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Leyendo con los cinco sentidos

"La marca en la pared" reúne siete relatos de Virginia Woolf, entre ellos los sobresalientes "Kew Gardens" y "La señora Dalloway en Bond Street"

Virginia Woolf

Virginia Woolf / Pablo García

M. S. Suárez Lafuente

El pasado 28 de marzo hizo ochenta y cinco años que Virginia Woolf (1882-1941) se ahogó en el río inglés Ouse, aquejada de la angustia que le producían los horrores de otra guerra y la constatación de la irremediable autodestrucción de la especie humana. Woolf, eje del Grupo de Bloomsbury, que tanto arte y pensamiento dispensó a la historia, dejó tras de sí una extensa obra en forma de novelas, relatos, obras de teatro, ensayos, artículos de prensa, diarios y cartas. Su medio centenar de relatos breves, ahora ya sin derechos de autora, se prestan a ser traducidos de nuevo y a publicarse por agrupaciones atendiendo a su temática o a la perspectiva de quien edita la colección.

Esta vez nos llegan siete cuentos, reunidos en torno al relato "La marca en la pared". En esta colección destacan dos relatos o novelettes de juventud, escritos en 1892, cuando la autora tenía diez años, divididos en capítulos muy breves, relatos que no fueron fáciles de conseguir traducidos al español: "Las aventuras agrícolas de un cockney" y "Las aventuras de un padre de familia". El libro contiene también "Una casa encantada" (1921), "El vestido nuevo" (1924) y dos relatos más que aparecen generalmente en las antologías debido a que encapsulan los aspectos más característicos de la escritura de Woolf: "Kew Gardens" y "La señora Dalloway en Bond Street" de 1919 y 1923, respectivamente.

Como su título indica, "La señora Dalloway en Bond Street" hace alusión a lo que va a constituir su novela "Mrs. Dalloway", publicada en 1925. De hecho, es la presentación de su personaje central, una mujer sensible, alerta a su entorno, pero condenada al ocio debido a la clase social a la que pertenece. Su paseo matutino por Londres, camino de la floristería donde va a encargar los bouquets para una fiesta, se convierte él mismo en una fiesta: en unos pocos párrafos Woolf condensa el ambiente de la calle Bond, registra los sonidos, la frescura del aire, los diferentes olores de la ciudad, las diferentes actividades de sus habitantes, el aspecto de las tiendas, de las casas y de las gentes. Woolf es fiel a la teoría modernista de que para construir buena literatura, tanto al escribir como al leer, hemos de poner todos los sentidos a trabajar.

La razón es que son los sentidos, abiertos al presente, los que activan la memoria y nos retrotraen a experiencias pasadas; así Mrs. Dalloway recuerda su infancia, a su padre, a su casa familiar y también los hechos históricos que conoció o sobre los que leyó y que le sirvieron de telón de fondo; recuerda, entre otros, a la Reina Victoria al ver su estatua, o África del Sur y la guerra de los Boers por inferencia. Leer este relato es como contemplar una pintura de los Brueghel, en la que todos los detalles son indispensables para apreciar el conjunto en toda su magnitud.

"Kew Gardens" (1919) sigue unas líneas narrativas semejantes. Los jardines de Kew son el pretexto para una historia sencilla que se desarrolla en medio de una explosión de olores y colores florales… y memorias. Porque "¿Quién no piensa en el pasado en un jardín? [...] Donde los fantasmas de las personas que fueron parte de nuestra vida reposan tranquilamente sobre la hierba y constituyen ‘nuestra felicidad, nuestra realidad’". El arriate de flores, impertérritas en su esplendor, ve pasar a unas personas tras otras, solas algunas, otras en pareja, también familias, cada cual con su historia y sus recuerdos.

Cualquier detalle, cualquier objeto le basta a Woolf para despertar sus sentidos, su memoria y su imaginación, de ahí que sea un acierto titular esta colección "La marca en la pared", pues su historia homónima, escrita en 1917, comprende todas las intenciones literarias de su autora y su resolución práctica, así como su opinión sobre los acontecimientos del momento en que estaba escribiendo: "Maldita guerra. ¡Que Dios la maldiga!".

La marca en la pared

Virginia Woolf

Traducciones de Ainize Salaberri, Magdalena Palmer y Colectivo Woolf BdL

Prólogo de Antonio Muñoz Molina

Nórdica, 108 páginas 17,50 euros

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