Un libro incómodo
Benito Arruñada se basa en la relación permanente y estrecha entre lo político y lo económico para elaborar uno de los análisis más lúcidos de la política española en "La culpa es nuestra"

Benito Arruñada. / PIM
Sostiene Benito Arruñada, uno de nuestros economistas más brillantes, profesor hace tiempo en la universidad asturiana y ahora de la Pompeu Fabra, que en España se aplican políticas de diseño deficiente, acomodaticias e inconvenientes, que nos conducen por un camino equivocado y presagian un pequeño gran desastre inminente. En este dictamen no hay novedad. El sector de la opinión económica autodefinido como liberal mantiene esa visión con actitud a veces apodíctica y siempre beligerante. Pero Arruñada va más allá. En su análisis, reduce la importancia de la clase política, en el sentido más abarcador del término, y eleva, hasta sobrestimar en alguna medida, el protagonismo de los ciudadanos en la producción de mala política. El problema, argumenta, estriba en que los políticos, mediocres y complacientes, secundan en sus decisiones las preferencias de los votantes, que están desinformados, atienden al deseo de tener una satisfacción inmediata y son inconsistentes. Dado el escaso interés por la política que muestran los españoles, deduce Arruñada, no cabe esperar otra cosa.
De ahí el título punzante y un tanto hiperbólico. En las páginas finales del libro, Arruñada retrocede precavidamente en su acusación y admite que los ciudadanos, las instituciones y las políticas se enredan en un círculo vicioso, en el que resulta imposible señalar con claridad el principio y el fin, una causa y una consecuencia. Determinar si la cultura política de la ciudadanía moldea las reglas y perfila la actuación de un gobierno o está ahormada por ellas parece un empeño inútil. Es un hecho probado la influencia mutua, aunque en ocasiones se presente notablemente desequilibrada. El poder es el poder. Lo que confiere a este libro un extraordinario valor es que pone al españolito medio ante el espejo para contarle una verdad incómoda sobre su compostura cívica. Y no vacila en dejarlo en evidencia, mediante la introspección o bien comparándolo con el ciudadano común europeo.
En todos estos años, muy pocos intelectuales, entre ellos Víctor Pérez Díaz, citado en el libro, han atribuido a los ciudadanos siquiera una mínima responsabilidad en la parte de desgobierno, que diría Alejandro Nieto, habida en nuestra gestión pública. Arruñada relega a políticos, ley electoral y operadores institucionales a un segundo plano. Formula la crítica quizá más demoledora del elitismo que ve en el rol histórico asumido por Ortega y Gasset, manifiesta total disconformidad con el regeneracionismo paternalista y desdeña la tradición del arbitrismo, tan arraigado en España que después de medio siglo de democracia aún colea. La solución al monumental problema político de nuestro tiempo tampoco vendrá del populismo ni de la tecnocracia. Arruñada apunta a los ciudadanos directa y fijamente. La esperanza, concluye, está en ciudadanos informados y formados, implicados y responsables.
Aunque la realidad se inclina por darle la razón a Arruñada, la cuestión es cómo crear ese ciudadano adulto e íntegro. El panorama es desalentador. La confianza en las instituciones y sobre todo en los políticos está por los suelos, cierto es que no siempre con todo merecimiento, y para colmo en torno a la mitad de los electores españoles se han desentendido de la política, de manera que ni le prestan atención. El libro de Arruñada incita a hacernos cargo, si de verdad queremos vivir en una sociedad próspera. Constata con datos los efectos que las decisiones políticas tienen en nuestra particular vida cotidiana. Evalúa las políticas fiscales, educativa, de vivienda y otras puestas en práctica durante décadas. Arruñada se basa en la relación permanente y estrecha que hay entre la política y la economía para elaborar uno de los análisis más lúcidos de la política española. Este es un libro incómodo, incluso desasosegante, pero imprescindible en la biblioteca de cualquiera que se proponga ser un ciudadano virtuoso, como el que echa de menos Arruñada. Cuando ese ciudadano pueble por completo nuestro país, tendremos que debatir la proporción de estado y de mercado que queremos.

La culpa es nuestra
Benito Arruñada
La Esfera de los Libros, 510 páginas 25 euros
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