Lorenzo Lunar y la Nueva Novela Negra Cubana
El autor, referente de la escuela que lidera Padura, cruza, en "Cobre en la sangre", el thriller y la historia del movimiento obrero en la cuenca minera onubense

Lorenzo Lunar. / Mara Villamuza
Alejandro M. Gallo
La literatura policial hispanoamericana tiene características que la diferencian de la europea y la norteamericana. Las principales son que el enigma pierde interés frente a la cuestión social; el quién queda subordinado al por qué, y el héroe deja de ser un policía o un detective privado y es sustituido por cualquier ciudadano en busca de la verdad.
La novela negra cubana, nacida en 1926 con la obra colectiva "Fantoches", se distanciaba de esa clasificación porque sus protagonistas eran agentes de la ley. Al género se sumaron escritores de relieve, como Daniel Chavarría o Justo Vasco, que incluso escribieron piezas a cuatro manos como "Completo Camagüey" (1983) y "Primero Muerto" (1986). A partir de la Revolución del 59, las novelas se impregnaron del idealismo comunista, de la imagen de Cuba como paraíso del tabaco, el ron y las playas, el héroe fue colectivo y perfecta la seguridad en la isla. Después del colapso de la URSS en 1990, las tramas cambiaron y "Pasado perfecto" (1991), de Leonardo Padura, marcó el punto de inflexión.
Desde entonces se ha forjado una literatura policial cubana autóctona, denominada Nueva Novela Negra Cubana, conocida por su acrónimo NNNC. En ella se muestra la realidad cubana lejos de la propaganda del régimen y su estética rígida, y se abordan temas considerados tabú, como la guerra de Angola, donde murieron tres mil soldados cubanos, el colapso del "socialismo realmente existente", la homosexualidad, el jineterismo y el éxodo.
Además, el héroe ha dejado de ser colectivo y perfecto; aparecen personajes novedosos, como el asesino en serie o el narcotraficante, y las diferentes caras de la realidad social. Se introducen juegos literarios y el punto de vista del otro. En conclusión: se elimina la autocensura, las páginas se llenan de desencanto y los autores prescinden de recomendar soluciones.
Leonardo Padura es el referente máximo de la NNNC, junto a Vladimir Hernández y Amir Valle. A este grupo se une Lorenzo Lunar (Santa Clara, 1958), al que conocimos por obras multipremiadas como "Que en vez de infierno encuentres gloria" o "Usted es la culpable". Ahora, ha ganado el XIX Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial, con "Cobre en la sangre", donde cruza el thriller y la historia del movimiento obrero en la cuenca minera onubense de Minas de Riotinto.
La novela está ambientada a finales del siglo XIX y principios del XX, con la crudeza de la explotación por parte de la Rio Tinto Company Limited. Se muestra también cómo el Ejército reprimía cualquier movimiento de protesta, como el 4 de febrero de 1888 –la Noche de los Tiros–, cuando dispararon contra 14.000 personas, con el resultado de 48 víctimas. Esas protestas seguirán hasta la huelga general de 1913, contada en la novela por Félix Lunar, uno de sus lideres.
Así, "Cobre en la sangre" se convierten en las memorias de ese líder obrero, un hombre de carácter fuerte e impulsivo, con necesidad de superación, que renuncia a su estabilidad emocional y familiar para entregarse a la lucha desde que pisa por primera vez la cuenca minera y comienza su educación en el Casino Republicano, con todas las lecturas que le fueron posibles y los consejos de Miguel Lobo, boticario de Aroche. "Comprendí entonces por qué, a lo largo de la historia, los poderosos habían hecho hogueras con las bibliotecas cuando veían en crisis sus ideas de dominación" (p. 24); así reflexionaba sobre esa época.
La entrega a la lucha por la igualdad y contra los abusos definirán sus acciones: "Pasé toda mi infinita vida haciendo y deshaciendo mis maletas. Tropecé con nuevas huelgas, nuevas protestas, nuevas rebeliones, con patrones insolventes, con hombres que se sentían superiores por ser nativos, ignorando que la verdadera patria es la humanidad" (p. 235).
La novela está atravesada por el sueño de Félix Lunar: asesinar al dueño de la empresa y a los sindicalistas que se corrompieron. El dueño será representado por W. J. Browning, un sátrapa inglés que administraba la mina y humillaba a diario a los trabajadores obligándolos a saludar un balón de futbol, símbolo de la supremacía inglesa. Es, pues, una excelente recreación, teñida del color del cobre y la sangre, del panorama social y de las luchas obreras en Minas de Riotinto a principios del siglo XX.

Cobre en la sangre
Lorenzo Lunar
Clandestina 240 páginas, 20 euros
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