecias para reinventarse en el fin del mundo parecen de una cinta clásica de aventuras

Claudio Magris / Pablo García
El prestigio intelectual de Claudio Magris (Trieste, 1939) se debe, en buena medida, a su permanente interés en el desarraigo y la geografía espiritual de la cultura e historia centroeuropeas. En su ensayo "Lejos de dónde. Joseph Roth y la tradición hebraico-oriental" (Eunsa, 2002), aborda, a partir de la figura del autor de "Hotel Savoy", el tema del judío errante que inicia una diáspora en forma de huida de Oriente a Occidente. La anécdota que vertebra el libro ocurre entre dos judíos. Uno le pregunta al otro, que parte hacia América: "¿Te vas muy lejos?". Y este le contesta: "¿Lejos de dónde?"
Ese desarraigo histórico del pueblo judío no deja de ser en la obra de Magris un simbolismo de la condición humana contemporánea, sin puntos de referencia fiables. Los temas de sus novelas y ensayos interpelan a esa condición humana desde la premisa de que la realidad en la que vivimos no es unívoca y estática, sino cambiante, dotada de mil caras. Sus personajes están marcados por el ritmo secreto de una perpetua ilusión y desilusión de la vida. Y el telón de fondo es una búsqueda de absoluto y trascendencia que se aleja, a su vez, de las preguntas obvias y tópicas: "El ser humano contemporáneo está expuesto a su destrucción, en una precariedad y debilidad extremas, pero a la vez tiene una increíble capacidad de resistir, de ser fiel a sí mismo, a pesar de todo. Se vive al borde de la nada como si todo estuviera en su sitio".
Al borde de la nada se van los tres personajes reales que protagonizan "Cruz del Sur". Tres vidas verdaderas e improbables. Magris rescata las historias de tres personajes que existieron realmente, pero cuyas peripecias parecen de una cinta clásica de aventuras. Los tres decidieron marcharse al fin del mundo y allí se reinventaron con desigual fortuna. Pusieron rumbo a la Patagonia y la Araucanía, destinos marcados por la excentricidad y la generosidad a partes iguales.
A principios de siglo XX, Janez Benigar, lingüista y antropólogo esloveno, decide abandonar "eso que llamáis civilización" y embarca al otro confín del mundo en busca de lenguas recónditas pero, sobre todo, en busca de la persuasión, la auténtica vida vivida como un absoluto en cada instante, sin quemarse en esa ansiosa carrera hacia el futuro de la civilización occidental. Un profesor mitteleuropeo bajo el poncho y el sombrero que dedica años de estudio a la lengua araucana y escribe libros como "La Patagonia rebelde" y "La Patagonia piensa" para denunciar las injusticias y la violencia que padecen los indios, a quienes siente que pertenece. Benigar no es un revolucionario, no le gustan los cambios repentinos, aboga y lucha por los pequeños pasos cotidianos, las reformas locales, sin cansarse nunca de denunciar la violencia colonialista y capitalista que borra las identidades y las culturas. Un hombre de aplomo distante y al mismo tiempo amable que murió sentado en su casa, tan lejos de donde nació.
El segundo personaje es Orélie-Antoine de Tounens, un abogado francés con tendencia al delirio, que se autoproclamó rey de la Araucanía y lideró su lucha por la libertad. Soñó con devolver la libertad y la grandeza a la Araucanía, que había opuesto una resistencia indomable a los incas y, más tarde, a los colonos españoles. Oriéle es un aventurero del siglo XIX, un héroe de melodrama, propenso al patetismo y los grandes gestos, se deja crecer la barba y el pelo, lleva poncho, coloca un sable en la montura de su caballo.
Finalmente, la religiosa piamontesa Angela Vallese, a la que confundieron con un pingüino a su llegada, a finales del siglo XIX, y que trabajó con las manos, el cerebro y el corazón para detener la extinción progresiva de los nativos de la "bendita Tierra de Fuego", sin permitir que el dolor por lo inevitable ofuscara la alegría de ayudarlos y de hacer suyo el destino de ellos, como así fue.
Seguramente los dos últimos estarían de acuerdo con Benigar cuando decía, refiriéndose a sus méritos, que no es el individuo lo que importa, sino su trabajo, lo que realmente ha hecho y deja en herencia. En este caso, los límites de la experiencia humana, los sueños y realidades, los delirios y las verdades. Como ya nos recordaba Magris en su célebre "Utopía y desencanto", desde que carecemos de un referente absoluto por haberlo exiliado de nuestra vida, toda cosmovisión estable, todo centro en torno al cual articulábamos nuestra racionalidad, ya no funciona. Hay que ir más allá de la parálisis del desencanto, correr el riesgo de abrirnos a lo ignoto, afirmar los valores que nos permiten la movilidad y la incesante reinterpretación de nosotros mismos. En eso, más o menos, han consistido estas tres vidas: "La Utopía y el Desencanto van unidos: debemos ser conscientes de que Dulcinea no es Dulcinea sino Aldonza. Pero debemos pensar al mismo tiempo que Aldonza podría ser Dulcinea".

Cruz del Sur / Tres vidas verdaderas e improbables
Claudio Magris
Traducción de Pilar González Rodríguez
Anagrama, 160 páginas 19,90 euros
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